Introduce tu búsqueda

  • Dos ventanas al vacío.
    A Ghost Story, de David Lowery.

    Cock-a-Doodle Dandy.
    Free Fire, de Ben Wheatley.

    En la sombra de la Bohemia.
    Especial 52º Festival de Karlovy Vary.

    Feminismo bizarro.
    Love Witch, de Anna Biller.

    Crítica | El fundador

    The Founder

    Manual de biografía rápida

    crítica ★★★ de El fundador (The Founder, John Lee Hancock, Estados Unidos, 2016).

    El sueño americano. Esa filosofía que mueve a la sociedad de Estados Unidos (esa que tanto presume de adalid de ideales como democracia, igualdad o derechos civiles) basándose en que todos los ciudadanos, sin distinción de clase social o cualquier otra circunstancia, deberían tener las mismas oportunidades para triunfar en su trabajo y, así, llevar una vida más rica y próspera. Pensar que todo el que consigue el éxito lo hace gracias a su esfuerzo, perseverancia y méritos propios, sería un acto de credulidad, ya que siempre han existido triunfadores profesionales que han llegado a la cima aparcando a un lado cualquier tipo de escrúpulo o moralidad y dejando muchos cadáveres en el camino, amparándose en aquella frase hecha de que “el fin justifica los medios”. Sin ir más lejos, David Fincher nos ofreció en su aclamada La red social (2010) una afilada versión de las tretas manejadas por Mark Zuckerberg hasta convertirse en el billonario más joven de la historia con su revolucionario concepto de red social que terminaría siendo Facebook, con acusaciones de robo de ideas y pérdidas de amistades como daños colaterales. En una línea similar se movería también el biopic que, sobre la figura de Ray Kroc, el hombre que convirtió a McDonald´s en la mayor franquicia de comida rápida del mundo, ha realizado John Lee Hancock, todo un especialista en cintas “basadas en hechos reales”, con títulos como The Blind Side (2009) o Al encuentro de Mr. Banks (2013). A diferencia de estas, El fundador (2016), lejos de suavizar la historia o ser amable con el personaje retratado, emerge como la radiografía, progresivamente oscura, de un pobre diablo que, tras media vida tratando de salir de la mediocridad, encuentra una vía fácil para alcanzar el éxito a costa de los logros obtenidos por otros.

    En la década de los 50, Ray Kroc no es más que un vendedor ambulante que recorre las carreteras de Estados Unidos intentando que le compren, sin demasiado éxito, sus batidoras. Elocuente, con la verborrea de un predicador y un don de gentes incuestionable, lanza sobre sus presas confusos mensajes sobre la oferta y la demanda (comparaciones con el eterno dilema sobre qué fue primero, el huevo o la gallina) para convencerlas de que adquieran sus productos. Durante una de estas operaciones, Kroc llega a San Bernardino, en el sur de California, donde descubre un pequeño negocio que le deja impresionado. Se trata de una hamburguesería, regentada por los hermanos Richard y Maurice McDonald, que se ha ganado una fiel clientela local gracias a la calidad de su comida y, sobre todo, a la rapidez (15 segundos) con la que esta se despacha. Es entonces cuando se enciende una bombilla en su calculadora mente de empresario, vislumbrando las enormes posibilidades que el mecanismo de trabajo en las cocinas de los McDonald puede tener para convertir en franquicia internacional lo que hasta el momento tan solo es una modesta cadena con pocos establecimientos, de carácter casi familiar. Kroc comienza a cortejar a los hermanos, asegurándoles que su negocio puede simbolizar un nuevo templo sagrado que, al igual que las iglesias, reuniría a todas las familias americanas, con la ventaja de que McDonald´s abriría sus puertas los siete días de la semana. Así, después de hacerse socio de sus víctimas (unos tipos trabajadores y honestos, nada ambiciosos y más preocupados en mantener los índices de calidad de sus servicios que en hacer fortuna de ellos), Kroc se las arregló para levantar el imperio McDonald´s, expandiendo su fuero de costa a costa, no sin antes arrebatar los derechos, a base de malas artes, a los auténticos creadores de la fórmula.

    The Founder

    «El fundador es una biografía filmada muy entretenida que ha elegido el camino de la convencionalidad y la falta de riesgo para contar una historia que está muy por encima de la propia película».


