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    Crítica | Miss Stevens

    La inmadurez y otras imperfecciones

    Crítica ★★★★ de Miss Stevens (Julia Hart, Estados Unidos, 2016).

    Quien piensa que la madurez emocional se alcanza solo al cumplir años no puede estar más equivocado. Está demostrado que hay jóvenes con la suficiente identidad, independencia y una capacidad de distinguir entre razón y emoción que les hace fuertes para sobrellevar cualquier contratiempo de la vida y, por el contrario, otras personas de más edad no han logrado construirse una personalidad preparada para aceptar responsabilidades importantes o relacionarse con la gente de su entorno de igual a igual, sin tener que adoptar forzados roles de padre o hijo para sentirse más realizadas. Julia Hart debuta en la dirección con Miss Stevens (2016), una pequeña e íntima cinta que también ha coescrito junto a Jordan Horowitz, productor de la exitosa La La Land (Damien Chazelle, 2016) y que habla precisamente de esto: lo difícil que resulta, a veces, la búsqueda de uno mismo hasta acariciar la tan necesaria madurez y nuestro lugar en el mundo. Para ello, los guionistas han creado un personaje femenino cargado de pequeños matices que le hacen cercano y perfectamente identificable; el de Rachel Stevens, esta joven e imperfecta profesora de inglés de secundaria que ha supuesto para Lily Rabe una oportunidad de oro para lucirse en un papel protagonista tras quince años ejerciendo de secundaria poco destacada en producciones, tanto en cine como en televisión, de toda índole. La actriz es, sin duda, el alma de la película y el gran descubrimiento que muchos nos llevaremos tras su reconfortante visionado, gracias a una interpretación desbordante de carisma y contención, de esas que traspasan la pantalla a pesar del hermetismo inicial de su personaje, propio de alguien que no quiere dejarse conocer en profundidad por los demás para que no le puedan herir. No es, tal vez, el ejemplo que deberían seguir sus alumnos. Fuma a escondidas, dice tacos y es irresponsable. Al fin y al cabo, a sus 29 años, la diferencia generacional con ellos no es tan insondable.

    Miss Stevens no es una gran historia. Más bien es lo que solemos llamar un retazo de la vida plasmado en la pantalla. La película solo nos va a hacer partícipes de un fin de semana en el que la docente tendrá que llevar a tres alumnos, de viaje por carretera, a un concurso de teatro. Dos días de estrecha convivencia entre esta Rachel Stevens que juega a ser útil a los demás, tratando de protegerles cuando ella misma está cargada de inseguridades y carencias afectivas, y tres jóvenes de personalidades bien dispares, que sirven para que estrechen su relación y establezcan unos lazos entre ellos que serán difíciles de romper. Ahí tenemos a Margot (Lili Reinhart), una chica exigente y perfeccionista que, desde el primer momento, parece llevar la voz cantante para que todo resulte como estaba proyectado; a Sam (Anthony Quintal), el más extrovertido y enamoradizo del grupo, que aprovecha la escapada para socializar con otros chicos; y, sobre todo, a Billy (Timothée Chalamet), un chico con fama de problemático, diagnosticado de trastornos de personalidad que hacen que tenga que estar la mayor parte del tiempo bajo medicación para poder llevar una vida normal. Más allá de la competición que sirve de excusa a su viaje (físico y, finalmente, también emocional), los cuatro compañeros de fatiga acaban viviendo una experiencia en la que la señorita Stevens descubrirá que ella también necesita dejarse ayudar. Y, aunque resulte contradictorio, es el personaje de Billy, el en teoría "menos cuerdo", quien le hace ver que no puede pasarse la vida con una coraza con la que no se permita sentir. Al fin y al cabo, ambos son espíritus solitarios coartados por diferentes circunstancias. Ella por su temor a mostrarse tal cual es y él por esas pastillas de las que se siente esclavo y, por ello, aspira a dejar de tomar. La especial relación que se establece entre ambos (está clara la fascinación que el chico siente hacia la maestra) es abordada con una delicadeza y una elegancia que, en manos más torpes, podría haber incurrido con facilidad en la obviedad.



    «Que el Sister Golden Hair de America forme parte importante de la banda sonora de tan encantador viaje no es más que otro aliciente dentro de una película tan modesta en las formas como generosa a la hora de remover emociones e invitar a la reflexión».


    Miss Stevens es de ese tipo de cintas en las que parece que no sucede nada demasiado relevante pero que, tras acabar la proyección, dejan poso en el espectador y esa satisfactoria sensación de haber sido partícipes de una historia cargada de franqueza y humanidad. Los diálogos, en apariencia superfluos en muchos momentos, se van metiendo debajo de la piel de sus personajes y haciendo que estos se vayan abriendo en canal ante nosotros, con sus virtudes y, sobre todo, sus defectos, haciendo que acabemos encariñándonos de ellos irremediablemente. Es imposible no desear que la señorita Stevens termine encontrando a una persona que la ame y que la valore más allá de esas aventuras de una noche habituales con las que intenta cubrir su vacío sentimental. Queremos que Margot sea capaz de superar su miedo escénico y encandile al jurado con un recital interpretativo que, sin duda, se habrá preparado hasta el mínimo detalle, y que a Sam le vaya bien con ese nuevo ligue con el que ha intercambiado teléfonos. Pero, sobre todo, imploramos que Billy -en este sensacional trabajo, acometido inmediatamente antes de conquistar el mundo con su magistral actuación como el Elio de Call Me By Your Name (Luca Guadagnino, 2017), Timothée Chalamet ya dio muestras de una enorme versatilidad como actor, sobre todo, en un desgarrador momento en el que se enfrenta a un monólogo sobre el escenario- pueda ser capaz de dejar atrás sus problemas mentales y ser ese muchacho entusiasta, talentoso y con el don único de saber escuchar a los demás, sin necesidad de depender de una medicación que controle sus compulsivos arrebatos. Por desgracia, si algo nos enseña el filme de Hart es que la vida no es un camino de rosas en el que los sueños se cumplen con facilidad, siendo, a pesar de sus elementos amargos y la melancolía que destilan sus personajes principales, una obra positiva y de tono amable, que enseña que la autoaceptación es la más efectiva medicina para luchar contra los envites de la vida. Que el Sister Golden Hair de America forme parte importante de la banda sonora de tan encantador viaje no es más que otro aliciente dentro de una película tan modesta en las formas como generosa a la hora de remover emociones e invitar a la reflexión. Sin duda alguna, una minúscula perla por descubrir dentro de un océano de mediocridad y adocenamiento. | ★★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: Miss Stevens. Director: Julia Hart. Guion: Julia Hart, Jordan Horowitz. Productores: Michael B. Clark, Gary Gilbert, Jordan Horowitz, Alex Turtletaub. Productoras: Beachside Films / Gilbert Films / Original Headquarters. Fotografía: Sebastian Winterø. Música: Rob Simonsen. Montaje: Lee Haugen, Amy McGrath. Diseño de producción: Cindy Chao, Michele Yu. Reparto: Lily Rabe, Timothée Chalamet, Lili Reinhart, Anthony Quintal, Rob Huebel, Oscar Nuñez, Larry Bam Hall.


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