Introduce tu búsqueda

  • Un hombre bueno es difícil de encontrar.
    Tres anuncios en las afueras, de Martin McDonagh.

    Una carta de amor.
    «Loving Vincent», de Dorota Kobiela.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Escenas: El caballo de Turín, de Béla Tarr

    The turin horse

    A menudo, provoca una fascinación oscura la contemplación de la renuncia. Arthur Rimbaud, uno de los poetas más influyentes en el cambio de paradigma y el paso a la modernidad, decidió abandonar la literatura a sus 19 años, con una contundencia tan inquietante como —por qué no decirlo— admirable, y durante el resto de su corta vida anduvo dedicado a otros asuntos presumiblemente más importantes. El gesto estético de cesar la producción artística resulta tan poderoso a nuestros ojos, no tanto por la mitomanía y la orfandad ante la finitud de las cosas que amamos, sino más bien por el descubrimiento repentino de la humanidad del creador. Béla Tarr nació en 1955 y a sus 54 años firmó su última película, convencido quizás de que, a partir de entonces, nada más relevante será dicho. Su “testamento”, sin duda alguna, es una obra en consonancia con esta manera de pensar. El caballo de Turín (A Torinói ló, Hungría, 2009) abre con la oscuridad profunda de la pantalla —y la sala de cine—, casi como un gesto iniciático, que bien podría haber introducido las palabras del Génesis de la Biblia “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo […] Y dijo Dios: Sea la luz […]”, y que, sin embargo, recurre al absoluto opuesto de esta tendencia demiúrgica y al concepto mismo de Dios, citando, nada más y nada menos, el conocido episodio de los últimos años de Friedrich Nietzsche. En lo que, en su momento fue achacado a la demencia del gran pensador alemán, se ocultaba una profunda y determinante decepción de la construcción de la razón cartesiana. Presentados los títulos de crédito, la voz del narrador (Mihály Ráday) cuenta cómo «En Turín el 3 de enero de 1889 Friedrich Nietzsche sale de la puerta del número 6, Via Carlo Alberto, quizás para dar un paseo, tal vez para ir a la oficina de Correos […] No muy lejos, un cochero tiene problemas con su obstinado caballo. A pesar de su afán, el caballo se niega a andar, con lo cual el cochero —¿Giuseppe? ¿Carlo? ¿Ettore?— pierde la paciencia y la emprende a latigazos con el animal. Nietzsche se acerca a la multitud y pone fin a la brutal escena del cochero, quien a estas horas echa espuma por la boca de rabia. […] Nietzsche repentinamente salta al coche y se arroja al cuello del caballo, sollozando. Su vecino lo lleva a casa, donde permanece dos días, quieto y en silencio, en un diván, hasta el día en que pronuncia su obligatorias últimas palabras: ‘Mutter, ich bin dumm’ (“Madre, soy tonto”) […]».

    Esta pequeña historia, más o menos apócrifa, antecede la irrupción feroz de la desgarradora música del maestro Mihâly Vig —uno de los elementos que marcan la circularidad del filme—, en el exacto momento en el que hace acto de presencia la imagen, la luz. Abre un plano en contrapicado, que pronto se revela como plano secuencia —una de las señas de identidad del genio húngaro—, acompañando los impetuosos movimientos del caballo y su cochero a través de una tierra desolada y hostil. La música inunda toda la escena, transmitiendo gran conmiseración frente a la decadencia de los movimientos del animal y su jinete (János Derzsi, recurrente en la filmografía del director), hombre envejecido y cansado. Durante los cinco minutos de continua filmación, la cámara de Fred Kelemen prácticamente danza, se contonea con gestos más bien suaves, en drástico contraste con los pesados pasos del animal. La hojarasca y la niebla empujadas por un viento sin misericordia envuelven el coche y hacen desaparecer intermitentemente a los protagonistas de la escena, construida con un magistral uso del blanco y negro, que dota a la imagen de cuerpo pictórico, con reminiscencias a la técnica del grabado con aguafuerte, digno del mismísimo Goya. Conforme el cochero y su bestia se acercan al destino, la pieza de Vig va cediendo paulatinamente ante el influjo del sonido ambiental, las pezuñas contra el suelo y el choque de cadenas entre los rugidos del conductor. Como posteriormente se descubrirá en la exhaustiva sucesión de días dentro de la casa, la claustrofobia y el anuncio del final de los tiempos, este es un viaje terminal hacia el abismo de la muerte que, retomando las palabras del filósofo, conduce inevitablemente hacia la repetición, el Eterno Retorno. Este testamento de Béla Tarr —que también es el de Nietzsche— quizás manifieste el hartazgo de los tiempos imperantes y la industria, con la convicción de haberlo ofrecido ya todo. En palabras del poeta francés: «Si volviera el tiempo, el tiempo que fue! / Porque el hombre ha terminado, el hombre / representó ya todos sus papeles[…]».

    Tierra de Dios

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Inéditas

    • Anuario 2017. Una recopilación de lo mejor del curso cinematográfico

      «El 2017 se nos ha hecho viejo y, como cada año, toca volver la vista atrás y echar un vistazo a todo lo que nos ha regalado desde un punto de vista cinematográfico. Es el momento de las siempre controvertidas listas de lo mejor del año. Controvertidas porque nunca llueve a gusto de todos, pero también porque, al fin y al cabo, estamos hablando de consideraciones que, aunque no lo parezcan, se hacen en caliente, bajo el influjo del calor cercano de la sala de cine y las sensaciones que nos ha producido...».
    • Mindhunter: Sympathy for the devil

      «Celebérrimo es el aforismo 149 que Frederich Nietzsche formuló en el capítulo IV de su libro Más allá del bien y del mal (1886): «El que lucha con monstruos debe ir con cuidado para no resultar él mismo un monstruo. Pues si miras mucho a un abismo, el abismo acabará por mirar dentro de ti». A buen seguro, los creadores de Mindhunter tuvieron muy presente esta idea del filósofo alemán a la hora de decidirse a adaptar el libro de John E. Douglas y Mark Olshaker, Cazador de mentes: Dentro de la unidad de élite de crímenes en serie del FBI (1995)...».
    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».

    Festivales

    Premios

    Extras

    [12][Trailers][slider3top]