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    Crítica | Sacro GRA

    Sacro GRA, de Gianfranco Rosi

    Fresco sobre una ciudad en decadencia

    crítica de Sacro GRA | de Gianfranco Rosi, 2013

    La Sacro GRA es la gigantesca autopista de casi 70 kilómetros que transita y da la vuelta a toda Roma, a la manera de “un anillo de Saturno”. El urbanista Nicolo Bassetti sugirió al director Gianfranco Rossi que la recorriera con su cámara y su contrastado afán documental –su corta filmografía está dedicada al género–. ¿El resultado? Rossi se ha pasado 2 años rodando a lo largo y ancho de la autopista, componiendo un impresionante mosaico de historias que funcionan como cristalina metáfora de una ciudad en problemas. La prueba inicial de la calidad de este documental, primer ganador en su género del León de Oro en la Mostra de Venecia, es que Rossi y su montador Jacopo Quadri han podido condensar ese periodo en unos precisos 93 minutos de transparente buen cine. Un proceso de 7 meses que da como resultado un metraje en el que nada sobra ni nada falta. Sin que el interés quede desregulado respecto a ninguno de los retratos. Fabricando la emoción sin trampas, sólo con una cámara invisible ante la cual todos se muestran cómodos y que captura una cotidianidad hecha de instantes de vida pura y dura. Ni un atisbo de manipulación.

    Es fácil usar como arma contra Sacro GRA el hecho de que hemos visto algunos de sus retratos (el médico de ambulancias bondadoso, las prostitutas lumpen) en programas de televisión de corte sensacionalista, pero en esta película el poder está en el conjunto. Todas las partes suman y el trenzado está realizado a la perfección. El montaje salta de una historia a otra de forma limpia, componiendo poco a poco una imagen tridimensional sobre la desaparición de la clase media en Italia y el ánimo de sobrevivir de un puñado de luchadores. No se enfatiza ni subraya nada. No hay intervención por parte de Rossi en el que es su cuarto largometraje. Ni siquiera las zonas están emplazadas. El trabajo de sacar las conclusiones es nuestro, como espectadores. En cierta forma, el realizador está moviéndose casi en el terreno de la abstracción, arraigada en seres de carne y hueso. Así de grandiosa es su hazaña. Un mérito que muchos espectadores parecen haber captado, a tenor de la espectacular taquilla que la película ha hecho en Italia. Otra cima inédita para un largometraje documental.

    Sacro GRA, de Gianfranco Rosi

    La dinámica del Festival de Sevilla donde se proyectó la cinta creó, ¿sin querer?, una situación curiosa cuando unos días después de Sacro GRA se proyectó la extraordinaria La gran belleza (La grande bellezza, Paolo Sorrentino, 2013) [crítica]. Ambos cineastas, amigos en la vida real, parecen haber querido ofrecer el anverso y reverso de una ciudad, Roma, que no pasa por su mejor momento. Como tantas otras. Sería fascinante ver ambas películas en un programa doble y observar la verdad que hay en ambas, además de los inesperados vasos comunicantes que un ojo experto podría encontrar. Y es que son opuestas, partiendo de que ambas exudan veracidad, pesimismo y emoción legítima. Pero lo que en una es voluntad de estilo, en la otra es realismo documental. Lo curioso es que Rossi dirigió una escena de La gran belleza a petición de Sorrentino, que hace un cameo y no quería dirigirse a sí mismo. Es la alucinógena escena del cónclave.

    Puede parecer fácil visto el resultado, pero el mérito del director es innegable. Con su leve sentido del humor, su vista libre de prejuicios y su tour por los no-lugares de la modernidad, que a veces parecen estar habitados por fantasmas que no pudieron prosperar, Sacro GRA se erige como poderoso testimonio del daño que hace la crisis pero cómo la dignidad pervive. Y lo mejor de todo es que habla del tema sin nombrarlo, sin crispar su discurso ni ponerse evidente. A lo largo del metraje se dan cita conservadores de la naturaleza con radicales métodos, habitantes de viviendas de protección oficial, aristócratas venidos a menos –aquí es donde único pueda sospecharse un poco de desdén en la mirada de Rossi–, bailarinas de barra de bar, actores de fotonovela o una familia latinoamericana que se reúne con compatriotas para pasarlo bien. Son presentados in media res, respetando la inteligencia del espectador para saber quiénes son por sus acciones. En algunos casos no volveremos a verlos pero todos están pasando por situaciones que nadie puede tachar de irreales ni no identificables. Despiertan empatía y en ocasiones hasta ternura (las conversaciones sobre lo divino y lo humano entre padre e hija son antológicas). La del cineasta es una mirada a las bambalinas de conciudadanos que pasan a nuestro lado cada día en la calle, y que en muchos casos no queremos ver. Y una cámara que se pone a su misma altura, nunca por encima. ★★★★

    Adrián González Viña
    enviado especial a la X edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla

    Italia, Francia, 2013. Dirección, guión y fotografía: Gianfranco Rossi, en base a una sugerencia de Nicolo Bassetti. Productora: Doclab / La Femme Endormie / Rai Cinema. Presentación oficial: Venezia 70 (León de Oro).

    Sacro GRA, de Gianfranco Rosi
    Nuestras derrotas
    Valencia

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