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    Crítica | The Skeleton Twins

    The Skeleton Twins

    Esqueleto metafórico

    crítica a The Skeleton Twins, Craig Johnson, 2014 / ★★★

    Son relativamente frecuentes en el cine independiente americano (o, por qué no, de cualquier otro país) las películas cuyo núcleo narrativo gira en torno a la vuelta a la ciudad natal. Tras años de estancia fuera, por motivos casi siempre profesionales, un suceso inesperado, por razones familiares, lleva al protagonista a regresar a su primer hogar y enfrentarse a sus fantasmas. Pero las intenciones no siempre son dramáticas, sino que esta premisa puede ser también fuente de comicidad a través de recursos como los inesperados reencuentros o las bromas anacrónicas. Suele producir en cualquier caso buenas dosis de emoción, a través de un viaje por localizaciones naturales que no requiere grandes despliegues técnicos ni fuegos de artificio. De ahí que estas historias sean sobre todo aprovechadas por cineastas con medios limitados, y puedan alumbrarse en festivales como el de Sundance, muy dado también a la nostalgia. Es el caso de The Skeleton Twins, una tragicomedia sobre el destino entrelazado de un hombre (Milo) y una mujer (Maggie) que son hermanos gemelos. Aquí han transcurrido unos diez años desde que se vieron por última vez, pero el intento de suicidio de aquel es la excusa para que ella acuda a visitarle al hospital y le proponga mudarse un tiempo a su casa. Ésta está situada en una apacible población del valle de Hudson, por lo que el cambio con el Los Angeles del inicio del metraje es manifiesto. Y es que el retorno supuestamente catártico hacia el pasado tiene que ser no sólo mental sino también físico, para lo cual es común contrastar la alienación de la gran urbe con la tranquilidad de una localización bucólica.

    Pero pese a esta tendencia y estas analogías, la cinta de Craig Johnson se plantea desde un principio huir de los estereotipos. Que no de las coincidencias. De hecho son ambos hermanos los que intentan quitarse la vida al principio, aunque él esté más cerca de conseguirlo. Esta conexión anímica queda ilustrada por contados flashbacks de su infancia, periodo en que también aparece un padre repentinamente ausente. Adivinamos que ahí está el origen de la depresión, pues de lo contrario estarían de más esos reflejos de la niñez que anticiparían innecesariamente, y de hecho desdibujarían, la vuelta al pasado que como hemos dicho se va a desarrollar. La introspección se ve también acentuada por una voz en off inicial de la protagonista femenina, que adelanta que efectivamente su trauma procede de entonces. De hecho Johnson y su coguionista Mark Heyman buscan atar cabos cuanto antes, como demuestra el paralelismo entre el esqueleto de juguete que se hunde en la piscina en ese primer flashback de los niños con su padre y la foto que Milo hunde en la pecera de su apartamento antes de rajarse las venas en la bañera. Estas imágenes acuáticas anticipan además la persistente simbología de la película y sirven como planting del clímax, en un guion que por tanto parece inteligente y concienzudamente estructurado. Un detalle inmediato que lo corrobora es que Maggie es avisada del accidente porque un vecino de Milo ha oído la música que tenía puesta en su piso, explicación que muestra la voluntad meticulosa de imponer la lógica en una historia que podría carecer de ella, a la vez que introduce también enseguida ingredientes de ligereza humorística en una narrativa esencialmente dramática.

    The Skeleton Twins

    Pero vayamos por orden, pues antes de estas constataciones conclusivas, decíamos, los hermanos se reencuentran y deciden cambiar de aires. Y al instalarse en el valle de Hudson es cuando aparecen unos personajes secundarios que refuerzan esa indudable y meritoria vocación por la verosimilitud. Hablamos, por orden de presencia, del marido de Maggie, del antiguo profesor de literatura y amante de Milo y de la madre de ambos. Todos ellos aportan distintas caras al trauma principal de la historia: el marido, su desconocimiento; el profesor, su perversión; y la madre, su rechazo. Cabría nombrar asimismo un cuarto componente, el del instructor de buceo de Maggie, que es el que contribuiría a su corrupción. Y, sin perjuicio de estos esquematismos, los trazos que adquieren estas personas les dotan de apreciable complejidad. Ello se comprueba sobre todo en el caso del marido, bueno sin llegar a ser ingenuo, hogareño sin llegar a ser basto. Sin embargo, la resolución de sus respectivas tramas no hace justicia a esta intención, pues todos ellos son despedidos con una sencilla y poco ceremoniosa salida de campo. Ello demuestra que, pese a su aparente profundidad, son excesivamente instrumentales respecto a los personajes principales, que son los únicos que verdaderamente importan. Ello matizaría una alabanza común de ésta y otras películas similares, como es el cuidado que suelen dispensar a sus intérpretes. En este caso, aunque al principio pueda parecer generalizada, esta atención se reduce básicamente a Maggie y Milo.

    Centrándonos pues en su vínculo, y como adelantábamos, queda clarificado mediante algunos símbolos hídricos, en particular ese acuario del que, como ellos, los peces no pueden escapar. Y a su vez este elemento revela que dicha conexión es más simbiótica que genética. No por nada los gemelos tienen rasgos físicos distintos. Son interpretados por los conocidos Bill Hader y Kristen Wiig, ambos formados en el late show estadounidense Saturday Night Live, programa cómico del que estos actores no se desprenden del todo, por la ya citada ligereza de la narrativa. Aciertan en cualquier caso en combinar el drama con la comedia, y logran escenas poderosas como ese momento en que ambos bailan y gesticulan en playback al son de Nothing’s Gonna Stop Us Now. Un momento que tendría todas las papeletas para ser gratuito, pero que en vez de ello transmite una genuina complicidad y emotividad. También se contraponen a la frialdad a la que apuntan la premisa y las metáforas acuáticas una paleta fotográfica cálida y unos decorados cómodamente amueblados, junto a una banda sonora que, recién mencionada la canción de los Starship, demuestra ser alegremente ochentera. Pero su uso pone igualmente de manifiesto que la película funciona más por momentos que en su conjunto, algo acentuado por un clímax que amenaza con quebrar por poco creíble la insistente verosimilitud del metraje. En otras palabras, aunque la dirección narrativa parece claramente apuntada desde el comienzo, no cumple todas las expectativas y se apoya en aspectos no siempre tan trascendentes como se pretende. Si el esqueleto de juguete que citábamos hace unos párrafos es un motivo significativo de la trama y del propio título, en otro sentido el esqueleto que debería articular el guion se desmiembra progresivamente. En cualquier caso, estamos ante una película recomendable por suficientes razones de peso como para merecer un visionado. | |

    Ignacio Navarro Mejía
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2014. Director: Craig Johnson. Guion: Mark Heyman & Craig Johnson. Productora: Duplass Brothers Productions / Venture Forth. Presentación: Festival de Sundance 2014. Fotografía: Reed Morano. Música: Nathan Larson. Montaje: Jennifer Lee. Intérpretes: Bill Hader, Kristen Wiig, Luke Wilson, Ty Burrell, Boyd Holbrook, Joanna Gleason.


    Póster: The Skeleton Twins
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