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    Crítica | Lejos del mundanal ruido

    Lejos del mundanal ruido (Far From the Madding Crowd, Thomas Vinterberg, 2015)

    Dogmificando el clásico

    crítica a Lejos del mundanal ruido (Far From the Madding Crowd, Thomas Vinterberg, 2015)

    «Es difícil para una mujer definir sus sentimientos en un lenguaje creado principalmente por el hombre para expresar los suyos».

    Thomas Vinterberg consigue con tremenda naturalidad lo que su homólogo James Franco lleva mucho tiempo intentando con resultados muy irregulares: trasponer al lenguaje cinematográfico un clásico literario sobre las poblaciones rurales de una sociedad específica sin que el resultado quede inmediatamente infravalorado a causa de la superioridad cualitativa del producto original en el que se inspira. El director danés se vale de Lejos del mundanal ruido (Far From the Madding Crowd, 1874), uno de los melodramas victorianos de Thomas Hardy más dramáticamente liviano y soportable por un espectador medio, para tratar de mostrar el difícil papel de la mujer emancipada en la sociedad inglesa rural. Para ello, Vinterberg acierta a dejar fuera de escena diferentes subtramas, inabarcables por la limitación temporal de una película con respecto al texto original, y apuesta por focalizar todo el peso argumental en la historia principal, la lucha de Bathsheba Everdene por salirse del rol que, cuidadosamente, el hombre ha delimitado para una mujer de su clase en cada etapa de su vida. Pese a que en las páginas de Hardy era posible comparar esta situación en dos estratos sociales muy diferentes: el de la señora propietaria —burguesía—, y el de la joven criada —servidumbre—, en el presente caso el papel de la criada ha sufrido una considerable reducción en sus intervenciones para no distraer al espectador del verdadero objeto de atención. Ambas mujeres cruzan la línea de lo “correcto” tratando de buscar una libertad que no les corresponde, y por ello serán castigadas, aunque con sanciones muy diferentes. Mientras la pobre criada iliterata era condenada a huir y padecer hambre y frío, Bathsheba siempre podrá aferrarse a unas riquezas que le garanticen cierta seguridad y así poder continuar con su ardua tarea de desafiar a la autoridad masculina. “Bathsheba, indispensable en los grandes proyectos, odiada en las fiestas, temida en las tiendas y amada en los momentos de crisis”.

    El filme —y el libro—, cuyo título hace referencia al poema del escritor inglés considerado uno de los precursores del género gótico, Thomas Gray, Elegía escrita en un cementerio de aldea (Elegy Written in a Country Churchyard), aunque por la influencia en España de Fray Luis de León fue traducido con el título con el que lo conocemos en nuestro país [1], refleja fielmente la idea de alma libre con la que Hardy dio vida a su personaje principal hace casi 150 años. En este aspecto, la novela es bastante progresista para la época, Bathsheba es una persona dispuesta, un poco testaruda y siempre decidida a salirse con la suya tanto en su vida personal como en la profesional como gerente y propietaria de una fructífera granja. En resumen, una mujer adelantada a su tiempo e inconformista cuya mentalidad choca de lleno con los regímenes sociales establecidos, y eso se aprecia de manera muy clara en su abierta opinión con respecto a su posición social y su proyección de futuro como mujer, en la escena en la que el primer pretendiente, Gabriel Oak, le pide matrimonio: “Bueno, lo que quiero decir es que no me importaría ser la novia en una boda, siempre que pudiera ser una sin la necesidad de tener un marido. No me gusta que se piense que soy la propiedad de nadie”. Obviamente ese pensamiento puede traer a la mujer más de una complicación dentro de una civilización que es dibujada con una idea completamente opuesta y aterradora: “Solo las mujeres sin orgullo huyen de sus maridos. Hay algo peor que el hecho de que te encuentren muerta en la casa de tu marido por los malos tratos, y es que te encuentren viva en otra parte... quédate en tu sitio y deja que te corten en pedazos”. El director, no obstante, opta por dulcificar esa carga misógina de la época, al igual que el carácter de la protagonista con respecto al libro, poniéndose así en una posición claramente feminista, aunque perdiendo parte de la lucha y el sacrificio a los que la mujer tenía que recurrir para hacerse respetar en un ambiente en el que una de las características más valoradas del sexo femenino era su aspecto, viéndose obligada a pecar de vanidad, orgullo y, en ocasiones, crueldad dictatorial, para que nadie pudiera mirarla por encima del hombro. Este temperamental carácter es sustituido por una fuerte, aunque generosa y afable, personalidad destinada a no incomodar demasiado al espectador masculino actual.

    Lejos del mundanal ruido (Far From the Madding Crowd, Thomas Vinterberg, 2015)

    Mientras algunos de sus coetáneos, como Henry James, revolucionaban la narrativa buscando una manera mucho más moderna de escribir, que inspiraría posteriormente a las generaciones de genios literarios venideras, Hardy prefería mirar al pasado, por eso en su trabajo encontramos obras tan anacrónicas como la presente: clásica en sus formas pero, al mismo tiempo, completamente trasgresora y reveladora en el contenido, siendo capaz de representar sin restricciones de ningún tipo la fuerza de la sexualidad en las acciones de las personas y la indignante inferioridad social de la mujer. En esta adaptación se aprecian (realzados por la deslumbrante y natural fotografía, llena de contraluces, claroscuros y filtros solares) los dos temas principales de la narrativa de Hardy: el primero, la vida en la campiña, ese lugar imaginario llamado Wessex, basado en el reino medieval de mismo nombre, y que el escritor inglés iría describiendo desde el sur, en su primera aparición en el capítulo 50 de Lejos del mundanal ruido —Dorset—, hasta el norte —Berkshire— a lo largo de sus obras, como posteriormente harían Faulkner con su Yoknapatawpha, R.K Narayan con Malgudi, o H.P. Lovecraft con Arkham; el segundo tema, claramente apreciable en la película, es el problema del cortejo, el noviazgo y el matrimonio. Muy crítico con los esquemas de la sociedad victoriana, sobre todo en lo que respecta a la mujer como ente pasivo que espera a que le llegue el príncipe azul o, en su defecto, la rana que pueda mantenerla de por vida.

