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    Crítica | Fast & Furious 8

    Superhéroes sobre ruedas

    crítica ★★★ de Fast & Furious 8 (The Fate of the Furious, F. Gary Gray, Estados Unidos, 2017).

    Mucho ha llovido desde que una humilde cinta de acción como The Fast & the Furious (Rob Cohen, 2001), con sus 38 millones de dólares de presupuesto, consiguiera dar la campanada en taquilla, recaudando más 200 millones de la misma moneda en todo el mundo. No era nada del otro mundo pero lo cierto es que aquella previsible historia de carreras de coches ilegales con policía infiltrado en una banda de delincuentes consiguió calar entre los aficionados al cine de acción, lanzando al estrellato a Paul Walker y Vin Diesel, quienes mostraron una palpable química que traspasaba la pantalla. Desde entonces, la modestia de la cinta inaugural fue desapareciendo progresivamente en una sucesión de secuelas a cual más lujosa y espectacular, constituyendo la que ya es la franquicia más larga y rentable de la Universal. Fast & Furious 7 (James Wan, 2015) dejó la saga en lo más alto, ya que causas extracinematográficas como la triste desaparición de Paul Walker hicieron que el capítulo acabara bañado de una emotiva carga de autohomenaje que gustó mucho y terminó encumbrándolo hasta el sexto puesto de las películas más taquilleras de la historia del cine. Todas las miradas estaban puestas en cómo los responsables de la serie se las apañarían para compensar la salida del personaje de Brian de la historia en la octava aventura de Dominic Toretto y su “familia”. El encargado de mantener el listón alto ha sido, en esta ocasión, F. Gary Gray, director de comprobada eficacia en el género gracias a títulos como Negociador (1998), Diablo (2003) –otro vehículo para lucimiento de Diesel– y, sobre todo, el trepidante The Italian Job (2003), en el que participaron Charlize Theron y Jason Statham, dos nombres que repiten con el realizador en esta cinta. Sin duda, hablamos de un cineasta con una personalidad mucho menos marcada que la de su antecesor James Wan, pero con el suficiente dominio de las escenas de acción como para no defraudar a los fans de la velocidad y la adrenalina.

    La historia comienza con Dom y Letty disfrutando de su luna de miel en Cuba, con sueños de llevar una vida normal tras haber dejado atrás el mundo del crimen. Con la banda disipada y el resto de integrantes fuera de circulación, las cosas se vuelven a complicar con la llegada de una enigmática mujer que obliga a Toretto a traicionar a sus seres queridos para embarcarse en una peligrosa misión que le llevará alrededor del mundo y que tiene como finalidad apoderarse de unos misiles nucleares. Si ya en sus primeros compases, la saga de Fast & the Furious pecaba de ser una fantasmada en toda regla, repleta de situaciones increíbles y escenas de persecuciones de imposible ejecución, en sus últimas cuatro entregas las características del producto fueron derivando desde el subgénero de bandas callejeras hacia el thriller de espionaje a lo Misión imposible, con tramas cada vez más rocambolescas que se iban nutriendo con la incorporación de nuevos personajes que enriquecían (por llamarlo de alguna manera) una particular mitología cargada de amistades a prueba de bombas, amores cruzados –el triángulo Vin Diesel / Michelle Rodriguez / Elsa Pataky tiene su miga– y villanos reconvertidos en compañeros de fatiga. Pues bien, en este octavo episodio los guionistas han tirado la casa por la ventana a la hora de rizar el rizo de sus demenciales planteamientos y han prescindido de cualquier atisbo de coherencia para confeccionar una película que tiene como única meta superar en pirotecnia y grandilocuencia todo lo visto con anterioridad y, en este aspecto, no defrauda en absoluto. Así, deslumbrantes set pieces como la de la carrera por las calles de La Habana –con asombrosos planos aéreos de la capital cubana–; el hackeo de automóviles en el centro de Manhattan, que culmina con una lluvia de coches desde el piso más alto de un parking; o el adrenalítico clímax final en el hielo, con un inmenso submarino soviético como plato fuerte, cumplen a la perfección con su labor de mantener al espectador con la boca abierta, anonadado ante el despliegue de efectos especiales, montaje infernal y sonido atronador (a menudo compaginado con pegadizos temas de reggeaton) que se sucede ante sus ojos.

