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    La fotografía en Buried, por Eduard Grau

    Buried

    La fotografía de «Buried» comentada por su DOP, Eduard Grau.

    ¿Perspectiva o perspicacia? Ha quedado demostrado que un espectador, dependiendo de si es zurdo o diestro, alto o bajo, analítico o impetuoso, y un sinfín de condicionantes perceptivos diferentes, tendrá inclinación por mirar hacia un punto en concreto de la composición visual, u otro completamente diferente, en función de todas esas restricciones ostensibles. Es pues, tarea del director de fotografía, dominar esta multi-perspectiva empírica y dirigirla hacia un punto determinado y concordante en función de sus intereses y los de la narrativa. Para esta labor, los profesionales de la imagen establecerán una compleja serie de líneas, explícitas o tácitas, que se junten en un lugar específico: punto de fuga. Estas líneas nos harán dilucidar un objeto o acción imprescindible para el desarrollo o desenlace de la trama y, lo que es más importante, serán lo suficientemente sutiles como para que pensemos que, semejante hallazgo, ha sido fruto exclusivo de nuestra asombrosa capacidad de observación y deducción. Por lo tanto, si existe un elemento determinante en el proceso de transmisión del mensaje y en el entramado narrativo de toda película, ese es el director de fotografía.

    Edu Grau, barcelonés de pura cepa y cosmopolita vocacional, ha demostrado con sobrados ejemplos su destreza en este proceso de transferencia asociativa. Es Edu una persona muy cercana, apasionada por su trabajo y capaz de contagiar esa ilusión y amor por el cine que se advierte en sus palabras. Entre sus trabajos encontramos Un hombre soltero (A Single Man, 2009) de Tom Ford, Finisterrae (2010) de Sergio Caballero, El regalo (The Gift, 2015) de Joel Edgerton y, por supuesto, Buried (2010), de Rodrigo Cortés, uno de los ejemplos más sorprendentes y demostrativos de esta complejidad apreciativa; un filme donde la preponderante limitación espacial es la clave para la construcción narrativa y, al mismo tiempo, supone uno de los mayores desafíos para un director de fotografía que tendrá que buscar la manera de transmitir y dirigir ese mensaje sin que su lente quede relegada a una opresiva posición como en la que se encuentra el protagonista. Pero ya nos lo había confesado: le encantan los desafíos y superar cualquier tipo de adversidad, algo que quedó sobradamente demostrado con esta película sobre la que ahora, casi ocho años después de su estreno, nos desvela todos los trucos y recursos que utilizó para obtener un resultado tan fascinante. Como si de una clase magistral se tratase, Edu nos habla sobre la concepción del proyecto, sus mayores preocupaciones, los problemas de iluminación, la planificación cromática, y todo tipo de detalles contados, como es habitual en él, con gran pasión y humildad, la misma humildad y compañerismo que le lleva a confirmar que su escena favorita de toda la película es, justo, una que realizó su operador de cámara.

    Actualmente, Grau acaba de terminar de filmar la película de Carlos Vermut, Quién te cantará; y se encuentra realizando el etalonaje de Gringo, de Nash Edgerton, dos trabajos de gran nivel que pronto estarán en nuestras salas de cine. Y sin más dilación, os dejamos con el vídeo.

    Eduard Grau & Alberto Sáez Villarino.

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