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    Crítica | ¿Qué invadimos ahora?

    ¿Qué invadimos ahora?

    The european dream

    crítica de ¿Qué invadimos ahora? (Where to Invade Next, Michael Moore, Estados Unidos, 2015).

    Estamos en año electoral en Estados Unidos, y por tanto la maquinaria política trata de inyectar ilusión en los votantes y llenarles de esperanza sobre lo que su país es capaz de realizar. Los candidatos de sendos partidos son ya cuasi oficiales, y mientras que Hillary Clinton representaría una continuación de la administración de Obama, es Donald Trump el que acapara más incertidumbres y miradas. Lo hace tanto por su carisma y elocuencia como por sus propuestas un tanto utópicas, aunque en la línea de ese renovante optimismo que se apodera de una población cuando se avecina un cambio de gobierno. Y esto es algo especialmente cierto en un país cuya mitología siempre lo ha situado por encima del resto. Pese a la extravagancia de su programa, y la poca simpatía que ha suscitado entre los republicanos, lo cierto es que Trump insiste en algunos de los objetivos conservadores de siempre, como bajar los impuestos hasta cuotas insospechadas. Son medidas que parecen difíciles de cuadrar económicamente y que serían, tal como están planteadas, un techo cuya construcción parcial ya se consideraría un éxito. Pero lo cierto es que tales metas quedan lejos de los niveles sociales de los que disfrutamos quienes vivimos en Europa, incluso cuando lo hacemos con cierta insatisfacción. No deja de ser paradójico que la mayor potencia mundial no pueda asegurar a sus ciudadanos, independientemente de sus recursos, ciertas prestaciones básicas, exigiendo para ello una contribución añadida propia de un modelo donde predomina lo privado sobre lo público. Esta visión comparada es de hecho otro déficit muy norteamericano, que los candidatos presidenciales se cuidan de no corregir, ya que saben que socavaría su mensaje. De lo contrario sus simpatizantes no se contentarían ni siquiera con esos proyectos que parecen ideales, sino que exigirían su reformulación, rebajando gastos excesivos como los militares, y así las cuentas sí cuadrarían y se alcanzarían resultados mucho más beneficiosos para todos.

    En este contexto es muy oportuno el estreno del último documental de Michael Moore, ¿Qué invadimos ahora? (Where to Invade Next, 2015). Manteniéndose fiel a su consabida e irónica crítica hacia el sistema de su país de origen, este cineasta desarrolla en su última cinta un enfoque más global: ya no se centra en la industria armamentística, la política exterior o la administración sanitaria, sino que recupera ese análisis comparado que adelantábamos, entre Estados Unidos e Europa, extendiéndolo a cuestiones diversas como las vacaciones laborales, la labor policial o la comida escolar. Para ello se traslada a varios países europeos, entre otros Italia, Finlandia o Alemania, además de Túnez, desplegando en ellos su tradicional mezcla de entrevistas familiares e imágenes de archivo tan impactantes como hilarantes. Charla desde con trabajadores de clase baja y alumnos anodinos hasta con ejecutivas consagradas o políticos de alto standing: así el ministro de sanidad portugués o el presidente de Eslovenia. Y en cuanto a los montajes conexos, contrastan por ejemplo el genocidio hitleriano con la esclavitud y la segregación, o a un grado menos polémico el trato carcelario a ambos lados del atlántico. En este punto es donde más se une la indignación con la risa, pues pasamos de presenciar grabaciones caseras sobre la humillación que sufren algunos prisioneros norteamericanos a manos de sus guardias, hasta asistir a otro video más profesional que han elaborado los vigilantes penitenciarios noruegos para acoger a sus huéspedes, al son de We Are the World de USA for Africa. Moore conserva a duras penas su humor mientras comenta en off que estos funcionarios querían lanzar un claro mensaje a los reos. Y es que, aunque el primer ejemplo revela algo muy serio y el segundo parece una broma, resulta que este último es el más digno y eficaz.

    ¿Qué invadimos ahora?

    «Falta algo de profundidad en un trabajo que precisamente quiere hacer gala de ella, aunque ello no impide que el mismo sea disfrutable y apreciable a un nivel superficial».


    Gracias a estos ocurrentes paralelismos, el documental avanza a buen ritmo sin necesidad de recurrir a grandes golpes de efecto, aunque también acaba pecando de cierto maniqueísmo. Su director admite al principio que solo pretende destacar lo que le interesa, es decir, lo más positivo de nuestros sistemas para oponerlo a lo que falta en el suyo, aunque para ello deba omitir ciertos matices propios de aquellos. De lo contrario su crítica perdería fuerza emotiva y capacidad instructiva. Sin embargo, con esta premisa el relato funciona de manera muy distinta según la nacionalidad y residencia de su espectador. Si bien está dirigido, por naturaleza, al citado público norteamericano, su estreno en nuestro país no carece de sentido, ya que entonces la farsa adquiere otra dimensión. Lo que hacemos no es sorprendernos de no poder contar con los beneficios descritos, sino sorprendernos de que los mismos parezcan sorprendentes. Esta bidireccionalidad de hecho ya no es tan sencilla y se vuelve un tanto confusa con algún caso extremo, como los empleados alemanes que al sufrir stress tienen derecho a una estancia pagada en un spa. Para nosotros, Alemania representa un país de ilusionante emigración pero también de precariedad y minijobs, y cuando Moore entrevista ahí a los trabajadores de una fábrica que le aseguran vivir muy cómodamente, sin tener que acudir al pluriempleo, la suspensión de la incredulidad se tambalea. No dudamos que existan tales supuestos, pero ceñirse a ellos para ilustrar un funcionamiento global, al margen de la advertencia inicial que haya hecho el director, traiciona un tanto su empresa. Los ejemplos seleccionados no son arbitrarios, como demuestra la conclusión final que da algo más de sentido al conjunto, y que no vamos a spoilear aquí, pero no todos ellos logran el efecto deseado. En otras palabras, parecen a veces introducidos con calzador para intentar dar mayor sentido a un viaje que, de lo contrario, se quedaría en un sucedáneo apenas más cinematográfico que un programa callejero al estilo de Españoles por el mundo. En definitiva, falta algo de profundidad en un trabajo que precisamente quiere hacer gala de ella, aunque ello no impide que el mismo sea disfrutable y apreciable a un nivel superficial. | ★★★ |


    Ignacio Navarro Mejía
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2015, Where to invade next? Dirección: Michael Moore. Guion: Michael Moore. Productoras: Dog Eat Dog Films / IMG Films. Fotografía: Rick Rowley & Jayme Roy. Montaje: Pablo Proenza, Woody Richman & Tyler H. Walk. Duración: 120 minutos.

    Póster: ¿Qué invadimos ahora?
    El fulgor efímero

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