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    Crítica | Un don excepcional

    Una pequeña mente maravillosa

    Crítica ★★ de Un don excepcional (Gifted, Marc Webb, Estados Unidos, 2017).

    Una de las sorpresas más gratificantes proveniente de la mano del cine independiente americano de la última década fue, sin duda, (500) días juntos (2009), una inteligente película que, bajo las formas de comedia romántica, hablaba del desamor de una manera aguda y sincera, con un excelente guion y unos maravillosos Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel formando una de las parejas más carismáticas que se recuerdan en el género. Aquella fue una inmejorable carta de presentación para Marc Webb, su director, que inmediatamente fue captado por los grandes estudios para ponerse al mando de una empresa mucho más ambiciosa (a nivel de presupuesto y exigencias comerciales) como fue el reboot The Amazing Spider-Man (2012), intento de otorgarle nuevos aires a la saga del hombre araña, con Andrew Garfield y Emma Stone tomando el relevo de Tobey Maguire y Kirsten Dunst en los papeles protagonistas. Aunque los resultados de esta primera incursión en el mundo de las superproducciones no fueron todo lo satisfactorios que sus responsables deseaban, lo cierto es que volvieron a confiar en Webb para la secuela The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014), bastante más dinámica y entretenida. Para quienes esperábamos una vuelta del cineasta a un tipo de cine más sencillo y que tocase temas más terrenales, la llegada a las carteleras de su último trabajo, Un don excepcional (2017), deja ese sabor agridulce propio de una obra impersonal y muy por debajo de sus posibilidades. Estamos ante una cinta de corte independiente, sí, que presta una mayor relevancia a los personajes, sus relaciones y sus circunstancias, pero las características del producto se antojan demasiado adocenadas para la categoría de Webb, sobre todo por un libreto de Tom Flynn que cae en todos los lugares comunes habidos y por haber, haciendo que adivinemos el devenir de la trama y su desenlace desde el primer minuto.

    La historia presenta a Frank Adler (Chris Evans), reparador de botes un tanto desastre en su vida personal que, de la noche a la mañana, tras la muerte de su hermana, una brillante matemática, se tiene que hacer cargo de su pequeña sobrina Mary (McKenna Grace). La niña resulta ser una superdotada, heredera de la inteligencia y facilidad para logaritmos y ecuaciones de su madre, pero Frank intenta por todos los medios que estas habilidades no la hagan sentirse diferente, procurando que viva su niñez con total normalidad, relacionándose con otros niños en una escuela pública. Una convivencia plácida y feliz que se ve enturbiada con la aparición de la madre de Frank (y abuela de Mary), que llega con la firme intención de llevarse a la pequeña con el fin de que esta desarrolle sus facultades para los números (aunque para ello tenga que dejarla bajo la tutela de unos padres adoptivos), siguiendo la tradición de las mujeres de la familia, todas unas eruditas en el campo. Títulos que han tenido como tema central la lucha por la custodia de un menor en los juzgados han sido muchos y diversos, desde las lacrimógenas Campeón (Franco Zeffirelli, 1979) y Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979), sendos éxitos de taquilla en su momento que, a día de hoy, han quedado algo trasnochados, a vehículos de lucimiento interpretativo como Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001), donde Sean Penn interpretó a un hombre deficiente mental que luchaba por ser considerado apto para cuidar de su hija. En el caso del filme de Webb, la nota “novedosa” es el añadido de la calidad de superdotada de la niña de la discordia, planteando un, a priori, interesante debate entre qué sería lo mejor para la felicidad de estos pequeños, si darles la oportunidad de aprovechar ese don excepcional del título con el que la naturaleza les ha bendecido o, por el contrario, lo más saludable residiría en hacerles llevar una infancia lo más normal posible, que no les haga sentirse unos bichos raros inadaptados o fuera de lugar.

    «Este cóctel de melodrama familiar y romance ligero no termina de levantar el vuelo en ningún instante, dejando la sensación de estar ante un previsible telefilme de sobremesa de bonita factura y protagonizado, eso sí, por estrellas de relumbrón».


    Este dilema es, de lejos, lo más acertado de una película tan amable como bienintencionada, que llega lastrada por un libreto que lleva a sus personajes al estereotipo de forma extrema, sin medias tintas. Así, el Frank interpretado con corrección por Chris Evans es presentado como el típico tío enrollado y guay de quien el público jamás querría que Mary se separase. A favor de su lado de la balanza está también esa vecina encarnada por Octavia Spencer (en el idéntico rol cercano y simpático que lleva repitiendo hasta la saciedad desde que ganó su Óscar), una mujer que ayuda de manera activa al cuidado de la niña, hacia la que siente un amor casi maternal. Por el contrario, la abuela (estupenda Lindsay Duncan, aun llevando a cabo la ley del mínimo esfuerzo) recibe un tratamiento mucho más inmisericorde por parte del guion, siendo dibujada como una mujer frustrada por haber abandonado su prometedora carrera como matemática tras casarse, y que focaliza su fracaso profesional, primero en su hija y luego en su nieta, sin pararse a pensar en el daño que puede causar con sus ambiciosos intereses. Por supuesto, la señora también dispone de esa mejor posición económica que un juez valoraría positivamente a la hora de decidir dónde tendría la pequeña una vida más cómoda. Con estas fichas sobre el tablero ya sabemos de antemano cómo va a avanzar el juego y, pese a que el director trata de eludir la sensiblería durante la mayor parte del metraje –aunque en alguna escena, como la de la espera en la sala de maternidad, caiga de lleno (y de forma vergonzante) en ella–, lo cierto es que este cóctel de melodrama familiar y romance ligero –no puede faltar la historia de amor entre Frank y la comprensiva profesora de su sobrina, totalmente de relleno– no termina de levantar el vuelo en ningún instante, dejando la sensación de estar ante un previsible telefilme de sobremesa de bonita factura y protagonizado, eso sí, por estrellas de relumbrón. Lo que hace más llevadero su visionado es el acierto de casting con McKenna Grace, adorable en su papel de Mary, la pequeña genio que sirve de excusa (y arma arrojadiza) para que Frank y su madre se lancen todo tipo de reproches que tienen su origen muchísimo tiempo antes del nacimiento de la niña. | ★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2017. Título original: Gifted. Director: Marc Webb. Guion: Tom Flynn. Productores: Andy Cohen, Karen Lunder. Productoras: FilmNation Entertainment / Fox Searhlight Pictures / Grade A Entertainment. Fotografía: Stuart Dryburgh. Música: Rob Simonsen. Montaje: Bill Pankow. Diseño de producción: Laura Fox. Reparto: Chris Evans, McKenna Grace, Lindsay Duncan, Jenny Slate, Octavia Spencer, Glenn Plummer, Desmond Phillips, John M. Jackson, John Finn, Jon Sklaroff, Michael Kendall Kaplan.

    El fulgor efímero

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