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    Crítica | Under electric clouds

    Under electric clouds

    Plúmbeos aniversarios simbólicos

    crítica de Under electric clouds (Под электрическими облаками, Pod elektricheskimi oblakami, Aleksei German Jr, Rusia, 2015).

    Tiene que resultar complicado, como cineasta ruso, querer aproximarse a las grandes fechas históricas sin caer en simplificaciones y dispuesto a recibir ataques constantes. En el cine español, por ejemplo, existe todavía ese malintencionado comentario que dice que solo se hacen películas de la Guerra Civil/Posguerra. Y lo que muchos no entienden (o quieren entender) es que fueron periodos con sus luces y sus sombras. Hace casi 80 años del estallido del conflicto, y queda mucho que decir. Y debe ser dicho. Las ramificaciones son complicadas, y cada documento, de cualquier naturaleza, que pueda crearse añadirá algo interesante a la mezcla. Panfletista u objetiva, cualquier aportación merece la pena. Con la Revolución Rusa o el final de la URSS debe suceder algo parecido, aunque las acusaciones no vendrán tanto desde dentro del territorio nacional. Aleksei German Jr. ha decidido hacer referencia explícita a ambos hitos situando su cinta en 2017, cuando han pasado cien años han pasado desde que Rusia y su sociedad cambiarán para siempre, y con una retransmisión radiofónica de Mijail Gorbachov como punto importante de uno de los capítulos en que se divide Under electric clouds, y que viaja al pasado en forma de sueños.

    A lo largo de casi dos horas y veinte de metraje que acaban pesando como una losa, la cinta trata temáticas de todo tipo en sus siete entregas. Se comienza con la problemática de la inmigración en un entorno muy hostil (tanto personal como ambientalmente); se continúa con la herencia de dos hermanos poco o nada conectados con la realidad rusa desde su alta posición, luego está el recuerdo de los muertos en forma de recurrente pesadilla y viaje al pasado; a continuación la posibilidad de una rebelión en un ambiente cultural cuando uno está harto de todo; para seguir con la dura realidad de los descastados de la sociedad (por las elecciones personales y la enfermedad de la adicción); llegando al final está la amplia caída en desgracia de los que fueron poderosos; y por último el culmen de varias de estas historias en un clímax de apenas diez minutos. Temáticas amplias y no mal tratadas, pero cuya potencia y posible alcance emocional simplemente se pierde entre panorámicas paisajísticas que parece que no terminan y un juego de simbologías que hace más daño que bien, porque de opacas y rebuscadas devienen directamente en tediosas. Conviven en el reparto intérpretes que recitan en letanías –algo que no es necesariamente culpa suya, sino quizá de la dirección estipulada– y otros que sacan el material hacia delante con mucho talento, haciendo creíble lo que les pasa y lo que dicen. Sobrevuela toda la peripecia la idea de que no estamos viendo nada nuevo, de que ya lo hemos oído y visto en otro sitio. Las conclusiones de German Jr. son descorazonadoras, de eso no hay duda, pero no hay ninguna novedad, y aunque el lenguaje técnico sea más que decente, no hay muchas imágenes o momentos sobre los que rumiar en el hogar cuando las luces de la sala se apagan. Solo la sensación de haber visto un proyecto alargado que quiere abarcar demasiado.

    Under electric clouds

    «Entumecidos por el frío, por las drogas, por la insatisfacción personal o por más razones que es mejor no desvelar, las criaturas que pueblan la película están en constante movimiento, pero no parecen avanzar». 


