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    Entrevista | Joachim Trier, director de «Oslo, 31 de agosto»

    Joachim Trier, director de «Oslo, 31 de agosto»

    preguntas| Emilio Luna
    entrevista y traducción| Gonzalo Hernández
    lugar| Hotel de las Letras, Madrid, martes 14 de enero.

    Tras entusiasmar al público y la crítica de Cannes con Oslo, 31 de agosto, Joachim Trier se convirtió en una de las grandes promesas del nuevo cine europeo. Un impacto tal, que su segunda creación fue considerada una de las mejores películas del 2011/2012 para numerosas publicaciones internacionales. Cine de autor, de factura técnica impecable y concepción humanista. Estamos ante uno de los futuros clásicos del cine del viejo continente, sin duda. Con motivo del estreno de Oslo, 31 de agosto en España hablamos con él de su pasado, presente y futuro. Un hombre cercano, como su cine.



    Ante todo Sr. Trier, enhorabuena por Oslo, 31 de agosto, un filme fantástico que gracias a Abordar-Casa de Películas veremos en España en pantalla grande. Algo no muy habitual ya que llega poco cine nórdico a las salas de nuestro país.

    — Ciertamente no. ¿Recuerdas alguna? Porque no es muy usual ver películas escandinavas estrenándose en España.

    Lars von Trier, Lukas Moodysson...

    — Eso quiere decir que es un honor estar estrenando aquí. [ríe]

    Segunda película, seleccionada en Un certain regard (Una cierta mirada) de Cannes; premios en el Festival de Estocolmo; elegida por numerosas publicaciones como una de las mejores obras de 2011/2012… Un éxito silencioso pero sólido. ¿Cómo vivió su presentación en Cannes?

    — Fue increíble. Soy un fan del cine. Cuando era adolescente, con 18 o 19 años, iba a la filmoteca de Oslo, donde exhibían películas antiguas. De las grandes producciones a películas de arte y ensayo. Siempre veía películas, así que Cannes para mi era un gran reto. Cuando te dabas cuenta que un filme había salido de Cannes, pensabas “posiblemente será una obra interesante” porque tienen una gran selección. Así que cuando me seleccionaron me sentí muy halagado. Fue divertido. Pero también en mi familia, mi abuelo fue director de cine. Su nombre era Erik Lochen y en 1959 su primera película, titulada The Hunt, fue seleccionada para la competición oficial en la edición de Cannes del 59. Así que desde niño, en mi familia escuchaba historias acerca de cómo una vez mi abuelo había tenido esta película en este gran festival. Fue realmente divertido por tanto, tener la posibilidad de estrenar en él, y también desde una perspectiva práctica. Uno de los retos principales del momento es que en Europa no vemos demasiado las películas de los demás países, así que Cannes es un gran lugar para estrenar, para captar atención, para conseguir distribución

    Uno de los aspectos más importantes de Oslo 31 de agosto es su actor principal, Anders Danielsen Lie. La composición que hace del taciturno y anónimamente desesperado protagonista es sensacional. ¿Cómo afrontaron ambos la creación de ese personaje? Ni que decir tiene que nos gustaría verlos juntos en una tercera producción ¿Será la siguiente?

    — Buena pregunta. Una parte del personaje vino del libro. Esa clase de tío cool que conoce a mucha gente y sale de fiesta, pero que se encuentra perdido en su vida. Eso viene del libro. Sabía que quería hacer una película sobre lo moderno... algo así como hipster, como ese tío divertido, pero que había estado muy perdido y drogado. Pensé en personas que conocía en Oslo, que se adecuarían a gente como él. Esa es otra parte del personaje. De cómo lo escribimos. La tercera y más importante es Anders, el actor. Le elegí antes de escribir el guión y le dije “Ok, ¿Quieres hacer esta película?” Sí, quería hacerla, estaba ansioso. “De acuerdo, asegurémonos de que lo escribimos alrededor de él (Anders)”, porque cualquier abstracción que imagines en el cine... puedes crearte una idea del personaje, pero la persona de la pantalla será el personaje. Como decía Godard: Cada día en el set, es sólo esa persona frente a una cámara. Eso también forma parte de él. Todo este conjunto creó al personaje final.

    Oslo, 31 de agosto
    Oslo 31 de agosto, de Joachim Trier

    El actor siempre te va a aportar algo que tu no esperabas.

    — Exacto. La sorpresa. Aquello que estas buscando. Hay una historia de Samuel Fuller, el director americano. Está rodando una película y hay una granja. Están rodando en una casa en la granja y una pareja está discutiendo. Cuando rueda esta escena, Fuller mira por la ventana y ve a una gallina persiguiendo a un gato. Y dice: “esto es increíble, trae la cámara”. Lo enfocan, ruedan el momento y vuelven dentro a grabar la escena y el diálogo. Y es perfecto, es una gran metáfora. Y piensas... si está escrito en el guión, el productor te pondrá pegas, dirá “esto es demasiado caro, tenemos que entrenar a la gallina...”. No estaría en la película. Esa es la clave. Como decía Renoir, “tienes que dejar una puerta abierta para la sorpresa, tal vez algo entre por ella”. Y eso es lo que buscaba con esta película, que sorprendiera. Teníamos un plan muy claro respecto al guión, pero al mismo tiempo la otra mitad de mi cerebro estaba muy abierta a lo inesperado. Así es cómo me gusta hacer películas.

