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    Crítica | Noche de vino y copas

    Noche de vino y copas

    MI BUENOS AIRES QUERIDO

    crítica de Noche de vino y copas | Superclásico, Ole Christian Madsen, 2011
    representante de Dinamarca en los premios Oscar 2012

    River Plate-Boca Juniors. Para un argentino no existe sensación similar. Con probabilidad, el evento futbolístico mundial que guarda toda su esencia desde su primer envite allá en los albores del siglo XX. Ni Real Madrid-Barcelona, ni Juventus-Inter, ni Celtic-Glasgow Rangers se pueden comparar al duelo entre Xeneizes y Millonarios. Dos formas muy diferentes de sentir en un mismo partido, en una misma ciudad. Un patrimonio que va más allá de lo deportivo y donde lo burocrático y mercantil se aparta durante noventa minutos. Poco importa el momento de uno o de otro. Es la lucha contra el vecino de al lado, es sentirse estrella durante un instante, vencedor durante unas horas y amante eternamente. Haya buen fútbol o no es un encuentro vigoroso con la pasión. No podía suceder en otro lado que no fuera Buenos Aires. Como decía José Luis Borges, uno de sus viandantes más ilustres, es “la otra calle, la que no pisé nunca, es el centro secreto de las manzanas, los patios últimos, es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es la persona a quien le desagradan mis versos (a mí me desagradan también), es la modesta librería en que acaso entramos y que hemos olvidado, es esa racha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca, es lo que se ha perdido y lo que será, es lo ulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo que ignoramos y queremos". Buenos Aires, capital de la pasión desaforada, esa que no tiene un por qué, pero que lo mueve todo.

    Allí, en su versión más luminosa e íntima, se encuadra una atípica fábula romántica titulada “Noche de vino y copas” (Superclásico, Dinamarca, 2011) y firmada por Ole Christian Madsen, cineasta danés con una carrera de cocción lenta pero de paso firme por el circuito independiente europeo. Madsen cambia el escenario de rodaje de sus últimas producciones, Praga, pero no la temática que le ha otorgado un nombre. Como ya hiciera en las más que interesantes “Kira’s Reason: A Love Story” (2001) y “Praga” (2006), en su séptimo trabajo desgrana los últimos instantes de un matrimonio fallido. Lo hace en clave de comedia agridulce que hereda todos tópicos y defectos del género pero que posee personalidad propia. Pese al inevitable guiño a la fórmula “Acordes y desacuerdos” (Estados Unidos, 1999), de Woody Allen, bascula a un melodrama cómico con sensibilidad definida y una franqueza poco común en el género. No hay lugar para estridencias. Trama simple, resultado efectivo. Madsen edulcora su filmografía en una clara muestra de ruptura de esquemas. No sólo los propios, también los de la industria cinematográfica de su país, acostumbrada a gélidos y soterrados dramas. Nos habla del concepto de amor, casi en clave pueril. No cuenta nada nuevo, pero la sonrisa que provoca es evidente. Los corazones están para ser rotos. Lo que no cambia jamás es la pasión por muy profundo que sea su escondite.

    Noche de vino y copas

    De corazones robados sabe, y mucho, Paprika Steen, la actriz protagonista. Más de dos décadas enamorando al público europeo y convirtiéndose en musa de un gran número de realizadores nórdicos de nivel. En “Noche de vino y copas” se desata, muestra su lado más desenfadado en el papel más complicado de la trama. Adúltera, tránsfuga y superficial en apariencia, su mirada esconde eterna tristeza. Es el eje del filme, también es la gran perdedora por mucho que se grite a los cuatro vientos que el amor está en el aire. La que no lo es, es esta actriz camaleónica que, haga de lo que haga o sea de lo que sea, siempre es una garantía. Unos calificativos aplicables a su partener, Anders W. Berthelsen, que caracteriza a un sumiller con la crisis de los cuarenta que no quiere dar por perdido su matrimonio. El recorrido del simpático Christian es el reverso del su todavía esposa y, pese a que bordea el slapstick en determinados momentos, su personaje es el más cercano a la realidad en una historia que, como la vida real, está demasiado próxima a la locura. Justo ahí, es donde el tercero en discordia, ese futbolista puntero en el crepúsculo de su carrera deportiva al que da vida Sebastián Estebanez, se convierte en pieza fundamental para el impulso definitivo de la película. Es la representación del contraste y también de la antítesis al resto de elementos del guión de Anders Frithiof August y el propio Madsen. El amor como un ciclo o como un cansino bucle. Siempre son ambos.

    “Noche de vino y copas” no engaña a nadie. Tampoco esconde sus múltiples defectos encabezados por el extravagante hijo adolescente (Jamie Morton) de Christian. Su presencia en el guión es un simple parche que busca regalar minutos al metraje y cuyas secuencias rozan la vergüenza ajena por momentos. Madsen podría soslayar que es una hipérbole exacerbada del primer estadio del ser humano al enamorarse y renovar ciclo (o inaugurarlo). Sea como fuere, es a todas luces innecesario. Steen, Berthelsen y Estevanez se bastan por sí solos para hacernos disfrutar y reflexionar. Encuadrados en unos barrios bonaerenses de aromas bohemios y taciturnos que invitan a dejarlo a todo y soñar entre cuadra y cuadra. Jamás verán la capital de Argentina tan solitaria y, a la vez, tan acogedora. Este maravilloso parapeto es un plus para un filme agradable e inocente que logra la máxima del gran Billy Wilder con herramientas primarias. Un digno y consecuente desfile de humor trágico tan ingenuo como elegante que alcanza su mayor brillo cuando se atranca el freno de mano. Bendito desbarajuste. ★★★★★

    Emilio Luna.
    editorial.

    Dinamarca-Argentina, 2011, Superclásico. Dirección: Ole Christian Madsen. Guión: Ole Christian Madsen, Anders Frithiof August. Productora: Nimbus Film Productions / Lomo Cine. Presentación: Seminci de Valladolid 2011. Fotografía: Jørgen Johansson. Música: Jonas Struck. Intérpretes: Paprika Steen, Anders W. Berthelsen, Jamie Morton, Adriana Mascialino, Sebastián Estevanez, Dafne Schiling, Mikael Bertelsen, Miguel Dedovich.

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