    «Las apariciones especiales de Luke Evans y, sobre todo, Helen Mirren, son de agradecer dentro de una secuela muy divertida, cumplidora y repleta de guiños que, más que nunca, se acerca en cuanto a características al cine de ciencia ficción en su faceta superheroica».


    Pero no nos engañemos, la fuerza cinética que ha hecho que la saga alcance su octavo round en tan envidiable estado de salud, reside en el carisma de ese Toretto de una pieza, fiel amigo protector de los suyos, con una filosofía cercana a la de Robin Hood y que le ha supuesto a Vin Diesel el papel de su vida. Sin embargo, su liderazgo se ha visto amenazado en los últimos tiempos a causa de que los guionistas han terminado apostando por dar más cancha a las nuevas incorporaciones, haciendo que el protagonismo sea más coral. Esto ha beneficiado sobremanera a Tyrese Gibson –el más fanfarrón y graciosillo del grupo– y, sobre todo, al hercúleo Dwayne Johnson y a Jason Statham. Estos dos últimos han creado aquí una divertidísima química, responsable de que una secuencia como la del motín en la prisión (con previo pique de egos desde sus respectivas celdas) termine resultando brillante. Por cierto, Statham se adueña de la función, sacando esa increíble vis cómica que ya le descubrimos en Espías (Paul Feig, 2015), en una simpatiquísima escena en la que tiene que cargar con un bebé en medio de la acción. El apartado interpretativo se completa con Kurt Russell y Scott Eastwood reforzando el bando de los buenos con corrección, y una Charlize Theron que, en el papel de la villana Cipher, pone miradas frías como nadie y saca partido de su impactante presencia, pero se antoja un tanto desaprovechada, si tenemos en cuenta lo que hizo con su rol de Imperator Furiosa en Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015). Las apariciones especiales de Luke Evans y, sobre todo, Helen Mirren, son también de agradecer dentro de una secuela muy divertida, cumplidora y repleta de guiños que, más que nunca, se acerca en cuanto a características al cine de ciencia ficción en su faceta superheroica, ya que sus situaciones límite sobrepasan las barreras del tiempo y del espacio y sus personajes parecen inmortales, capaces de sobrevivir a las mayores de las catástrofes. Lo que está claro es que queda gasolina suficiente para que el invento culmine la ansiada decalogía que conmemorará, en 2021, los 20 años desde el inicio del serial. Los motores de Fast & Furious 9 ya están rugiendo y, vistos los más de 500 millones de recaudación de la cinta que nos ocupa en su primer fin de semana en cartel, muchos son los que estarán encantados de apuntarse a la fiesta. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2017. Título original: The Fate of the Furious. Director: F. Gary Gray. Guion: Chris Morgan, Gary Scott Thompson. Productores: Vin Diesel, Michael Fottrell, Chris Morgan, Neal H. Moritz. Productoras: Universal Pictures / One Race Films / Original Film. Fotografía: Stephen F. Windon. Música: Brian Tyler. Montaje: Paul Rubell, Christian Wagner. Diseño de producción: Bill Brzeski. Reparto: Vin Diesel, Michelle Rodriguez, Dwayne Johnson, Charlize Theron, Jason Statham, Tyrese Gibson, Ludacris, Nathalie Emmanuel, Kurt Russell, Scott Eastwood, Elsa Pataky, Helen Mirren, Luke Evans, Kristofer Hivju, Tego Calderon, Don Omar. Celestino Cornielle, Janmarco Santiago, Patrick St. Esprit.


    El fulgor efímero

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