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    Crítica | Stranger Things

    Stranger things

    Una ración de nostalgia ochentera

    crítica del episodio piloto de Stranger Things.

    Netflix | EEUU, 2016. Directores y guionistas: Los Hermanos Duffer. Reparto: Winona Ryder, David Harbour, Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Cara Buono, Noah Schnapp, Matthew Modine, Joe Chrest, Joe Keery, Rob Morgan, Shannon Purser, John Reynolds, Mark Steger, Chris Sullivan, Randall P. Havens. Fotografía: Tim Ives. Música: Kyle Dixon & Michael Stein.

    Se ha dicho tanto, desde la presentación del proyecto, pasando por las primeras imágenes, el tráiler y finalmente las críticas de los primeros episodios, que Stranger Things es un cariñoso homenaje al cine de los 80, especialmente al que hicieron Steven Spielberg y Robert Zemeckis, que uno no puede sacudirse ese mantra como espectador cuando está viendo la serie. Si ya J.J. Abrams rindió su particular carta de amor a la misma época y tipo de cine con la notable Super 8 (2011), los hermanos Mark y Ross Duffer convierten esas dos horas en ocho –por el momento–, fichan a una niña de la época para ser simbólica madre (la excelente Winona Ryder) y crean una clásica situación de suspense rodada como cine y con absoluto potencial de enganche, y más teniendo en cuenta que ya está disponible la temporada entera, como es la norma con las series de Netflix. El prólogo ya atrapa, y abre las posibilidades de múltiples teorías sobre ese monstruo que se esconde y juega con la electricidad y ese niño desaparecido que se ha convertido en su objetivo. Como escenario, un pequeño pueblo de la América rural, donde no suele pasar nada y todos se conocen. No puede ser una situación más de manual ni adrede, pero aun así los Duffer y su equipo se las ingenian para, sin ofrecer nada especialmente sorprendente en esta presentación de la historia, lograr que uno quiera ver el segundo capítulo de inmediato.

    Es la combinación de suspense y tensión, la música y los encuadres, las bromas y la crispación, que se mezclan en una coctelera que da como resultado nostalgia pura y plenamente autoconsciente de serlo. Pero no solo de eso, sino de su condición de primera entrega, hecha por tanto sin la necesidad de servir los elementos necesarios para que el piloto sea escogido de una multitud. Trabajar con Netflix implica presentar la idea completa, y los Duffer ya tienen experiencia tanto en el formato seriado –trabajaron en la primera temporada de Wayward Pines (2015-)– como en cine, donde debutaron con Hidden: Terror en Kingsville (Hidden, 2015) tras curtirse con varios cortometrajes. Su foco de atención es el terror y la intriga, y a lo largo de estos 47 minutos plantan y hasta empiezan a germinar diferentes semillas para atraer nuestra atención en todo momento. Su apuesta por lo sobrenatural es evidente, y hay elegancia en su puesta en escena y en su manera de dosificar los sustos y sorpresas, sin enseñar más de lo debido para que el resto lo rellena la imaginación de la audiencia. Dentro del amplio catálogo de series de Netflix, Stranger Things satisface varias necesidades. Su diseño e intenciones la convierten en una perfecta serie para verse en maratón, y su pasión nostálgica hará que los amantes del cine de la época la consuman con frenesí. Si es capaz de desarrollar en buen equilibrio su drama (sempiternos hogares rotos) y su intriga (con la misteriosa niña nº 11), quizá estemos ante uno de los grandes entretenimientos del verano. Diseñado para ello está, así que la mitad del trabajo está hecho. (75/100).

    El fulgor efímero

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