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    Crítica | La profesora de parvulario

    La profesora de parvulario (Haganenet, Nadav Lapid, 2014).

    Malos tiempos para la lírica

    crítica a La profesora de parvulario (Haganenet, הגננת, Nadav Lapid, 2014).

    Muchas ficciones cinematográficas se nos tan antojan reales como la vida misma y por el contrario, existen algunas obras con base esencialmente biográfica o autobiográfica que parecen totalmente inverosímiles. Este es el caso de La profesora de parvulario, un filme basado en la vida real de su director Nadav Lapid, y que nos relata —a modo de cuento luminoso pero distante— la obsesión de una profesora de guardería por el desbordante talento lírico de un niño de 5 años que escribe poemas capaces de trastornarla y de alterar su vida cotidiana. Ambientada en Israel, la patria natal de su creador, la película nos sitúa en un contexto dominado por el pragmatismo y la educación rígida y tradicional, donde la poesía es una rara avis que se consume y los poetas constituyen una especie en extinción. En este mundo violento, frío y oscuro tan privado de lírica —y por ello, tal vez de cierta sensibilidad hacia los infantes con potencial— Nira, interpretada de manera sólida por Sarit Larry— es una maestra de guardería que se percata de cómo, a pesar de su corta edad, un niño llamado Yoav —Avi Shnaidman— escribe poemas de insólita belleza y rebuscado simbolismo, repletos de complejas figuras literarias. ¿Escribimos a partir de la experiencia adquirida o es un don innato destinado a un minúsculo olimpo de elegidos? parece preguntarse Nadav Lapid desde el comienzo de esta fábula acerca de la creatividad, la incomprensión y el rol que un educador puede desempeñar para fomentar las virtudes de un genio. ¿Pueden las musas aterrizar en la cabeza de un párvulo que no mide ni dos palmos y lograr que de su bolígrafo salgan textos conmovedores, intensos y hermosos, reflejo desgarrador contra una civilización ajena a la poesía? Pueden, y de hecho, el propio director afirmó haber escrito y dictado a su niñera más de un centenar de poemas entre los cuatro y los siete años, para no retomarla jamás. Lapid relató en diversas ruedas de prensa tras la presentación de la película que hasta después de terminar el servicio militar no había vuelto a retomar la escritura, pero siempre en prosa, y nunca más en verso.

    La profesora de parvulario, austera en lo narrativo, parca en el sentido del ritmo y dosificando al espectador la evolución de la trama y de los personajes, plantea muchísimos temas —seguramente demasiados, por la incapacidad de profundizar en ellos—: el choque entre el universo práctico de la vida cotidiana —el futuro laboral, las expectativas económicas, el pensamiento lógico-matemático en la educación infantil, sin prestar atención a la pedagogía emocional, la individualidad creadora, y ña creatividad de los niños— y el universo del arte, la importancia de la ética en el papel que se desempeñan los profesores en el mundo de hoy, la crisis de valores de la sociedad israelí, o el serio peligro que implica una fuerte obsesión psicológica a la que la protagonista no pone freno. La profesora de parvulario intenta dibujar las contradicciones entre lo que hacemos y lo que pensamos, entre la racionalidad y el impulso febril que cede a los instintos, pero lo hace desde un ángulo lejano, distante y en ocasiones, hueco y sin carisma. Mientras que la inspiración autobiográfica de la obra y la interpretación de sus principales actores son motivos de peso para que esta obra comience con buen pulso, no lo son su extraño remix de géneros —desde su desacertado tono de drama desangelado, hasta sus pinceladas de intriga y comedia que nunca acaban de resultarnos atractivas por entero— ni las reacciones de sus protagonistas, con respecto a los cuales sentimos una distancia insalvable y una conexión emocional nula.

    La profesora de parvulario (Haganenet, Nadav Lapid, 2014).

    «Las buenas intenciones y el trasfondo crítico y autobiográfico de La profesora de parvulario no son suficientes para dejar huella en nuestra memoria, ni contagiarnos esa necesidad simbólica que cada civilización debe tener de la poesía, del lenguaje, del arte con mayúsculas».


    El ejercicio de Nadav Lapid se basa fundamentalmente en la relación cada vez más insana e independiente de Nira hacia Yoav: la profesora contempla al niño como un Mesías de la literatura, una luz que brilla en un mundo frustrado y sangriento y paradójicamente, cuanto más presiones recibe para aumentar el volumen de su creación poética, más parece corromperse su pureza. Sin darnos a conocer si la obsesión de la maestra equivale a una patología psiquiátrica —aunque deja claro su absoluta falta de ética—, el argumento avanza a partir de la exigencia desmedida hacia el pequeño, usando los poemas de éste como apropiación indebida para un taller literario de adultos y llevándose el mérito del talento de Yoav. Jugando con la ambigüedad del relato, La profesora de parvulario —cuyo enigma, magnetismo y curiosidad inicial resultan atractivos y resultones— se va desinflando y perdiendo fuelle al enzarzarse sus personajes en una sucesión de comportamientos inexplicables, y giros de la trama que los convierten en incoherentes con el guion y distantes con respecto al espectador. La perplejidad se adueña de nosotros especialmente hacia el desenlace de la película, repleto de conductas desconcertantes por parte de ambos protagonistas: Yoav destaca por su completa opacidad emocional y Nira, en la cuerda floja entre el bien y el mal, desdibuja sus intenciones y se convierte en un personaje con el que es difícil tener un mínimo de empatía o compresión por su causa. Irremediablemente, al final las buenas intenciones y el trasfondo crítico y autobiográfico de La profesora de parvulario no son suficientes para alimentar nuestras expectativas; ni dejar huella en nuestra memoria, ni contagiarnos esa necesidad simbólica que cada civilización debe tener de la poesía, del lenguaje, del arte con mayúsculas. Su metraje es cada vez más pesado, su guion más absurdo y su clímax pone punto y final a un intento fallido por contagiarnos la pureza y la creatividad de un niño, y la obsesión y el desempeño de la maestra por pulir su diamante en bruto a cualquier precio. Y es que a veces, como en la película, como en la vida, la poesía no es suficiente. | ★★ |

    Andrea Núñez-Torrón Stock
    © Revista EAM / Santiago de Compostela


    Ficha técnica
    Israel, 2014, הגננת, Haganenet (The kindergarden teacher). Director: Nadav Lapid. Guión: Nadav Lapid. Productora: Coproducción Israel—Francia; Pie Films / Haut et Court / Arte France Cinéma. Música: Michael Emet. Fotografía: Shai Goldman. Reparto: Sarit Larry, Avi Shnaidman, Lior Raz, Gilad ben David, Ester Rada, Guy Oren,Yehezkel Lazarov, Dan Toren, Avishag Kahalani. Presentación oficial: 2014: Festival de Sevilla: Giraldillo de Plata— 2ª mejor película.


    Póster: La profesora de parvulario (Haganenet, Nadav Lapid, 2014).
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