    Con esa referencia espacio-temporal tan distintiva arranca esta voluntariosa aunque en última instancia fallida propuesta. Voluntariosa porque el cineasta tiene claro lo que quiere contar y la tendencia cinematográfica en la que se está enmarcando para ello. Una tendencia donde abundan las alegorías, los simbolismos y la contemplación de una acción arraigada siempre en el realismo para tratar de darle un sentido mayor de trascendencia, y que es todo un filón en el cine ruso que en otras manos puede dar estupendos resultados. Ahora, falla porque en pocas ocasiones ha pesado tanto el metraje de una película, y el espectador se encuentra calculando el tiempo restante o directamente mirando su reloj en más de una ocasión. La película nos enseña una Rusia azotada por los elementos, bajo cuyas nubes eléctricas (un título bonito, no se puede negar) viven un amplio grupo de personajes cuyos destinos se van a desarrollar en esos capítulos, de variable duración e interés, y que están más o menos relacionados. El realizador juega con el tiempo de sus micronarraciones, reflexiona con diálogos de intención profunda sobre pasado y presente (que a veces funcionan y otras veces no, depende del intérprete y el momento), y filtra a través de las situaciones contadas su juicio sobre las consecuencias y utilidad de lo que los obreros empezaron en febrero de 1917. Aunque no lo hace directamente, sino con ese juego simbólico ya nombrado que recoge pesadas resacas ideológicas y las expone para que saquemos nuestras propias conclusiones. Si sabemos cómo. Lo que vemos desplegados son retazos sueltos de vidas complicadas, que se expande por distintas clases pero que no permite casi nunca la conexión emocional o espiritual –aunque ésa parezca su intención– debido a que el lenguaje resulta estéril, nada efectivo. Son historias con enigma cuya intriga no nos importa demasiado, y describen los comportamientos erráticos de unos personajes que por distintas causas no pueden sino actuar así. Entumecidos por el frío, por las drogas, por la insatisfacción personal o por más razones que es mejor no desvelar, las criaturas que pueblan la película están en constante movimiento, pero no parecen avanzar. Y aunque sobre el papel esto es así de interesante, en pantalla provoca más bien la desgana. Con todo, Under electric clouds merece ser vista, aunque sea como un reto para la benevolencia de la audiencia. En un proyecto que no dejará indiferente, y cuyos misterios quizá hagan las delicias de más de uno.

    La amenaza de otra guerra que termine de socavar el mundo y esas poderosas imágenes de la torre que imaginó por un magnate pero que nunca se terminó de construir (efectiva metáfora en varios niveles y presencia de fondo que nunca se olvida) y el improvisado cementerio de estatuas destruidas son los recurrentes puntos a los que la cinta vuelve casi obsesivamente, en una propuesta marcadamente personal. Quizá Under electric clouds conecte con el ánimo de alguno con mayor hondura de la que desde luego lo hizo con este crítico, solo conmovido por esa crónica de la dura vida del inmigrante Karim que empieza la acción, un hombre que solo quiere “hablar” para existir en una sociedad que le rechaza y un clima que le va a matar; y el cuento del abogado Marat y su recurrente sueño de la infancia, cuya resolución es sencillamente preciosa e inesperada. En una helada Rusia, en un país donde los elementos parecen haberse compinchado para destruir el escaso ánimo restante de sus pobladores, el trabajo de German Jr. tiene una vocación loable que no encuentra una buena traducción en imágenes. Una pena, porque el material de partida y las intenciones no tenían desperdicio. | ★★ |


    Adrián González Viña
    © Revista EAM / Festival de Cine Europeo de Sevilla


    Ficha técnica
    Rusia, Ucrania, Polonia, 2015. Título original: Pod elektricheskimi oblakami. Dirección y Guión: Alexey German Jr. Música: Andrew Surotdinov. Fotografía: Sergey Mikhalchuk, Evgeniy Privin. Productoras: Metrafilms / Linked Films / Apple Film Productions / Tor Film Studio. Productores: Dariusz Jablonski, Violetta Kaminska, Rushan Nasibulin, Egor Olesov, Andrey Savelyev, Artyom Vasilev, Izabela Wójcik, Sergey Yahontov, Krzysztof Zanussi. Montaje: Sergey Ivanov. Dirección artística y Vestuario: Elena Okopnaya. Reparto: Lui Frank, Merab Ninidze, Viktoria Korotkova, Chulpan Khamatova, Piotr Gasowski.

    Póster: Under electric clouds
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