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    Crítica | Azul y no tan rosa

    Azul y no tan rosa

    Comprometerse a la fuerza

    crítica de Azul y no tan rosa | de Miguel Ferrari, 2012

    Emotiva ganadora del último Goya a Mejor película de habla hispana y un auténtico éxito de taquilla en su Venezuela natal, llega a las pantallas españolas Azul y no tan rosa, debut en solitario de Miguel Ferrari. Una película con uno de esos carteles publicitarios equívocos, que desde el comienzo carga las tintas sobre su hipotético tono. Ferrari abre su largometraje con un eficaz montaje paralelo entre un número de danza y un parto acuático. Un montaje que no solo sirve para mostrar los créditos sino que revela la mayor virtud de la cinta, la buena mano del director para la planificación y gestión del encuadre. En estos 113 minutos no faltarán ejemplos de esta decisión estética, que beneficia mucho a la historia, sobre todo porque algunos planos exudan fuerza expresiva. Azul y no tan rosa cuenta la historia de Diego, fotógrafo de éxito algo alérgico al compromiso y en una relación con Fabrizio, ginecólogo. Su familia sabe que es gay pero no quieren hablar del tema, y en España tiene una ex-novia y un hijo adolescente al que hace años que no ve. Por ser abiertamente homosexual, Fabrizio recibe una paliza que le deja en coma, y Diego debe lidiar con esto y a la vez hacerse cargo de su hijo Armando, mientras su madre hace un máster en Londres. A pesar de tener momentos intensos como los descritos y una carga importante de crítica social, la cinta tiene un tono amable (lo cual choca a veces con algunas de sus tramas, como el tortuoso luto), que trata de desdramatizar los conflictos que plantea. Exhibe una evidente vocación universal, de cuento duro con moraleja. La complejidad a la que apuntan los temas es sustituida en el desarrollo por la vehemencia y los puntos a seguir de un manual de guión para historias así.

    El subrayado es el arma del Ferrari guionista en más de una ocasión, cuando no es tan necesario verbalizar lo que más de un afortunado elemento visual indica. Aparte de esa ya nombrada tendencia al encuadre calculado, el resto de elementos de la película no brillan tanto, todo hay que decirlo. No es difícil adivinar el devenir de la historia en la mayor parte del metraje. El mensaje de la película es de la tolerancia, pero este crítico se teme que la fuerza de Azul y no tan rosa resida más en su importancia extra-cinematográfica que en sus propios méritos, lo que al final perjudica a la película en sí más de lo que parece. El publicitado primer Goya para Venezuela, las noticias sobre su éxito de taquilla y todo el bombo para las películas que tratan de normalizar situaciones donde la homosexualidad es un tema central son adornos que a veces dificultan acercarse al filme con una mirada limpia, y ser capaz de valorarlo por lo que ofrece, y no por lo que supone. Cualquier avance para la comunidad gay es bienvenido, pero no estamos ante un producto especialmente perdurable. Más bien nos encontramos ante un filme generalmente bien interpretado, rodado por alguien que sabe lo que quiere, pero que toca los tópicos sin saber desarmarlos y que confía demasiado en que el tono de cuento de la peripecia enmascare algún desbarre de guión (el reencuentro entre los amantes de infancia, los desaparecidos hermana, cuñado y sobrino del protagonista).

    Azul y no tan rosa

    Los conflictos que el largometraje plantea son importantes, y es necesario que una cámara centre su atención en ellos, pero su traslado a la pantalla es rutinario y no dice nada nuevo. El maltrato, la homofobia, el miedo a comprometerse o el rechazo a uno mismo son temas abordados con un mantra de frases mil veces oídas y previsibles acciones, aunque un eficaz sentido del humor siempre eleva el asunto y lo catapulta de lo soportable a lo disfrutable. Se apunta pero no explora a la relación entre Venezuela y España (con Ignacio Montes y Juan Jesús Valverde como representantes de nuestro país), y la imponente Hilda Abrahamz (conocida en España por su papel de la malvada Olimpia Mercouri en la exitosa telenovela Mi gorda bella. 2002-2003) da tridimensionalidad a su papel de la coreógrafa Delirio, nacida como Alejo. Suya es una de las mayores, pero también menos creíbles, victorias de la cinta. Una que conecta directamente con el final, donde el cineasta siente lamentablemente la necesidad de resolverlo todo y engolar la voz en un barrido donde Delirio explicita en off el mensaje de Azul y no tan rosa. Es una opción que deja a todos felices, excepto al espectador mínimamente exigente. | ★★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla

    Venezuela, España, 2012, Azul y no tan rosa. Dirección y guión: Miguel Ferrari. Música: Sergio de la Fuente. Fotografía: Alexandra Henao. Reparto: Guillermo García, Ignacio Montes, Hilda Abrahamz, Carolina Torres, Elba Escobar, Juan Jesús Valverde, Beatriz Valdés, Aroldo Betancourt, Daniela Alvarado, Alexander Da Silva, Sócrates Serrano, Arlette Torres, Juan Carlos Lares. Productoras: Plenilunio Film & Arts / Factor RH.

    Azul y no tan rosa póster
    Tierra de Dios

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