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    Crítica | Selma

    Selma

    Un hombre y su sueño

    crítica a Selma (Ava DuVernay, 2014) / ★★★★

    Un caluroso día de agosto de 1963, retumbaba en los oídos de la gente congregada frente al monumento a Lincoln de Washington la retórica de un hombre esperanzado. Sus palabras dibujaban un futuro en el que todos tendrían las mismas oportunidades y libertades, en el que cada ser humano podría convivir en paz con su prójimo, cualquiera que fuera su raza o religión. La igualdad en todas sus facetas ya era un principio que postulaban varias declaraciones de derechos del constitucionalismo de posguerra, aunque aún quedaba mucho por recorrer en este camino entre el ser y el deber ser. Es más, aunque hoy en día se han generalizado las leyes que superan la discriminación, aún son manifiestas sus huellas incluso en ciertos enclaves de democracias consolidadas como Estados Unidos. Son recientes al respecto los sucesos de Ferguson o las manifestaciones en Nueva York, que han vuelto a canalizar la voz de los afroamericanos y de todos aquellos que no siguen cegados por la herencia de la segregación racial. Puede alegarse que la principal diferencia es que ahora el Derecho está claramente del lado de la Justicia, pero los subterfugios que menoscaban su aplicación siguen presentes. Los paralelismos que puedan trazarse con el movimiento de los derechos civiles de los años sesenta son pues significativos, y es ésta una intención que puede fácilmente rastrearse en Selma, película ambientada dos años después de aquel célebre discurso pero con su mismo protagonista y su misma relevancia histórica.

    La narración arranca cuando Martin Luther King Jr. recibe el premio Nobel de la paz, dando por sobreentendido desde un principio el bagaje de este pastor de la iglesia bautista al frente de la lucha contra la citada segregación. En realidad, este apunte merece una corrección, pues propiamente el metraje se inicia con una conversación entre King y su esposa Coretta en la habitación de un hotel, previa a la ceremonia de entrega del premio, sin apenas indicación física ni verbal de donde se encuentran realmente. El propósito es enfatizar la dinámica de unos personajes al margen de un contexto que pueda distanciarlos de la visión que nosotros tenemos de ellos. Y al mismo tiempo con ello se persigue acentuar la importancia de lo que se mueve en la trastienda, en los preparativos, frente a los desenlaces que mucho revelan y poco explican. En otras palabras, la película pretende desde un principio ir cociéndose a fuego lento, de forma acumulativa. Así lo demuestra el hilo entre una secuencia y otra, mediante las palabras que escribe y ensaya King antes de pronunciarlas ante su congregación, o mediante motivos temáticos aparentemente aislados que se clarifican en la siguiente escena. A esta intención artística paciente y comedida contribuyen el aparente minimalismo de la planificación o la sobriedad de la fotografía y los decorados. Sin embargo, el efecto que se busca con ello es que cuando, más adelante, la tensión se haga más palpable y la técnica se vuelva más ostentosa, la emoción surja de forma más repentina y natural, al haber evitado su explotación o insistencia anterior.

    Selma

    El montaje de la película es por tanto hábilmente progresivo, aunque a la vez pueda pecar de cierta desconexión. Y esta crítica puede hacerse tanto a nivel micro como macro. En el primero, son llamativos varios saltos de eje que descolocan a los sujetos, sin que la razón parezca ser la de aportar intensidad o turbación a la acción. Al contrario, el resultado es sin duda inintencionado, pues se rompe puntualmente esa fuerte relación que desde el primer fotograma se busca establecer entre los personajes. En cuanto al segundo nivel, el problema en parte ya se ha adelantado al comentar que las escenas no siempre están bien conectadas y faltan referentes que nos sitúen en un marco espacio-temporal. En este punto también es reveladora la contradicción, pues por un lado DuVernay y su equipo se cuidan de trasladar una sensación de inmediación y verosimilitud fáctica, con mensajes mecanografiados que a veces aparecen en pantalla para dejar constancia del rastro de King y sus seguidores. Más generalmente, lo que le ocurre a estas personas en las fechas dadas es fidedigno, ya sean las muertes de Jimmy Lee Jackson o James Reeb o las marchas frustradas desde Selma hasta Montgomery. Pero, por otro lado, los acontecimientos se suceden sin que a veces sepamos con certeza en qué ciudad o en qué día nos encontramos, como cuando King se reúne con el abogado John Doar o cuando antes su esposa lo hace con Malcolm X. La estructura con la que está diseñada la cinta resulta ser pues tan beneficiosa e intrigante como insatisfactoria e imprecisa.

    Con todo, hay una fuerza que unifica y da sentido a todos estos elementos, y es la del propio Martin Luther King. La interpretación que del mismo realiza el británico de origen nigeriano David Oyelowo es una de las más memorables de los últimos años, imprimiéndole una gravedad y trascendencia y a la vez un humanismo y una cercanía verdaderamente asombrosos. El actor mide cada gran palabra que pronuncia este individuo, acompañándola de gestos casi imperceptibles y de una mirada penetrante con la que resulta imposible romper el contacto visual. El amplio elenco actoral que acompaña a Oyelowo cuenta con mucho talento y veteranía, pues en él figuran desde Tom Wilkinson en el papel del presidente Lyndon B. Johnson hasta Martin Sheen en un cameo judicial, pero inevitablemente quedan desdibujados en torno al omnipresente protagonista, aún en la parte no despreciable de metraje en que éste está fuera de campo. El espectador se ve pues inevitablemente guiado por este hombre como uno más de sus fieles, y en tales circunstancias se agradece que DuVernay huya de los sermones. Esto es así incluso en una resolución en la que surgen las ineludibles imágenes de archivo del final de todo biopic americano que se precie, pues en este caso las mismas vuelven a cobrar color. De esta manera la narración prosigue un poco más, logrando reforzar tanto el paralelismo con el presente que adelantábamos hace unos párrafos como la nítida imagen de un momento histórico cuyo recuerdo aún no ha podido borrarse. | |

    Ignacio Navarro Mejía
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos & Inglaterra, 2014. Director: Ava Duvernay. Guión: Paul Webb. Productora: Cloud Eight Films / Celador Films / Harpo Films / Pathé / Plan B Entertainment. Fotografía: Bradford Young. Montaje: Spencer Averick. Reparto: David Oyelowo, Carmen Ejogo, Tom Wilkinson, Wendell Pierce, Tim Roth, Oprah Winfrey. Presentación oficial: AFI 2014.


    Póster: Selma
    El fulgor efímero

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