    Lejos del mundanal ruido (Far From the Madding Crowd, Thomas Vinterberg, 2015)

    «La fluidez narrativa de Thomas Vinterberg contrarresta la ausencia de la voz en off y aporta la melancolía de una feliz decepción que se transmite con la inestimable ayuda de un rostro tan hermético y subyugante como el de Carey Mulligan».


    Como comentábamos previamente, la primera proposición vendrá del bueno de Oak, quien se irá con el corazón roto a causa de lo precipitado de su ofrecimiento, sobre todo teniendo en cuenta la naturaleza libre e independiente de Bathsheba. Posteriormente cuando, por un dramático giro de acontecimientos, Oak se vea obligado a trabajar para su amor platónico, aparecerá el segundo pretendiente: William Boldwood, un serio y maduro terrateniente que no tardará en caer enamorado —aunque influido por una vanidosa broma de ella— ante la belleza de la protagonista, quien volverá a ofrecer una negativa como respuesta; en esta ocasión parece como si la mujer no quisiera dar nada por sentado, como si estuviera esperando un mayor esfuerzo por parte del hombre, y no sólo la promesa de innúmeras riquezas. Por si el triángulo amoroso no hubiera dado suficientes problemas sentimentales a lo largo de la historia en la literatura y el cine, Hardy/Vinterberg presentan al tercer candidato, el sargento Francis Troy, el típico héroe inglés, joven, apuesto y arrogante que, sorprendentemente, logra el preciado tesoro sin apenas esfuerzo. La contundencia de la sexualidad y la pasión son lo suficientemente poderosas como para que la mujer pueda resistirse a tomar la que parece la peor opción de las tres disponibles. Tanto Boldwood como Troy necesitan demostraciones externas de su virilidad, el primero mediante el dinero y el poder, y el segundo a costa de ignominiosas manifestaciones combativas que parecen surtir efecto con Bathsheba, quien ciega de amor acepta casarse con él. Por otra parte, Oak, interpretado por un fantástico Matthias Schoenaerts, cuenta con su poderoso físico y apariencia; en inferioridad de condiciones (socialmente hablando), no necesita de elementos externos para demostrar su hombría. Aquí se puede apreciar algo que se corroborará al final de la historia: el mal ganador se convierte de manera inmediata en un derrotado frente al buen perdedor. Y aunque esta teoría sea demostrada por un —aparentemente— azaroso giro de los acontecimientos y el simple hecho del descarte, será una clara demostración del ideal de Thomas Hardy de que el fin no justifica los medios y de la sublime justicia poética que perdería posteriormente en el resto de sus trabajos.

    Si algo se echa en falta en la película es la aparición de un narrador en tercera persona que, por momentos, consiga reflejar con palabras lo que los actores y las elipsis no son capaces de transmitir con las imágenes. Tal es el caso de uno de los giros finales más importantes, que quedará algo insípido sin la fuerza de unas palabras tan certeras como las que usó el autor: “hablaron muy poco de sus sentimientos mutuos; pues las frases bonitas y las expresiones cálidas eran acaso innecesarias entre amigos tan íntimos.” Pese a ello, la fluidez narrativa de Vinterberg contrarresta la ausencia de esa supuesta voz en off y aporta la melancolía de una feliz decepción que se transmite con la inestimable ayuda de un rostro tan hermético y subyugante como el de Carey Mulligan. | ★★ |

    [1] En la película, al igual que la novela, se aprecia la importancia del arte gótico en las imágenes oscuras, los lutos, el funesto destino del ser humano y la oscuridad que albergan las almas impuras que sólo ansían beneficiarse egoístamente “Se ha afirmado en ocasiones que no hay criterio más veraz sobre la vitalidad de cualquier periodo artístico que la fuerza de los grandes espíritus de la época en lo grotesco, argumento que en el caso del arte gótico es sin duda irrefutable”. Por este motivo el título original, extraído de los versos del gótico Thomas Gray “Far from the madding crowd's ignoble strife, their sober wishes never learned to stray”, resulta mucho más apropiado que su traducción al español, sacada de la Oda a la vida retirada, en la que se da la idea equivocada —equivocada para este contexto, por supuesto, no estamos juzgando la incuestionable maestría de Fray Luis— de que apartarse del mundo —mundanal ruido— es imprescindible para iniciar el vuelo místico. Una idea mucho más ligada a la literatura ascética que a la gótica “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.”

    Alberto Sáez Villarino
    Dublín (Irlanda)


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2015. Título original: Far from the Madding Crowd. Director: Thomas Vinterberg. Guion: Thomas Hardy, David Nicholls (Novela: Thomas Hardy). Duración: 119 minutos. Montaje: Claire Simpson. Música: Craig Armstrong. Fotografía: Charlotte Bruus Christensen. Productora: Coproducción USA-UK; DNA Films / Fox Searchlight Pictures. Intérpretes: Carey Mulligan, Michael Sheen, Tom Sturridge, Matthias Schoenaerts, Juno Temple, Jessica Barden, Hilton McRae, Richard Dixon, Bradley Hall, Jamie Lee-Hill, Eloise Oliver, John Neville, David Golt, Lilian Price, Michael Jan Dixon. Presentación oficial: Festival de cine de Estambul.




    Póster: Far From the Madding Crowd
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