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    Crítica | Peter y el dragón

    Peter y el dragón

    Donde viven los monstruos

    crítica de Peter y el dragón (Pete´s Dragon, David Lowery, EE.UU., 2016).

    Después de experimentar con la combinación de animación real y animación en musicales como Los tres caballeros (Norman Ferguson, 1945) –con el Pato Donald, José Carioca y Pancho Pistolas sirviéndonos de guías turísticos a través de Latinoamérica– o Canción del sur (Harve Foster, Wilfred Jackson, 1946) –aquel controvertido clásico que permanece desde hace años fuera de circulación por su idílica imagen sobre la esclavitud–, la factoría Disney consiguió alcanzar la perfección con Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964), la maravillosa historia de la niñera mágica basada en la obra de P.L. Travers e interpretada para la ocasión por una pletórica Julie Andrews. El formidable éxito comercial de aquella película, así como los cinco Oscars conseguidos, volvieron a animar a los estudios a repetir la fórmula en la también estupenda La bruja novata (Robert Stevenson, 1971) y, de forma un tanto tardía, en Pedro y el dragón Elliot (Don Chaffey, 1977), un filme que, si bien no obtuvo la misma repercusión de sus predecesoras, sí consiguió ganarse un hueco en el corazón de muchos niños de la época con su historia de amistad entre un pequeño huérfano y un enorme dragón verde capaz de hacerse invisible. Las claves del relativo fracaso de éste último habría que buscarlas en un tono demasiado ñoño de su fábula, unas canciones sin demasiado gancho y el poco carisma de un reparto al que los veteranos Mickey Rooney y Shelley Winters (en horas bajas) intentaron, sin éxito, dar algo de pedigrí. Resulta curioso que la fábrica de los sueños más famosa del mundo haya decidido sacar a aquel filme del olvido para, después de un conveniente (y necesario) lavado de cara, presentar su historia a las nuevas generaciones.

    Pese a que la base del nuevo Peter y el dragón (2016) viene a ser la misma, esa amistad inquebrantable entre el niño y el mitológico animal, el impactante prólogo del remake nos presenta unos orígenes de la misma bien distintos a los que conocíamos. Si en la original de 1977, el pequeño Pedro huía de la esclavitud a la que era sometido por su familia adoptiva en compañía de su amigo (no tan) imaginario, la nueva versión comienza con un accidente de tráfico que sesga la vida de los padres del niño, quedando este solo y desamparado en medio del bosque, para, a continuación, acabar bajo la protección de ese dragón al que bautiza con el nombre de Elliot. A lo largo de siete años, los inseparables compañeros conviven lejos del mundanal ruido, propiciando una versión del personaje de Pedro un tanto asilvestrada y muy cercana a otros héroes (curiosamente, también readaptados este año para el cine) como Tarzán o el Mowgli de El libro de la selva. Esta vida despreocupada e idílica se verá enturbiada, cómo no, con la entrada de nuevos seres humanos en la historia. El dibujo de estos personajes no puede ser más básico y funcional, desde la amable guarda forestal, madre de una niña de la misma edad de Pedro y enfrentada a la tala indiscriminada de árboles de la zona realizada por su ambicioso cuñado (ese antagonista que nunca puede faltar en este tipo de productos, que ni siquiera llega a la categoría de villano), al anciano tallador de madera al que todo el pueblo toma por chiflado por las historias que cuenta sobre avistamientos de dragones. El encuentro de Pedro con estas bondadosas personas le hace enfrentarse al dilema de tener que elegir entre seguir en compañía de su verde amigo, al margen de la civilización, o aprovechar la oportunidad que el destino de da para formar parte de una nueva familia.

    Peter y el dragón

    «Una fantasía familiar de factura clásica y menos esclava de las concesiones comerciales de lo que pudiera parecer a primera vista, que compensa la previsibilidad de su historia con unas genuinas dosis de emoción».


    Lo primero que llama la atención de este remake es el espíritu añejo, de aventura familiar de antaño, que su director ha elegido para la ocasión. Peter y el dragón no se parece a otras nuevas relecturas de Disney, tan preocupadas por sorprender a toda costa mediante apabullantes efectos digitales, sino que prefiere apostar por la vertiente dramática y humana del relato, reduciendo las florituras visuales a las apariciones de Elliot, más generosas de lo que cabría esperar después del celo con que se salvaguardó su imagen en los tráileres. El diseño del animal, más cercano al perro Fujur de La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), que al Elliot de animación 2D de la primera versión, está muy logrado, consiguiendo que resulte adorable y encantador, y funcionando a la perfección en las escenas en que interactúa con el joven Oakes Fegley, muy correcto en su papel de Peter. Bryce Dallas Howard, que parece haberle cogido el gusto a verse rodeada de monstruos gigantes tras el éxito de Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015), ofrece su mejor sonrisa como la maternal Grace, mientras que Robert Redford demuestra que la veteranía es un grado, aportando al Sr. Meacham, su personaje de cuentacuentos lunático, una gran carga de humanidad y amor a la naturaleza. En este aspecto, se agradece el marcado mensaje ecologista y los numerosos valores morales que introduce en su guion Peter y el dragón, así como un tono cándido bastante en desuso desde los tiempos del Spielberg de los 80.

    Quienes esperen encontrar en este Peter y el dragón un trepidante espectáculo de aventuras repleto de acción, pueden llevarse un chasco considerable, ya que lo que predomina en la cinta son los buenos sentimientos y ese reflejo de cómo la falta de escrúpulos de los hombres es capaz de acabar con esa naturaleza de la que se cree dueño y señor. David Lowery, responsable del interesante drama criminal En un lugar sin ley (2013), se olvida de las innecesarias canciones y el sentido del humor de la seminal Pedro y el dragón Elliot para entregar un drama intimista y reposado, con una puesta en escena mucho más esmerada, que saca el máximo partido a las impresionantes localizaciones neozelandesas y a una banda sonora de David Hart maravillosa (aunque demasiado omnipresente, sobre todo en la primera mitad de la película), en la que destaca su uso de la música country, perfecta para el carácter costumbrista de la narración y los ambientes rurales en los que acontece. Dentro de los presupuestos desorbitados que Disney suele manejar en sus propuestas fantásticas, Peter y el dragón vendría a ser un trabajo relativamente modesto, presupuestado en unos 65 millones de dólares que cabría considerar más que suficientes si tenemos en cuenta la escasa rentabilidad del material original. Aun así, cabe reconocer que los resultados artísticos son de lo más satisfactorios, superando con creces los logros del filme original en todos los aspectos, y entregando una fantasía familiar de factura clásica y menos esclava de las concesiones comerciales de lo que pudiera parecer a primera vista, que compensa la previsibilidad de su historia con unas genuinas dosis de emoción. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: Pete´s Dragon. Diirector: David Lowery. Guion: S.S. Field, Toby Halbrooks, David Lowery, Seton I. Miller). Productor: James Whitaker. Productora: Walt Disney Productions. Fotografía: Bojan Bazelli Música: Daniel Hart. Montaje: Lisa Zeno Churgin. Dirección artística: Ken Turner. Reparto: Oakes Fegley, Bryce Dallas Howard, Oona Laurence, Robert Redford, Karl Urban, Wes Bentley, Isiah Whitlock Jr.

    Póster: Peter y el dragón
    Feelmakers

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