    Recuerda mucho a la filosofía de Terrence Malick. Le gusta buscar ese pequeño momento como una mariposa en una mano.

    — Sí, esa imagen es preciosa. Adoro a Malick. Me gustó mucho su último filme To the Wonder, aunque a muchísima gente lo detestó. Cualquier cosa que haga, incluso aunque no sea su mejor película sigue siendo interesante. Siempre mira al mundo casi con los ojos de un niño. Vamos a trabajar, desayunamos... pero no miramos al sol, el viento ni los árboles. Malick entiende el mundo por sí mismo. Lo percibe como algo bello y único. Y su trabajo con Lubezki, (su director de fotografía) es tremendo. Y ambos, yo y mi director de fotografía nos inspiramos mucho en Malick.

    Respecto a eso, otras de las virtudes del filme es su ambientación, algo que potenció el director de fotografía Jakob Ihre. Aunque con un fondo como su Oslo natal todo es más fácil. ¿Fue fácil rodar allí, en su ciudad natal?

    — En primer lugar, sí fue fácil rodar en Oslo. Trabajaba rápido y podía visualizar la ciudad. Cuando piensas en tu ciudad de infancia... ¿donde creciste?

    Islas Canarias, Tenerife.

    — Si cierras los ojos puedes imaginar... caminar por las calles de tu infancia. Conoces intuitivamente esa esquina y que esa calle conecta con esa otra. Puedes imaginar el lugar exactamente. Y para mí en Oslo fue así. Podía pensar fácilmente: “oh, (el protagonista) podría caminar por esa calle y la luz ahí es preciosa por la tarde”. Tienes intuición. Pero Jakob (el director de fotografía) es de Suecia. Creció en Gotemburgo y podría mirar Oslo con una mirada fresca. Y creo que esa combinación fue buena para la película.

    ¿Si tuviera que elegir una ciudad donde situar su siguiente filme cuál elegiría?

    — Estoy trabajando en un proyecto ambientado en Nueva York y creo que es excitante. Pasó mucho tiempo allí. Creo que es un lugar emocionante, y también los exteriores de la ciudad. En cierta forma me recuerda a Noruega en la extrañeza, pero diferente.

    ¿Será con actores escandinavos o producción americana?

    — No. Espero poder hacerla con Isabelle Huppert, Gabriel Byrne y Jesse Eisenberg. Y se llamará Louder than Bombs. Son grandes actores. Interpretarán a una familia. Y espero que salga adelante.

    Anders Danielsen Lie y Viktoria Winge en Reprise, 2006, de Joachim Trier

    Joachim Trier deja claro que tiene un estilo muy personal en sus dos filmes, Reprise y Oslo, 31 de agosto. ¿Cuáles han sido sus referentes en su juventud?

    — Muchas, muchas cosas. Voy a elegir algunas cosas al azar. Creo que Africa Bambaataa, el grupo hip hop de los 80. Combinaron música sintetizada con ciertos toques negros y africanos y crearon el hip hop. Cuando era un niño, Stevie Wonder. Me encanta la música negra americana. Mucho soul. Las películas de John Hughes, como El club de los cinco. El breakdance y el punk. Aunque me estoy volviendo algo viejo. Hacía skateboard y escuchaba a muchas bandas indies americanas. Cuando tenía 15 años escuchaba a los Bad Brains, los Pixies, bandas como esas. Creo que sobre todo cultura que no fuera mainstream. Buscaba la cultura underground. Y de hecho lo mantuve mientras crecía. Era algo divertido en los 80. Encontrar tu propia banda, esa que sólo tú conocías. Hoy esperamos que el arte sea más accesible para todos. Y mucha música y cine de calidad tal vez no sea del gusto de la mayoría, pero puede seguir siendo relevante para ti.

    Hay que tener mucha personalidad para adaptar una novela tan potente como El fuego fatuo. ¿Es el tipo de novela que suele leer habitualmente?

    — Sí... No... He tenido periodos de leer mucha literatura francesa. Y este tipo de literatura “subjetiva”, tipo Albert Camus o Maurice Blanchot, o el escritor noruego Knut Hamsun, que escribió un libro en 1890 titulado Hunger. La historia de un hombre caminando por una ciudad, y la vida... Y El fuego fatuo es ese tipo de novela. Es una tradición de esta experiencia subjetiva de un solitario que mira al mundo. Así que...sí, a veces leo libros de este tipo. Pero descubrí la novela por la película de Louis Malle. No sé si la has visto pero es uno de los grandes retratos que he visto de la soledad en el cine.

    Se asemeja a la novela de Albert Camus, El extranjero.

