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    Crítica en Serie | Arrested Development

    Arrested Development

    UNA INFINITA FUENTE DE ESTÍMULOS CÓMICOS

    crítica de Arrested Development

    FOX / 3 temporadas: 53 capítulos. | EEUU, 2003, 2004, 2005, 2006. Creador: Mitchell Hurwitz. Directores: Joey Russo, Paul Feig, Lee Shallat Chemel, Anthony Russo, Jay Chandrasekhar, Greg Mottola, Peter Lauer, Bob Berlinger, John Fortenberry, Lev L. Spiro, Patty Jenkins, Jeff Melman, Jason Bateman, Andrew Fleming, Danny Leiner, Chuck Martin, John Amodeo, Arlene Sanford, Rebecca E. Asher.. Guionistas: Mitchell Hurwitz, Jim Vallely, Chuck Martin, Richard Rosenstock, Barbara Adler, John Levestein, Brad Copeland, Abraham Higginbotham, Richard Day, Chuck Tatham, Ron Weiner, Courtney Lilly, Lisa Parsons, Tom Saunders, Jake Farrow, Sam Laybourne, Karey Dornetto, Dean Lorey. Reparto: Jason Bateman, Michael Cera, Portia de Rossi, Will Arnett, Jeffrey Tambor, Jessica Walter, Alia Shawkat, Tony Hale, David Cross. Fotografía: Greg Harrinhton, James Hawkinson. Música: David Schwarz.

    “Y ahora la historia de una familia adinerada que lo perdió todo. Y del hijo que no tuvo otra opción que mantenerlos juntos. Es Arrested development”.

    Con un poco de suerte, se oirán estas palabras cuando comience el primer episodio de la 4º temporada de Arrested development. Más de 7 años separan la emisión de Development arrested (3.13), el maravilloso final que el creador Mitchell Hurwitz y sus guionistas trazaron a toda prisa para cerrar la historia de la familia Bluth, de este estreno. Corría febrero de 2006, y FOX se cansó de perder dinero y espectadores cada semana con la serie. Tras 56 episodios, la revolucionaria comedia terminó, y lo hizo con una frase que permitió a los fans agarrarse a la esperanza de que ese no era el fin: “¿Quizá como película?” La pronunciaba Ron Howard, productor de la serie y la cautivadora voz en off que en cada capítulo puntuaba de hilarantes comentarios las andanzas de los personajes. Al final no ha sido como una película, sino gracias a la plataforma de vídeo online Netflix y su decisión de brindar contenidos originales, como House of cards (2013-) o Hemlock Grove (2013-), y que ofrece la peculiaridad de estrenar toda la temporada a la vez para acompasar la experiencia online del internauta. Así, los 15 capítulos que componen la 4º temporada de Arrested development fueron estrenados simultáneamente ayer, 26 de mayo. Y además con una nueva estrategia narrativa. A saber, como varios de los actores están comprometidos con otras series y películas, Hurwitz supo que no iba a poder contar con todos ellos durante varios meses de rodaje, así que ha cambiado la estructura de la serie. Ahora cada capítulo va a estar centrado en un personaje, con constantes interacciones de los miembros de la familia, pero no con todos. Así se garantiza poder seguir dando a los intérpretes tramas de altura, nada de relleno. El visionado va a ser una verdadera experiencia, ya que decir que las expectativas son altas es quedarse corto. Lo que puede plantear la pregunta, ¿merece tanta atención Arrested development? La respuesta es un sí rotundo. Y un servidor va a tratar de explicar por qué.

    La serie de Mitchell Hurwitz sigue el clásico patrón de la comedia familiar, donde vemos cómo los miembros de una unidad familiar se relacionan y aprenden valiosas lecciones sobre las cosas importantes de la vida, aunque a veces tengan una fachada de independientes o parezca no importarles nada. Hurwitz pervierte el cliché cuando la familia protagonista de su serie está formada por un grupo de personas despreciables. Desde el que menos hasta el que más, cada Bluth está movido por sus intereses y solo buscan el beneficio propio. Casi nadie trabaja, piden dinero constantemente, se dirigen comentarios hirientes. Resulta muy difícil para el espectador empatizar plenamente con cualquiera de los personajes, y eso es parte del atractivo (aunque también empaña la perfección de la serie cuando un personaje acaba siendo irritante, como Gob). Da mucho placer reírse a gusto de las desgracias que estos egoístas sufren cada semana y observar con regocijo cómo nadie aprende nada. Los problemas persisten porque todos están centrados en lo equivocado. La posible excepción sería el protagonista, Michael Bluth, pero a lo largo de la serie se comprueba que su equivocada buena voluntad es sólo una manera de sentirse bien por creerse moralmente superior al resto de sus parientes. Lo más asombroso es que se ganan la simpatía de la audiencia por la patética ternura que despiertan. Además, los límites de la corrección política son elásticos para los guionistas, que bromean con el incesto, la promiscuidad, las enfermedades terminales, la religión, la política de George Bush -toda la subtrama de George Bluth haciendo negocios con Sadam Husein-, la tercera edad, el alcoholismo, la justicia y mucho más. La valentía que esto requiere de Mitchell Hurwitz y el vigoroso equipo de guionistas que le acompaña merece el mayor de los respetos, y puede ser una de las causas de que la serie sea un manjar para paladares selectos. La serie se adelantó a su tiempo al rodarse con estilo documental y cámara en mano, lejos de los acartonados escenarios con público y risas enlatadas de las sitcom allá por 2003. La inmediatez y el verismo que esta elección daba fue uno de los aciertos de base de la propuesta. Otra perversión del cliché es que en muchos casos se dislocaban las expectativas al continuar con las historias en el siguiente episodio: se aplicó una narrativa de arcos argumentales a un género muy marcado por las tramas autoconclusivas. Arcos como la eterna crisis matrimonial de Tobias y Lindsay -la única trama que acaba resultando cansina porque se puede ver que los guionistas no saben cómo hacerla avanzar-; la nevera portátil con papeles misteriosos, Maeby como ejecutiva de un estudio de cine con 15 años o el romance entre Oscar y Lucille, por poner unos pocos ejemplos.

