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    Crítica | La gran enfermedad del amor

    Cómo conocí a mi esposa

    Crítica ★★★★ de «La gran enfermedad del amor» (The Big Sick, Michael Showalter, Estados Unidos, 2017).

    Cuando parecía que la comedia romántica estadounidense del modelo “chico conoce a chica”, se enamoran, superan todos los obstáculos que la vida les pone y acaban felices, se había extinguido ante la falta de nuevas ideas, llega La gran enfermedad del amor (2017) y le insufla una bocanada de aire fresco. El realizador Michael Showalter, principalmente curtido en series de televisión y cuyo trabajo cinematográfico más destacado hasta la fecha había sido ese vehículo para lucimiento de la estupenda Sally Field que fue Hello, My Name is Doris (2015), ha sido el encargado de plasmar en imágenes un guion de Kumail Nanjiani y Emily V. Gordon basado en su su propia experiencia como pareja. En efecto, la película expone, de forma humorística, cómo el cómico paquistaní, conocido por su papel en la serie Silicon Valley, conoció a su futura esposa durante una actuación en el local de Chicago donde realiza sus monólogos. La química entre Kumail y Emily, una joven estudiante de psicología, es, desde el primer instante, más que evidente, y acaban viviendo una noche de pasión. Lo que podría haberse quedado en una simple atracción, acaba transformándose en amor verdadero, algo que se convierte en un problema para el chico, proveniente de una familia inmigrante paquistaní de lo más tradicional, con una madre que organiza cenas con diferentes chicas casaderas (musulmanas, por supuesto), con la intención de arreglar una boda de conveniencia. Que Kumail haya decidido dedicarse al mundo del espectáculo en lugar de estudiar una carrera como abogado o médico, ya había sido suficiente decepción para unos padres que, de enterarse de que mantiene un romance con una norteamericana blanca, pondrían el grito en el cielo. Este choque entre dos culturas tan diferentes y su carga crítica felizmente dosificada en el guion son un añadido extra a lo que venían siendo las comedias románticas tradicionales.

    A finales del siglo XX reinaban en el género actrices como Julia Roberts, Meg Ryan o Sandra Bullock a finales del siglo XX, con cuentos de hadas que no se caracterizaban por tocar temas demasiados controvertidos que pudiesen amenazar sus opciones de ser éxitos de taquilla. Por fortuna, los tiempos han cambiado y cada vez resulta menos extraño encontrar una comedia romántica protagonizada por un personaje masculino (como es el caso que nos ocupa), algo en lo que Judd Apatow, productor detrás de la cinta, ha tenido gran influencia como responsable de éxitos como Virgen a los 40 (2005), Lío embarazoso (2007) o la notable (y nunca del todo bien considerada) Hazme reír (2009) -una de las mejores actuaciones de Adam Sandler-, títulos que bajo su apariencia gamberra e incluso, en ocasiones, soez, esconden sinceras radiografías sobre lo complicadas que son las relaciones sentimentales. The Big Sick mantiene algunas de las constantes de este tipo de comedias (sobre todo en lo que concierne a una galería de personajes secundarios tan frikis como, a su peculiar modo, entrañables) pero huye del habitual humor escatológico y el afán provocador que las caracteriza para moverse en unos terrenos mucho más sutiles, dejando que la sinceridad de las situaciones y los diálogos escritos por Nanjiani y su esposa encandilen al público sin necesidad de recurrir a forzados gags que busquen la risa fácil. No cabe duda de que si algo tiene este filme que lo diferencia del resto es la verdad que transmite en cada fotograma. Kumail Nanjiami está espléndido interpretándose, prácticamente, a sí mismo, y su compañera de reparto, Zoe Kazan, no se queda atrás. Ambos forman una pareja con gran feeling en pantalla, algo clave para que el espectador se involucre en la lucha de aquellos dos enamorados para estar juntos, sobreponiéndose a arraigadas tradiciones culturales y religiosas y, sobre todo, a un imprevisto problema de salud. Sí, porque, en un giro del destino, cuando Kumail y Emily lo dejaron ante tanta presión, ella cayó en coma víctima de una extraña enfermedad, y fue el muchacho quien estuvo a su lado esperando a que despertara. Durante este periodo de tiempo, se vio obligado a relacionarse con sus “suegros”, en principio reticentes a su presencia en el hospital, pero progresivamente más receptivos al romance de su hija con un chico musulmán.

    «Un oasis de buen gusto, inteligencia y cariño hacia sus personajes y la historia que cuenta, poco frecuente de encontrar en el género, que, de paso, nos regala un mensaje conciliador sobre el entendimiento entre culturas, en unos tiempos muy necesitados de ellos».


    The Bick Sick es, ante todo, una obra muy equilibrada. Nunca pierde el sentido del humor -que el protagonista sea un monologuista cómico propicia un buen número de chistes (algunos muy negros, con alusión al 11 de septiembre incluida) en sus diálogos-, y, en términos generales, la oposición de las dos familias destinadas a convertirse en una, está mostrada de un modo amable, riéndose de los tópicos y evitando los conflictos más espinosos que, sin duda, existirían en la vida real. Si bien las escenas que rodean al ambiente familiar de Kumail se antojan un tanto caricaturizadas, dejando poco espacio de lucimiento a sus actores, mucho más acertado es el tratamiento que se da a los padres de Emily, con unos Holly Hunter y Ray Romano -cómico muy famoso por la sitcom Todo el mundo quiere a Raymond- magníficos, que se convierten en lo mejor de la función desde el instante en que aparecen en escena. De hecho, es en el proceso de adaptación que muestra el paulatino “enamoramiento” de los padres de Emily hacia Kumail, donde la película alcanza sus mejores momentos, tanto humorísticos (las réplicas cómicas entre el joven y su suegro no tienen desperdicio) como emotivos. Es por esto que The Big Sick no debería ser valorada solo como una comedia romántica al uso, sino como el relato autobiográfico, encantador en su costumbrismo y sencillez, de dos personas, provenientes de mundos muy diferentes, que, sencillamente, se enamoran, y tienen que aprender a reorganizar unas vidas en las que las prioridades giraban sobre conseguir el éxito profesional. Un oasis de buen gusto, inteligencia y cariño hacia sus personajes y la historia que cuenta, poco frecuente de encontrar en el género, que, de paso, nos regala un mensaje conciliador sobre el entendimiento entre culturas, en unos tiempos muy necesitados de ellos. Si hay que buscarle un defecto, le hubieran sentado mejor veinte minutos menos de metraje | ★★★★


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2017. Título original: The Big Sick. Director: Michael Showalter. Guion: Emily V. Gordon, Kumail Nanjiani. Productores: Judd Apatow, Barry Mendel. Productoras: FilmNation Entertainment / Story Ink. Fotografía: Brian Burgoyne. Música: Michael Andrews. Montaje: Robert Nassau. Dirección artística: Andy Eklund. Reparto: Kumail Nanjiani, Zoe Kazan, Holly Hunter, Ray Romano, Anupam Kher, Zenobia Shroff, Adeel Akhart, Aidy Bryant, Kurt Braunohler, Bo Burnham.


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