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    Crítica | Antes de la quema

    El embrollo del chirigotero

    Crítica ★★★☆☆ de «Antes de la quema», de Fernando Colomo.

    España, 2019. Título original: «Antes de la quema». Presentación: Festival de Málaga 2019. Dirección: Fernando Colomo. Guion: Fernando Colomo y Javier Jauregui. Productoras: Canal Sur Televisión / La Mirada Oblicua / La Quema Movie / La fiesta producciones / RTVE / Sangam Films / Súper 8 Producción. Fotografía: Juan Hernández. Montaje: Ana Álvarez Ossorio. Música: Antonio Carmona y Fernando Furones. Dirección artística: Antonio Estrada. Vestuario: Vicente Ruiz. Reparto: Salva Reina, Manuela Velasco, Joaquín Núñez, Maggie Civantos, María Alfonsa Rosso, Manuel Manquiña. Duración: 100 minutos.

    En Andalucía han enraizado especialmente algunas de las celebraciones más características de nuestra cultura, como el flamenco o las procesiones, y el cine se ha hecho eco de ello. Sobre todo se ha visto esto último con un toque de humor en películas como El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012) o Mi pequeña cofradía (Marta Díaz, 2018), donde la idiosincrasia andaluza daba rienda suelta a las situaciones más paródicas aunque sin traicionar la esencia de estos acontecimientos. En concreto, el hilo de la cinta de Marta Díaz puede percibirse en el último trabajo de Fernando Colomo, aunque este sea un director mucho más experimentado, y su foco de atención sea ahora el carnaval de Cádiz, otro hito de nuestra cultura popular y el interés turístico de nuestro país. La fiesta gaditana abarca multitud de actividades, y en particular destaca su concurso oficial de agrupaciones carnavalescas. Este tiene lugar en el teatro Falla y cuenta con cuatro modalidades: coros, comparsas, chirigotas y cuartetos. Y más precisamente las chirigotas se caracterizan por la actuación de una banda, con melodías típicas y no excesivamente elaboradas, pues más allá del atuendo y el decorado lo más destacable de la representación es la letra. Esta aborda con ironía, de forma más o menos políticamente (in)correcta, situaciones o sucesos relevantes de la actualidad, o simplemente manifiesta su amor por la ciudad y el carnaval. Esto último se ha presentado incluso bajo forma de rap, como en la final del concurso de este año.

    Antes de la quema es fiel a esta tradición pero se estructura naturalmente como una ficción, por lo que el grupo al que pertenece el protagonista y la actuación que llevan a cabo (sobre el consumo de drogas) son los imaginados en el libreto. De hecho el carnaval y el consiguiente espectáculo sirven antes como subtrama o marco en el que se mueve la trama principal: se trata de un robo en el que se ve implicado nuestro héroe Quique (Salva Reina), debido a su trabajo de operario de limpieza en el almacén donde la policía guarda la droga incautada a los narcotraficantes antes de su quema (de ahí el título de la película). El mecenas del evento, apodado El Tuti (Joaquín Núñez), tiene conexiones con un cartel colombiano y un delincuente gallego, que es quien organiza la operación. Entre sus miembros encontramos en particular a la chica que interpreta Manuela Velasco, Rosario, que inicia una relación con el protagonista pero que en realidad parece bastante accesoria en el desarrollo del relato. En consecuencia es criticable que el mismo esté estructurado a partir de una confesión en vídeo que él le hace a ella tiempo después del carnaval y el robo, a modo de guía de lo que ha pasado, pues el propio envío del archivo que contiene el vídeo no tiene mucho sentido y parece un recurso gratuito para facilitar la exposición de una historia que podría prescindir de ello totalmente. Lo único adicional que aporta esta estructura son dos momentos de metalingüismo que sin ella no tendrían sentido. El primero es aquel en que El Tuti le adelanta a Quique su implicación en el citado robo, y de repente todo él se paraliza como si efectivamente estuviéramos asistiendo a una grabación, rebobina y oímos las palabras que realmente quería pronunciar o estaba pensando, en un curioso guiño a la forma de hablar del enano de Twin Peaks. El otro momento es una reconstrucción previa del robo en que el jefe de la banda se dirige a cámara para ello, exponiendo sus diferentes pasos no solo a sus compañeros sino al espectador, pero también resulta algo ajena al estilo del resto de la película.

    «Estamos ante una comedia que funciona muy bien porque sabe lo que quiere contar y cómo contarlo para ganarse las carcajadas del público o al menos su sonrisa cómplice, sin mayores pretensiones».


    Y es que esta basa su fuerza, más allá del interés o suspense que pueda suscitar su conflicto externo, en la chispa y la química que desprenden sus intérpretes. Son elementos con frecuencia primarios pero aquí muy eficaces, apoyados en diálogos con mucho ritmo, en apariencia improvisados pero que siempre dan cabida a chistes, dobles entendidos y un gran trabajo de subtexto, aprovechando igualmente el carisma de quienes los pronuncian. No harían falta por tanto otros elementos exógenos, desligados un tanto del discurrir natural de la historia y que realmente no aportan nada a la misma. Por lo demás está rodada con oficio, dejando a cada secuencia el tiempo necesario para funcionar armónicamente, hilando una con otra con fluidez y descansando en una puesta en escena sin grandes alardes pero suficientemente elegante. En realidad la técnica es lo de menos en una cinta cuyo primer interés reside como decíamos en sus personajes y las situaciones que sobrellevan, incluyendo algunas muy divertidas como cuando Quique tiene que colocar un dispositivo rastreador debajo de un camión que tienen que seguir, o cuando invita a Rosario a su piso y aparece posteriormente la hermana de aquel, Meme (Maggie Civantos), otro personaje que añadir a la colección de alivios cómicos. De hecho las acciones no buscan tanto el efecto hilarante, supuestamente derivado de gags burdos, sino que funcionan por acumulación, pretendiendo hacernos reír gracias a algunos comentarios o a la progresión a priori muy verosímil pero en el fondo absurda de muchas de estas escenas. Estamos en definitiva ante una comedia que funciona muy bien porque sabe lo que quiere contar y cómo contarlo para ganarse las carcajadas del público o al menos su sonrisa cómplice, sin mayores pretensiones. Por ello ganó el premio del público tras su paso por el Festival de Málaga, y por la misma razón debería ser un éxito de taquilla cuando se estrene en nuestras salas | ★★★☆☆


    Ignacio Navarro Mejía
    © Revista EAM / Madrid


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