    Un personaje tan poliédrico y lleno de claroscuros como Ray Kroc, al que vemos primero en sus horas bajas, prometiendo a su esposa una vida mejor que nunca llega, pero que, poco a poco, va vendiendo su alma al diablo para alcanzar su objetivo, ha encontrado su representación perfecta en un magnífico Michael Keaton. Su interpretación es tan vibrante y carismática que hace que la línea entre el simpático sinvergüenza y el monstruo depredador sea tan sutil que cualquiera puede verse reflejado en su desmedido entusiasmo. Frente a él, John Carroll Lynch y Nick Offerman –impagables las confrontaciones de este último con Keaton, vía telefónica– ofrecen unas admirables réplicas como los hermanos McDonald, la otra cara de la moneda. El guion de Robert D. Siegel tiene muy claro que ellos fueron los títeres de los que se valió Kroc, usando todos sus trucos de manual del emprendedor, para enriquecerse. Por eso, al contrario que la amplia gama de matices de la que hace gala el rol de Keaton, los de los dos hermanos son unos buenazos de manual, arquetípicos y poco desarrollados. El fundador cuenta con una historia apasionante que, sin duda, merecía ser contada en cine, pero se echa en falta la mano de un director más mordaz detrás para elevar su potencial hasta las más altas cotas. Tampoco ayuda a hacerla memorable la poca personalidad y creatividad de su estilo –algo que diferencia a un artesano como Hancock de un autor como Fincher–, a pesar de que en terrenos de ambientación y dirección artística, el filme está a la altura. La galería de personajes secundarios está algo desdibujada –sobre todo una Laura Dern que, aun así, salva con profesionalidad sus escasas escenas como la esposa de Kroc, otra de las personas que abandona en la cuneta cuando se hace millonario– y, junto a algún momento aislado rodado con ingenio –el largo flashback que muestra los primeros intentos de los hermanos McDonald de hacer prosperar sus empresas (con interesante uso del plano cenital incluido)–, conviven otros que parecen fuera de lugar –ese numerito musical de Keaton y Linda Cardellini al piano– y aportan poco a la trama. En definitiva, El fundador es una biografía filmada muy entretenida que ha elegido el camino de la convencionalidad y la falta de riesgo para contar una historia que está muy por encima de la propia película. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: The Founder. Director: John Lee Hancock. Guion: Robert D. Siegel. Productores: Don Handfield, Jeremy Renner, Aaron Ryder. Productoras: FilmNation Entertainment / The Combine. Distribuida por The Weinstein Company. Fotografía: John Schwartzman. Música: Carter Burwell. Montaje: Robert Frazen. Diseño de producción: Michael Corenblith. Reparto: Michael Keaton, Nick Offerman, John Carroll Lynch, Linda Cardellini, Laura Dern, B.J. Novak, Patrick Wilson, Justin Randell Brooke, Kate Kneeland. PÓSTER OFICIAL.

    El fulgor efímero

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Festivales

    • El cine de Olivier Assayas. Una mirada a su filmografía

      Por Ignacio Navarro / «Todo lo que se necesita para hacer una película es una mujer y una pistola. Esta frase un tanto discutible (por lo sexista) la pronunció Jean-Luc Godard, nada menos que el estandarte de esa corriente tan identificable del cine como fue la Nouvelle Vague...».
    • Las 10 mejores películas de Luis Buñuel

      Por Alberto Sáez Villarino. «A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton: Un perro andaluz y La edad de oro...».
    • Monstruos que huyen, monstruos que persiguen, monstruos que observan: M, el vampiro de Düsseldorf

      Por Elisenda N. Frisach. «Fue a mediados del siglo pasado, cuando Europa se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial mientras se encaminaba a una tercera contienda de alcance planetario –aunque esta vez marcada por un equilibrio del terror conocido como «Guerra Fría»–, que el historiador francés Daniel Halévy publicó su libro Ensayo sobre la aceleración de la historia (1948), donde, entre otras cosas, determinaba el espíritu de nuestra época; un zeitgeist marcado por la constante transitoriedad tecnológica y científica...».

    Classics

    [12][Trailers][slider3top]