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    Crítica | El amor es extraño

    El amor es extraño

    Amor incondicional

    crítica a El amor es extraño (Love is Strange, 2014), dirigida por Ira Sachs.

    Si algo hay que agradecer a Ira Sachs con El amor es extraño (2014) es que, por una vez, una relación homosexual no se caricaturice hasta el extremo, amparándose en una naturalidad admirable. Por un lado, la de un esbozo de personajes que respiran cotidianeidad, sin necesidad alguna de dar concesiones a un público que, tal vez, pueda sentirse incomodo escuchando a un hombre de 60 años decir que echa de menos el cuerpo de su pareja a su lado, mientras duerme en la habitación de un adolescente. Por otro, la de dos actores que ofrecen una dignidad a prueba de todo insulto, dando vida a esta pareja, obligada a abandonar su casa cuando el anuncio de su matrimonio se salda con el despido de uno de ellos, profesor de canto en una parroquia, debido a la “mala imagen” que promueve. Solapada crítica social que, a diferencia de lo que uno cree esperar, no es lo que el filme promueve. En su lugar, se aborda con una ternura no exenta de cierto conservadurismo, las dificultades para asentarse en una ciudad como Nueva York, poniendo el foco en una clase media alta, burgueses en toda regla, que ven mermada su calidad de vida debido a estas cuestiones sociales que aparecen en segundo plano.

    Love is Strange es una película de contrastes, pues huye de extremos, tanto en el dibujo de personajes como en el desarrollo del libreto, al tiempo que se adhiere, de forma casi inherente, debido a sus elecciones, a un tipo de historia que entraña cierto riesgo, abordando el día a día de dos personas de poder adquisitivo, homosexuales y católicos, mediante una narración muy sutil y alejada de aspavientos. El aporte más valioso de Sachs es el casting. Alfred Molina y John Lithgow, dos intérpretes que han forjado una imagen intimidatoria a través de roles muy eclécticos, con una clara tendencia hacia el tenebrismo en el caso de éste último, impresionan en un filme como éste. Y no es de extrañar que, en su paso por la última edición de la Berlinale, una de las primeras motivaciones que se escuchaban entre el público, más allá de ver la visión de su director, eran las ganas de comprobar cómo estos dos titanes se manejaban entre tanta ternura. Es la brillantez de elegir a un actor que ha compuesto uno de los villanos más escalofriantes de toda la serie Dexter, para introducirlo en una relación con el Doctor Octopus.

    El amor es extraño

    Ese dúo es el corazón del largometraje, lo que sustenta un entramado que a veces peca de ser demasiado amable, como si no quisiera hacer daño a nadie, defendiéndose en la capacidad del director para evitar la impostura y el cine de pancarta, apostando por un filme, en el fondo, de un convencionalismo maravilloso, pues, aunque no ofrece nada auténticamente extraordinario, aporta algo muy importante. La idea de que la homosexualidad es algo normal, que ya ni siquiera merece una obra reivindicatoria, en el buen sentido, pues, como en el trabajo de Sachs, es algo que, en un entorno culturalmente elevado, se acepta sin necesidad de análisis. En su lugar, se habla de problemas inmobiliarios y de apoyo mutuo. De la seguridad de que, a pesar de todo, la persona con la que compartes tu vida es, al final, tu mejor consuelo y tu mayor incondicional mientras los demás nos celebran nuestras glorias y se muestran recelosos en nuestras desgracias. Los invitados ocupan espacio y resultan una distracción molesta, que impide a la familia concentrarse en sus propios problemas, situando a los amigos en esa delicada posición del deber y la autosatisfacción: prestar ayuda porque sabes que debes hacerlo y no porque realmente quieras.

    El amor es extraño

    Deberes familiares en momentos difíciles, en el que cada persona opta por pensar en sí misma, antes que en nadie más. Y entre las calles de esa urbe egoísta, lo que salva a una relación es la seguridad de tenerse el uno al otro, y es lo que refleja El amor es extraño. Pero sin condenas ni juicios, sin dramas excesivos, ni una nota más alta que otra, con agradecidos momentos cómicos y que se mueve siempre en una zona media que a veces pide algo de energía, que aleje un poco la melancolía que parece subyacer en cada escena. Es un retrato sencillo y pequeño, tampoco demasiado memorable, pero bonito (el mejor adjetivo posible, con todo lo que ello conlleva) sobre la confianza depositada en tantos años de convivencia, que deja al final un poso de agradable cariño hacia sus criaturas, de las que uno envidia, ante todo, su irreductible devoción. | ★★ |

    Gonzalo Hernández
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. Francia. 2014. Título original: Love is Strange. Director: Ira Sachs. Guión: Ira Sachs, Mauricio Zacharias. Intérpretes: Alfred Molina, John Lightgow, Marisa Tomei, Charlie Tahan, Olga Zueva, Jason Stuart, Darren E. Burrows, Tatyana Zbirovskaya, Harriet Sansom Harris, Cheyenne Jackson. Fotografía: Christos Voudouris. Montaje: Affonso Gonçalves, Michael Taylor. Productoras: Charlie Guidance, Mm…Buttered Panini Productions, Parts and Labor. Fecha de presentación oficial: Festival de Sundance 2014.


    Póster El amor es extraño
    El fulgor efímero

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