    — Sí. Ese existencialismo... ¿Significan algo nuestras acciones? Si grabo a alguien en la playa tal vez no lo sienta, o puede que lo hiciera de forma equivocada. Es esa sensación de desconexión. Es fácil ser pretencioso con el tema del existencialismo, pero lo que quiero decir es que es interesante hablar de cuales son las opciones que nos presenta la vida. Creo que a todos los seres humanos nos importan. Siempre habrá grandes preguntas con las que podremos crear historias. Es una tendencia terrible en el cine cuando la gente dice “todo está en el pasado. Todas las grandes historias ya se han contado.” Y cuando aparece alguien joven siempre dirá “Eso era mejor antes”. Creo que necesitamos ser optimistas. Y que aún hay temas que podemos explorar en el presente, que pueden ser modernos y ambiciosos.

    Efectivamente. La forma de contar las cosas puede ser tan o más importante que el contenido.

    — Es un poco como el espíritu de la Nouvelle vague. Era un poco como la música jazz. Una música que todo el mundo ha escuchado pero que tu haces tuya, a tu manera. Y entonces se convierte en tu canción. Ese es el alma del cine. Puedes contar una historia clásica, pero la forma en que la cuentes, la estilices, el temperamento, la mirada... Todo ese material se vuelve importante.

    Oslo, 31 de agosto
    Oslo, 31 de agosto, de Joachim Trier

    Quería preguntarle por la salud del cine de su país. Cada vez se potencian más las ayudas en el cine noruego, sin embargo, siguen por debajo de otras naciones escandinavas como Dinamarca o Suecia.

    — Históricamente el cine en Dinamarca ha sido uno de los más importantes en el mundo. En los días del cine mudo Dinamarca junto a Francia y Estados Unidos, eran los grandes productores del mundo. Y Dinamarca formaba parte de ello. Siempre ha habido estos grandes maestros, estos grandes artistas en su cine: Carl Theodor Dreyer... Vampyr, Dies Irae... Noruega no ha tenido grandes maestros o una gran producción así que es una historia muy muy diferente. Lo mismo con Suecia. Han tenido a Jan Tröell, han tenido a Bergman, Vilgot Sjöman, grandes maestros. Noruega es una nación joven en el cine. Pero en lugar de verlo de forma triste creo que eso nos da la oportunidad de hacer lo nuestro, hacer cine a nuestra manera. No hay necesidad de ser pesimista. Si miras a la revolución musical del Norte de Inglaterra en los 60... todos estos chicos de clase trabajadora escuchando a Elvis... y de repente tienes a The Who, The Kinks, Rolling Stones y los Eagles. Es una locura. Y lo mismo con el hip hop. Cuando miro al Sur del Bronx... Si hablabas con un niño en 1979 del Bronx y le preguntabas “¿Cuál es tu opinión de la economía y la cultura?” Es como... [se encoge de hombros]. Y de repente dos años más tarde tenemos el hip hop que hoy es uno de los grandes géneros de la música. Para no comparar las circunstancias financieras... se mantienen bien en Noruega. La cultura alternativa debe seguir haciendo lo suyo, lo que mejor se le da. Sé que escribes para una revista que leen muchos jóvenes cinéfilos. Hazlo como lo sientas. Es muy importante. No pienses que hay reglas que debes obedecer. Conócelas, ve muchas películas, pero hazlo a tu manera. Creo que es la única manera de que el cine europeo sea saludable. Y que la gente joven trabaje duro, y tenga una oportunidad. Tal vez así veamos grandes películas en 10 años.

    Conocer las reglas para poder romperlas...

    — Sí, exacto. Ese es un buen punto. Creo que las reglas están ahí por una razón, pero también puedes rodearlas. El problema es que si no las conoces, puedes hacer algo menos interesante de lo que harías si las conocieras. Es mi opinión personal. Pero volviendo a Noruega, creo que es nuestra oportunidad de contar historias personales, donde volcar tus preocupaciones, donde puedas poner un final triste si quieres y que nadie te diga que pongas un final alegre, porque la vida también puede ser triste... y a veces también puede ser divertida.

    Sabemos que tu guionista, Eskil Vogt va a estrenar su primera película en Sundance, Blind. ¿La has podido ver ya?

    — Sí, es buena. Va a ser fantástica. Estoy realmente alegre por él. Fue a la Escuela de Cine en Paris llamada Le Femis, y estudió para dirección, pero acabó escribiendo durante bastante tiempo conmigo. Tiene mucho talento. Espero su premiere en Sundance, va a ser tremenda.

    Por último quería preguntarle por su último proyecto pero ya me ha adelantado algunos detalles. ¿Algo más que pueda contarnos?

    — También estoy trabajando en un filme noruego. Veremos que sale primero, si ésta o la americana. Pero me encanta hacer películas y me siento muy agradecido de poder hacerlo.

    Les deseamos mucha suerte Sr. Trier. Muchas gracias por su atención y por Oslo, 31 de agosto.

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