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    Crítica | La cura del bienestar

    A Cure for Wellness

    En las montañas de la locura

    crítica ★★★ de La cura del bienestar (A Cure for Wellness, Estados Unidos, Gore Verbinski, 2017).

    Es cierto que el nombre del realizador Gore Verbinski ha quedado íntimamente ligado a grandes superproducciones y al arte del entretenimiento a raíz de su participación en la trilogía inaugural de Piratas del Caribe , con la que Disney reinventó el género de aventuras marinas clásico, impregnándolo de una fuerte carga de fantasía y con Johnny Depp construyendo uno de sus personajes más emblemáticos, el del excesivo capitán Jack Sparrow. El enorme éxito comercial de la franquicia no fue extensible, sin embargo, a la particular adaptación que realizador y estrella llevaron a cabo para la casa de los sueños de El llanero solitario (2013), que, a pesar del rechazo de crítica y público, fue una cinta de lo más reivindicable, con algunas secuencias de acción tan brillantes (y cargadas de un sentido del humor alocado, cercano al dibujo animado) como la de los trenes. Sin embargo, al margen de estas incursiones en el blockbuster –o de su terrorífica The Ring (2002), remake del título de culto de Hideo Nakata que consiguió estar a la altura del original–, Verbinski siempre ha hecho gala de una extraordinaria originalidad a la hora de combinar géneros de forma imposible en sus propuestas más humildes. A esta corriente le debemos títulos tan apetecibles (y peor aceptados en taquilla) como Un ratoncito duro de roer (1997) –divertidísima comedia familiar con alma de cartoon Warner–, la atípica road movie The Mexican (2001) –con un gran James Gandolfini robando escenas a Brad Pitt y Julia Roberts en su papel de asesino a sueldo gay– o Rango (2011), uno de los filmes animados más peculiares de los últimos años, suerte de western cómico protagonizado por un camaleón (con la voz de Depp, por supuesto) que fue merecedor del Óscar a la mejor película de animación.

    Con La cura del bienestar , último trabajo que llega cuatro años después del fiasco de las aventuras de su llanero solitario, el cineasta parece decidido a no plegarse ante las exigencias de los grandes estudios, facturando la que posiblemente sea la obra más personal y arriesgada, hasta el momento, de su carrera. Él mismo es responsable de la historia –en colaboración con Justin Haythe, autor del guion de Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008)– de Lockhart, el joven y ambicioso ejecutivo de una gran multinacional que pasa por apuros económicos, que recibe el encargo de viajar hasta los Alpes suizos para traer consigo a un directivo de la empresa que permanece hospedado en el Volmer Institute, enigmático centro terapéutico de bienestar para gente adinerada. Un punto de partida que recuerda mucho al de la inmortal novela de Bram Stoker Drácula , donde el inexperto abogado Jonathan Harker se adentraba en lo desconocido al viajar hasta los Montes Cárpatos de Transilvania para entrevistarse con el mítico conde. Al igual que en aquella, el castillo reconvertido en prestigioso spa tiene su propia leyenda negra del pasado, acerca de un marqués que, 200 años atrás, emprendió en el lugar terribles experimentos con aldeanos de la zona, con el fin de sanar la infertilidad de su esposa, algo que, a día de hoy, aún continúa provocando el recelo de los lugareños. Una vez allí, Lockhart descubre que los huéspedes se encuentran en un extraño estado de sumisión y dependencia a los particulares tratamientos del Doctor Volmer, director del centro, y que la empresa de convencer a su jefe para que regrese a la civilización no va a ser tan sencilla, viéndose inmerso en una creciente espiral de pesadilla en la que realidad e imaginación se entremezclan peligrosamente, poniendo en serio peligro su salud mental. Verbinski construye un alambicado relato que comienza como metáfora de una sociedad actual enferma de avaricia para, acto seguido, sumergirse en los terrenos del thriller psicológico que tan bien manejó Martin Scorsese en su magnífica Shutter Island (2010), cuya acción también se desarrollaba en un hospital alejado del mundanal ruido y con muchos secretos entre sus muros.

    A Cure for Wellness

    «Pese a que sus casi dos irregulares horas y media acaban pesando como una losa, un proyecto del director de Piratas del Caribe en el que caben elementos tan escabrosos como el incesto, el sexo bizarro y escenas que rozan el gore, no merece ser desestimado por completo».


    Dane DeHaan carga sobre sus espaldas con el protagonismo de la cinta, dotando a su personaje de Lockhart del carácter torturado idóneo para ser azotado por los constantes descubrimientos y alucinaciones del lugar. Todos los habitantes parecen esconder algún tipo de misterio, desde ese aparentemente bondadoso Doctor Volmer (excelente Jason Isaacs) hasta la hermosa muchacha de aspecto virginal (una lolitesca Mia Goth) que deambula por las instalaciones, en medio de esa fauna de internos septuagenarios sin voluntad. Verbinski siempre ha sido un aventajado creador de atmósferas enrarecidas –el punto fuerte de The Ring – y aquí da rienda suelta a su talento para dotar al filme de una dirección artística muy barroca, que parece beber de cineastas con personalidades más marcadas como Tim Burton o Guillermo del Toro, y un envoltorio visual más que meritorio. Es una lástima que, a la hora de la verdad, el guion haga aguas por todas partes, ya que la acción se alarga hasta la extenuación, con una sucesión de imágenes más o menos perturbadoras –algunas, como la que tiene lugar en el interior de un tanque de agua con un montón de anguilas, extraordinarias–, servidas de manera arbitraria y conviviendo con pasajes un tanto fuera de lugar, como el de la taberna. Los responsables de La cura del bienestar tardan demasiado en desvelar sus auténticas cartas y dar rienda suelta a su locura en ese tramo final que, imbuido por el espíritu de Roger Corman, bebe de influencias como Edgar Allan Poe y H.P. Lovecraft en su disfrutable puesta al día de aquellos cuentos de horror gótico poblados de historias de amor fantasmales que sobreviven más allá del umbral de la muerte, pactos con el demonio y maldiciones ancestrales. Pese a que sus casi dos irregulares horas y media acaban pesando como una losa, un proyecto del director de Piratas del Caribe en el que caben elementos tan escabrosos como el incesto, el sexo bizarro y escenas que rozan el gore, no merece ser desestimado por completo. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica

    Estados Unidos. 2017. Título original: A Cure for Wellness. Director: Gore Verbinski. Guion: Justin Haythe, Gore Verbinski. Productores: David Crockett, Arnon Milchan, Gore Verbinski. Productoras: New Regency Productions / Blind Wink Productions / Studio Babelsberg. Fotografía: Bojan Bazelli. Música: Benjamin Wallfisch. Montaje: Pete Beaudreau, Lance Pereira. Diseño de producción: Eve Stewart. Reparto: Dane DeHaan, Jason Isaacs, Mia Goth, Ivo Nandi, Adrian Schiller, Celia Imrie, Harry Groener.

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