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    Cannes 2015 | Primera jornada. Críticas: La cabeza alta / The tale of tales (Il racconto dei racconti)

    Catherine Deneuve, estrella del día en Cannes

    De bastardos y reyes

    crónica de la primera jornada de la 68ª edición del Festival de Cannes

    Comienza el festival de Cannes, y lo hace en esta 68ª edición con una película de apertura poco corriente. El certamen galo se olvida de la fastuosidad clásica que caracteriza a las más recientes ceremonias inaugurales, para centrarse en un drama social que no ha levantado mucha expectación. La gran decepción se la ha llevado la prensa con la segunda película, y la primera de la competición oficial, Our Little Sister (Umimachi Diary) del director japonés Hirokazu Koreeda. Y no precisamente por un motivo relacionado con la calidad del filme, sino más bien por un error de cálculo de la organización, quienes han utilizado la sala Bazin (una de las más pequeñas del recinto), para la proyección de los dos pases consecutivos, lo que ha originado que la gran mayoría de los medios acreditados nos hayamos quedado a las puertas. Sin embargo, si la jornada empezaba de manera demasiado convencional y poco original, el cierre de la misma no podría haber resultado más inusual; el italiano Mateo Garrone se reinventa a sí mismo mientras se aleja de los convencionalismos neorrealistas para mostrar su vertiente más fantástica narrada, eso sí, desde una perspectiva que se asemeja al relato clásico legendario. Una primera jornada sin grandes sorpresas que sólo ha levantado el telón del espectáculo que aún estamos por presenciar.

    La tête haute

    LA CABEZA ALTA

    La tête haute, de Emmanuelle Bercot (Francia) / Fuera de competición (Inauguración)

    Blanca blusa
    charol zapato a juego
    lóbulos que con su aro hablan
    sin preguntar al cuello

    bucle dorado
    al de Elisa parecido
    pierna que vuela y aparece
    hasta negar en dos el paraíso

    talle violentamente trigo
    ojo avizor azul piraña
    y esa manera de levantar la copa

    Catherine Deneuve quédate conmigo.

    En su libro, Ácido almíbar, el poeta Rafael Soler escribía Oración para evitar el sueño, donde invitaba a Catherine Deneuve a quedarse junto a él para paliar sus noches de anodina somnolencia. Algo parecido es a lo que apela Emmanuelle Bercot en su película La cabeza alta (La tête haute), encargada de abrir la 68ª edición del Festival de Cine de Cannes. El gran oficio de la actriz francesa salva los platos a una película que comienza con mucha fuerza pero que, lamentablemente, se va apagando a mitad de metraje por culpa de un aletargado transcurrir de los acontecimientos y un final que se pierde en divagaciones banales y demasiado ruido. Los rápidos planos y las estresantes escenas de gritos, sufrimiento y peleas, muy pronto consiguen su principal cometido, incomodar al espectador ante la tensa situación que viven las familias desestructuradas que se enfrentan a la frialdad de un jurado de menores. Las primeras tomas nos advierten de quiénes serán los protagonistas de la cinta: los niños. Una cámara a ras de suelo nos impide ver, hasta el instante inmediatamente anterior al final de la primera escena, la apariencia de las mujeres que discuten sobre el destino de esos dos pequeños a los que la lente no pierde de vista. Un plano que sirve como evidente profecía pesimista de un futuro desesperanzador.

    Esa conjetura no tardará en hacerse visible con la llegada de la primera prolepsis y la aparición del niño ahora convertido en un joven descarriado. Bercot culpa desde el comienzo a la irresponsabilidad de los padres y a la paupérrima educación que éstos proporcionan a sus hijos desde pequeños. El siguiente salto temporal situará al adolescente rebelde directamente en prisión, donde tendrá que madurar y se verá obligado a tomar conciencia de unos actos cuyo origen reside precisamente en la falta de la misma. Desde ese momento la cinta se pierde en una espiral de violencia y frustración que va repitiendo el mismo concepto mientras añade aleatoriamente otras subtramas, como la identificación del funcionario de menores con el protagonista o la historia de amor adolescente disfuncional. Nada termina de encajar para un espectador que sentirá que al filme le sobra más de media hora y que no tendrá la misma paciencia como la que se quiere poner de manifiesto y que da sentido al concepto de no rendirse con los jóvenes más desfavorecidos. Sólo la sutil mirada y el gran oficio de la sensacional actriz francesa no permitirán que nos vayamos con una completa sensación de vacío. [45/100].

    Il racconto dei racconti

    THE TALE OF TALES

    Il racconto dei racconti, Matteo Garrone (Italia) / Competición

    Matteo Garrone se presenta como la antítesis de Sorrentino. Sus filmes no tienen la misma acogida que los de su compatriota, posiblemente debido a la crudeza de éstos. Sin embargo, con su última película, el italiano se aleja de su clásico estilo seco y semi-documental, de clara factura neorrealista, y se sumerge en un mundo fantasioso-burgués para el cual ha contado, para variar, con actores de renombre. Su particular mirada, por otro lado, no parece haber cambiado demasiado, y sigue mostrando —ahora de manera completamente metafórica— las penurias de las clases más desfavorecidas de la Italia contemporánea (representada por un mundo medieval completamente imaginario).

    Para combatir esa falta de alcance, el director se adentra en un drama que, contando con dos grandes nombres en su reparto: Vincent Cassel y Salma Hayek, muestra la perspectiva desde el otro lado de la lente, el de la nobleza, representada mediante una oscura fotografía en la que predominan los travellings de seguimiento por largos y lóbregos corredores poco iluminados. La razón de ser de este recurso parece que radica en el embellecimiento de los planos, cambiando su austeridad visual (que podría suponer una traba a la hora de acercarse al público en unos tiempos en los que precisamente se busca “La gran belleza” y la majestuosidad en el montaje), por una composición mucho más cuidada y llamativa.

    Garrone nos presenta 3 historias separadas, cada una correspondiente a un rey, un reinado y un castillo diferentes. Para ello se basa en el clásico Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille, posteriormente llamada El Pentamerón por sus similitudes estilísticas con El Decamerón de Boccaccio. El director mantiene, como comentábamos, la estética barroca en la que se hace gala de un elevado número de metáforas, que llegan a representar el sistema jerárquico italiano y el dramático destino de quien intenta salir del rol que tiene establecido. El realizador reinventa el clásico y se reinventa a sí mismo para componer un nuevo ejemplo de esos relatos renacentistas popularizados por las posteriores versiones mundialmente conocidas de los Hermanos Grimm. [65/100].

    Alberto Sáez Villarino
    Enviado especial a la 68ª edición del Festival de Cannes



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    1 comentarios:

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