    Arrested Development

    Hurwitz es un experimentado guionista curtido en muchas comedias, y dedica sus energías a convocar en Arrested development una inacabable lista de recursos cómicos, de muy variada índole, y los pone a converger con increíble facilidad y distintos grados de sutileza, dando material de gran calidad para todos los actores. La sencillez del genio. En la serie hay comedia física, chistes visuales, juegos de palabras, chistes musicales, running gags (chistes recurrentes que una comedia usa en muy distintas situaciones a lo largo del tiempo), homenajes a series y películas, bromas cómplices con la audiencia, coletillas, palabrotas e imágenes censuradas para dar realismo, equívocos, chistes meta-televisivos, malentendidos, flashbacks, cambios de formato, los ya nombrados comentarios del narrador omnisciente... La tercera temporada es especialmente rica en cuanto a la cantidad de estímulos cómicos por capítulo, evidente prueba de la comodidad con los personajes que habían alcanzado los guionistas -en las series eso tarda a veces en ocurrir-, así que podían ir a por todas en cada entrega. A destacar en esta tendencia el episodio S.N.B. (3.9), plagado de autoconscientemente desesperados intentos de la serie por ganar audiencia: uso del 3D, un amplio surtido de estrellas invitadas, una trama con sorpresa, el narrador pidiendo que se recomiende la serie o los personajes meta-discutiendo quién iba a llevarse la “empresa”, si Showtime o HBO. Corresponde a sus esfuerzos un reparto que proviene de muy distintas escuelas cómicas pero que funciona perfectamente desde el primer capítulo. A destacar los trabajos de David Cross, Jeffrey Tambor -especialmente cuando interpreta con distintos registros a los gemelos George y Oscar Bluth- y Tony Hale, pero nadie está por debajo de la excelencia. La versión original siempre es la mejor opción, aunque en España existen algunos dobladores excepcionales que realizan un trabajo que a veces mejora lo original. Pero cuando una serie hace gala de tantísimas opciones lingüísticas, uno no puede evitar sino recomendar su visionado en inglés porque se perderán muchos chistes con la traducción. En Arrested development se juegan con cómo suenan las palabras y los nombres para hacer reír, los dobles sentidos se explotan con ingenio al máximo (a destacar las constantes alusiones a la homosexualidad del personaje de Tobias, que en cada capítulo deja una frase confusa para la posteridad) y la manera que tiene el inglés de componer sustantivos da como resultado desopilantes chistes.

    No acaban todavía los cumplidos para Mitchell Hurwitz, cerebro pensante de toda esta historia y un ejemplo de como trabajar en equipo. Excepto el piloto, Hurwitz participó en 17 de los 53 episodios, alternando sus co-guionistas y ayudando a crear un conjunto estable. Eso podría explicar que Arrested development no tenga capítulos débiles ni de transición. Ningún bajón de calidad durante las 3 temporadas ni ningún desbarre argumental. Todo bajo un férreo control. Como talento atrae a talento, la serie también puede presumir de un atajo de envidiables estrellas invitadas, con golosos personajes con los que disfrutan visiblemente: Liza Minnelli, Judy Greer, Julia Louis-Dreyfus, Martin Mull, Martin Short -en una auténtica composición digna de premio-, Carl Weathers autoparodiándose, Ben Stiller, Charlize Theron con acento británico... todos interpretando a personajes asombrosos, llenos de cómicas peculiaridades. Complicada misión la de escribir sobre Arrested development, porque es toda una experiencia. Y como tal debe ser vivida. El lenguaje a veces no hace justicia, se queda corto para explicar algo tan intangible como las sensaciones que una comedia bien hecha despierta, porque escribir sobre ella y reflexionar sobre sus mecanismos puede arruinar las sorpresas. Su infinita artillería de frescura y diversión. Así que lo mejor que un servidor puede hacer es recomendar encarecidamente el visionado de las 3 temporadas y prepararse para disfrutar con la nueva tanda que se estrena. ★★★★

    Adrián González Viña.
    crítico de cine & series de televisión.

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