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    Crítica | La reconquista

    La reconquista

    Del amor y el tiempo

    crítica de La reconquista (Jonás Trueba, España, 2016).

    Jonás Trueba es un cineasta del antes y el después. En toda su corta pero excelente filmografía, se ha centrado en retratar los aledaños temporales a la relación propiamente dicha, es decir, el cortejo inicial y, sobre todo, el reencuentro tras la ruptura. Es en este último caso en el que deslumbra de manera más evidente. Por la propia naturaleza del hecho filmado, sus relatos y personajes están cargados de la melancolía de quien mira hacia atrás con la duda de saber si el presente que vive es mejor que el futuro que le deparaba la historia de amor truncada. Ese miedo intrínseco del ser humano a saber si se ha acertado aun habiéndose convencido de que la vida sigue. Quizá por ello, sus películas muestran sin tapujos un romanticismo que no acaba de casar con una época donde el idealismo parece estar pasado de moda; una época en la que, por suerte, los roles de género están cada vez más alejados de los encasillamientos propios de una sociedad paternalista. Puede que, justo por eso, el cine de Trueba cause rechazo en aquellos espectadores que demanden puntos de vista nuevos sobre la pareja y el amor. Él, sin duda, no los propone. Al contrario, Trueba se mueve dentro de un círculo expresivo donde personajes, tramas e imágenes conviven dentro de un microcosmos cinematográfico donde los sentimientos casi se pueden tocar tras cada palabra, tras cada silencio. Al igual que en sus anteriores obras, en La reconquista podemos encontrar todas las constantes de su cine: el uso de la música como hilo conductor de la narración y las emociones (en esta ocasión, la del cantautor Rafael Berrio); una concepción del amor romántico e idealizado; unos diálogos que respiran verdad interpretados de un modo desacomplejado y real, cargando de pausas cada pensamiento; y los referentes propios de su cine: Rohmer, Eustache, Garrel, Sang-soo (licor de arroz mediante)… Aunque, en este último caso, esta insistencia por nombrar y listar referentes afrancesados cada vez que nos topamos con un filme de Trueba (en ocasiones, como si se tratase de algo negativo), esconde un hecho inevitable que La reconquista viene a confirmar. El joven director madrileño ha realizado un proceso de asimilación del cine con el que disfruta para cincelar un estilo propio, que bebe de tantas referencias como lo hace cualquier otro creador de cualquier disciplina. Y, como decíamos, este último trabajo certifica su universo estilístico en cuanto que es el más depurado y elegante, el más cuidado a nivel narrativo y estructural, y también el menos autoconsciente filosóficamente.

    Su cuarto largometraje parece venir a cerrar un círculo narrativo abierto con su ópera prima. Como él mismo las define, su debut, Todas las canciones hablan de mí, es una película de guion y literaria; Los ilusos lo es de montaje; y Los exiliados románticos es una cinta de rodaje. En La reconquista encontramos una refinación de estos tres aspectos: un libreto muy trabajado y pulido, especialmente en los diálogos y en ese juego de ocultar/mostrar/repetir las cartas que se escriben los amantes o las canciones que escuchan; una edición que refuerza estas resonancias internas y dota al filme de la estructura narrativa más pensada y férrea de su filmografía; una sensación de levedad y pureza en las interpretaciones de todos los actores que refuerza esa efecto de cine hecho casi desde la improvisación, desprovisto de cualquier floritura interpretativa que enmascare la realidad de los sentimientos. En La reconquista Trueba vuelve a hablar sobre el amor y el tiempo, pero el camino que recorre para canalizar las vivencias de sus protagonistas es un tanto diferente. Olmo y Manuela se reencuentran una noche de invierno en Madrid tras años sin verse, 15 años después de compartir juntos la experiencia del primer amor adolescente, y lo hacen para mirarse a los ojos, desnudar su presente y recordar juntos las promesas del pasado. Aunque el título pueda llevar a algún engaño inicial, La reconquista en ningún momento habla de la necesidad de recuperar un amante del pasado, sino de reconquistar un recuerdo, la idea de un amor, el sueño de una historia, la certidumbre de un estado romántico perdido en el camino a la madurez. Algo, en definitiva, que dé sentido a quienes somos en el presente. La reconquista del tiempo. Entre conversaciones, canciones, alcohol y swing, ese recuerdo se convertirá en deseo, y el deseo en pecado (nunca una mirada había sido más explícita que un beso).

    La reconquista

    «Estamos ante la obra de madurez estilística de un director que se siente cómodo con el universo de personajes e historias en el que mueve sus hilos. Una invitación a sentirse siempre como un principiante pese a las duras penas que irremediablemente el amor nos depara: como apunta el poema de Juan Antonio González Iglesias que abre el filme, a poner el corazón en el futuro y esperar nada más».


    La soberbia primera mitad de la cinta se centra en el transcurso de esa noche, en como el tiempo va cavando sus surcos en los pantanosos terrenos de la memoria y va desenterrando emociones, pasiones y heridas. Cuando amanece, con los primeros rayos de un sol frío e invernal, el camino de regreso a casa en moto nos devuelve a la realidad vigente. Tras una pequeña escena en la que Olmo relata a su pareja lo sucedido, Trueba dedica la segunda mitad a poner en imágenes el recuerdo verbalizado anteriormente por él y Manuela. Las palabras escritas en sus exaltadas cartas que rememoran los dos adultos encuentran su eco en los dos adolescentes que las escriben y leen por primera vez; las canciones que despiertan sus sentimientos en la noche madrileña son escuchadas por primera vez por los jóvenes amantes mientras se dan los primeros besos. Este juego temporal provoca una serie de reiteraciones que ayudan a tejer los hilos del subtexto y enriquecen esa pátina de nostalgia romántica de la que están recubiertas las pequeñas grandes leyendas de amor. Sin rencores ni dramas y con el único efecto especial de los sentimientos en estado puro, Jonás Trueba firma en La reconquista su cinta más adulta y completa que consagra su modo de mirar. Estamos ante la obra de madurez estilística de un director que se siente cómodo con el universo de personajes en el que mueve sus hilos. Una invitación a sentirse siempre como un principiante pese a las duras penas que irremediablemente el amor nos depara: como apunta el poema de Juan Antonio González Iglesias que abre el filme, a poner el corazón en el futuro y esperar nada más. | ★★★★★ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / 64 Festival de San Sebastián
    Artículo readaptado de la crítica publicada en la crónica número VII del 64SSIFF.


    Ficha técnica
    España, 2016. Título original: La reconquista. Dirección: Jonás Trueba. Guion: Jonás Trueba. Productora: Los Ilusos Films. Distribuidora: Cine Binario. Fotografía: Santiago Racaj. Montaje: Marta Velasco. Música: Rafael Berrio. Reparto: Itsaso Arana, Francesco Carril, Aura Garrido, Candela Recio, Pablo Hoyos. Duración: 108 minutos. PÓSTER OFICIAL de LA RECONQUISTA: LINK.

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