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    Crítica | A Night of Knowing Nothing

    Solo otro fin del mundo

    Crítica ★★★★☆ de «A Night of Knowing Nothing», de Payal Kapadia.

    India, Francia, 2021. Directora: Payal Kapadia. Guion: Payal Kapadia, Himanshu Prajapati. Productores: Thomas Hakim, Julien Graff, Ranabir Das. Producción: Petit Chaos, Another Birth. Montaje: Ranabir Das. Fotografía: Ranabir Das. Reparto: Bhumisuta Das. Duración: 95 minutos.

    «El autor cinematográfico no posee un diccionario sino una posibilidad infinita: no toma sus signos (im–signos) de la caja, del cofre, del bagaje, sino del caos, donde todo cuanto existe son meras posibilidades o sombras de comunicación mecánica y onírica».
    Pier Paolo Pasolini.

    Solo un baile puede decir lo que pasó en India. Morir en India parece una consecuencia de la tiranía del tiempo sobre una historia indiferente. Protestas aplacadas durante décadas y el sistema de castas determinando que la vida es una experiencia de clase aniquiladora. Cuerpos jóvenes que bailan mientras esperan que alguien los mire como si no fueran una enfermedad: ser joven en India es asesinar la Historia y cavar la propia tumba para el olvido que vendrá. Esos cuerpos jóvenes que bailan fueron golpeados por coreografías de poder, clasismo y nacionalismo a lo largo de décadas. Cuerpos apaleados de periodistas que denunciaron el nacionalismo hindú, mujeres violadas, chicos destrozados por consumir ternera y estudiantes de cine encarcelados por buscar imágenes alternativas.

    A Night of Knowing Nothing es la ópera prima que siempre debería ser: llena de enfado, con imágenes políticas y la visceralidad de la rabia de quien quiere desbordarse y hablar de lo que le importa. Esta película es un videoensayo que fluctúa entre lo verídico, lo soñado y lo lamentado. Porque las cartas que Payal Kapadia pone en imágenes correspondieron a una estudiante universitaria, pero su forma de expandir la conciencia biográfica hacia la reflexión histórica habla de una cineasta que sabe que experimentar es una cuestión de fallar en todo lo posible para acertar con lo imposible, es decir, con la ambición de representar todas esas imágenes personales que se creen intraducibles. Las cartas narradas se transcriben en material de archivo, texturas oníricas que brillan como pequeñas estrellas rutilantes en celuloide e insertos que duelen en la medida en la que ponen en escena una juventud decidida a inmolarse para no ser olvidada.

    En la película de Kapadia la joven estudiante lamenta a su amante, quizá el motor dramático más universal. Ese lamento recorre décadas en la historia del país sin temor a hablar de la violencia institucional, el salvaje determinismo y los mecanismos de opresión. Porque quien ha amado, ¿a qué puede tener miedo? De ahí que las imágenes tengan una cualidad kamikaze, desgarradora y libre a medida que se sumen en un duermevela que a veces se grita en secuencias elaboradas, se susurra en pequeños fragmentos filmados y se declama en forma de tragedia que parece primitiva por su hondura universal. La miseria tiene algo de épico porque nunca parece tener una voluntad propia, sino que es arrastrada y violentada por la historia oficial, y desvelar esa miseria de los marginados se convierte en una elección política que Kapadia sabe gestionar con una adecuada cantidad de ira y descontento.

    A Night of Knowing Nothing, Payal Kapadia.
    Revoluciones permanentes de la 18ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

    «A Night of Knowing Nothing es la ópera prima que siempre debería ser: llena de enfado, con imágenes políticas y la visceralidad de la rabia de quien quiere desbordarse y hablar de lo que le importa. Esta película es un videoensayo que fluctúa entre lo verídico, lo soñado y lo lamentado».


    Naturalmente, A Night of Knowing Nothing es un ejercicio de intelectualismo: un cine que piensa su condición, sus límites y sus limitaciones. Por eso, la película interroga constantemente sus resortes narrativos oscilando entre la epístola filmada, el lirismo de la foto fija y la contemplación penosa del cine observacional. A través de esta amalgama de dispositivos formales se construye una dialéctica de las formas, un patrón de lenguajes al servicio de ese cine de poesía elucidado por Pasolini. Se asiste a lo que el italiano denominaría un montaje de la subjetividad de la imagen en la que el estilo indirecto libre —el monólogo de la narradora que casi suena a lamento de Gilgamesh — muestra la irracionalidad de la visión exterior del mundo en permanente choque con la racionalidad desesperada de la visión interior de la narradora-directora. Un horizonte mítico que, como ya hacía el propio Pasolini en La rabia (1963), intenta mostrar un mundo en crisis contra el que solo sabe una guerra de comportamientos y representaciones; el poder, ya lo saben, siempre se recrea a sí mismo de la misma manera. Por momentos, los ecos de Pasolini están presentes gracias a la manera en la que Kapadia cuenta la historia alternativa de lo que Hammar llamó denizens, esos ciudadanos a los que se les niega el derecho a ser ciudadanos.

    Con todo, A Night of Knowing Nothing se erige en un videoensayo de rabia, político y descontento. Solo el baile aparece liberar a unos jóvenes cansados de intenta resignificarse. La joven universitaria ya no será tan joven. Su juventud siempre parecía ir un año más adelantada. Ahora es vieja: su espalda ya nunca recta. Perdió su risa lejos de aquí y con cada nuevo día la sangre encuentra algún nuevo agujero para deslizarse. Quedándose seca de todo, olvidó que el silencio nunca le dijo nada. Solo vivió otro fin del mundo.


    Javier Acevedo Nieto |
    © Revista EAM / 18ª edición del Festival de Sevilla


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