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    LAS VENTAJAS DE SER UN MARGINADO (STEPHEN CHBOSKY, 2012)

    Las ventajas de ser un marginado | The Perks of Being a Wallflower
    RETOMANDO UNA VIDA LATENTE
    crítica| Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower, Stephen Chbosky, 2012)

         Todos hemos sido estudiantes, por mucho que cada cual lo vea como algo más cercano o más lejano. Es un período de nuestras vidas por el que afortunadamente todos pasamos, al menos en la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Todos hemos acudido al instituto, con más o menos ganas o pereza según el día; hemos estudiado hasta tarde para un examen o nos hemos sentido culpables por no hacerlo, optando por pasatiempos que ahora recordamos con añoranza aunque nos hayamos convencido de que es inútil recobrarlos; en alguna asignatura hemos sentido más curiosidad que en otras, pensando incluso que nos habría gustado dedicarnos a ello cuando fuésemos mayores, ya fuese para ser arqueólogo, médico o futbolista; hemos hecho migas con algún profesor, que incluso ha podido marcar nuestra forma de ver las cosas, o en cambio hemos odiado a aquel pesado que por alguna extraña razón nos tenía manía. Pero sobretodo hemos hecho amigos y amigas, algunos de los cuales conservamos aún hoy en día, mientras que otros han desaparecido o han quedado tristemente olvidados, aunque todos nos hayan dejado cierta huella.

         Es este cúmulo de experiencias, unidas a la del primer amor, que no necesariamente hemos tenido que sufrir todos, el que intenta retratar el segundo largometraje de Stephen Chbosky. Éste adapta una popular obra suya, guionizándola para la ocasión, y ejerce consecuentemente un control casi total sobre este proyecto. Se nota enseguida que este cineasta mima su criatura y nos la revela con sinceridad y sensibilidad, consiguiendo pues un trabajo con el que ya de por sí, por los temas apuntados más arriba, muchos nos podemos sentir fácilmente identificados. En este sentido, aunque está claro que Las ventajas de ser un marginado (EE.UU, 2012) está dirigida a un público bastante concreto, cualquier perfil de espectador puede disfrutar y emocionarse con esta historia, como ha demostrado la benevolencia casi generalizada de la crítica norteamericana. Quizás es porque, al fin y al cabo y aunque sea obvio recordarlo, los conflictos que surgen en este entorno escolar, entre adolescentes, acaban reencontrándose en cualquier estadio de la vida y en cualquier contexto. El relato trata aquí de un chico que se siente huérfano, que comienza el instituto con renovadas dificultades para integrarse, pero que al poco tiempo, casi por milagro, conocerá a un grupo de personajes llamativos que lo aceptarán como uno de los suyos y con quienes conseguirá hacer frente a su turbio pasado. Por otro lado este relato trasciende su peculiar marco para hablarnos de ese primer amor, de la sexualidad oprimida, de los abusos familiares y del ansia de vivir. Todo ello suena a una sucesión de clichés cursis a los que aspira casi toda película romántica de adolescentes. Sin embargo, el éxito de esta película radica en que toca estos temas casi con despreocupación, con honestidad, como ya hemos dicho, pero también con exquisito gusto y contagiosa armonía.

    The Perks of Being a Wallflower
    NO HAY EDAD PARA SUFRIR | Unos sobresalientes Emma Watson y Ezra Miller en 'Las ventajas de ser un marginado'

         A esa comunión que se establece con el espectador contribuyen una selecta banda sonora, compuesta por canciones que a los primeros compases ya nos tienen enganchados; una estética familiar, unida a una puesta en escena dinámica pero sin aspavientos, que conforman un decorado nuevamente acogedor; y unos actores que pueden estar más o menos acertados, pero que transmiten con gran intuición las motivaciones de sus respectivos personajes y nos hacen sentir lo que en cada momento nos tienen que hacer sentir. El ejemplo más claro, quizás por conocido, es el de Emma Watson, la Hermione de la saga Harry Potter. Visiblemente tiene ciertas dificultades para disimular su acento británico, esfuerzo que se traduce en una interpretación en ocasiones algo impostada. Pero en las escenas de mayor empaque, aquellas donde interactúa con Charlie, el protagonista (a cargo del joven Logan Lerman), da rienda suelta a la emoción que tiene acumulada, ahora precisamente sin forzarla, y nos olvidamos de que su pronunciación haya podido ser más o menos veraz y ajustada. En cuanto a los recursos más propiamente técnicos de la película, podemos destacar un uso muy inteligente de las transiciones, que ayudan a que el ritmo casi nunca decaiga. El mejor ejemplo, por memorable y valiente, es el corte que emplean Chbosky y su montadora Mary Jo Markey entre la comunión de una misa navideña y el consumo de drogas en una fiesta posterior. En concreto, se asemejan una hostia y un papelito de LSD. Es un paralelismo quizás escandaloso, pero que demuestra que Chbosky no apuesta por un retrato conformista o al uso, sino que pretende darle un toque personal y rebelde, lo que lo convierte en algo más auténtico.

         Donde el ritmo sí decae un poco y la película pierde un poco ese equilibrio entre temas y estilos que había logrado es en un último acto algo confuso. En él se nos desvela lo que explica la depresión o el trauma que sufría el protagonista, en un giro algo torpe y que no encaja muy bien con el resto del metraje. Asistimos en esta última parte a una sucesión de escenas que pretenden concluir la historia de la forma más satisfactoria posible, y aunque es verdad que sin ellas nos habríamos quedado con mal sabor de boca, teniendo en cuenta además el optimismo que en el fondo recorre el filme, dichas escenas se presentan de forma acelerada y ya no tan genuina como el resto. También hay que admitir que la voz en off del protagonista, justificada en la narración por sus aspiraciones de escritor, es algo tan visto como los demás temas de la película pero ya no reformulado ni integrado en el mundo que Chbosky nos hace recordar, como sí lo están dichos temas, sino añadido para guiarnos por la historia, algo de lo que se podría hábilmente haber prescindido. Al fin y al cabo, la película no va, o no debería ir, de las reflexiones y evoluciones internas de un solo personaje. Los marginados son también los demás, y las “ventajas” de su coexistencia son las que dan vida a esta película. Pero en definitiva, estas últimas críticas son menores y no empañan un resultado que conmueve y nos llena tanto de nostalgia como de esperanza. ★★★★

    Ignacio Navarro.
    director & crítico cinematográfico. 

    Estados Unidos, 2012. The Perks of Being a Wallflower. Director: Stephen Chbosky. Guión: Stephen Chbosky (Libro: Stephen Chbosky). Productora: Mr. Mudd / Summit Entertainment. Música: Michael Brook. Fotografía: Andrew Dunn. Intérpretes: Logan Lerman, Emma Watson, Ezra Miller, Mae Whitman, Kate Walsh, Dylan McDermott, Melanie Lynskey, Nina Dobrev, Johnny Simmons, Joan Cusack, Paul Rudd, Nicholas Braun, Reece Thompson, Julia Garner, Tom Savini, Adam Hagenbuch, Zane Holtz. Elegida entre las diez mejores películas del 2012 para la National Board.

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