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    Crítica | Diplomacia

    Diplomacia (Diplomatie, 2013), dirigida por Volker Schlöndorff

    Paris über alles

    crítica a Diplomacia (Diplomatie, 2013), dirigida por Volker Schlöndorff. | ★★★★ |

    Resulta determinante comprobar como abre su nueva película Volker Schlöndorff, director de la oscarizada El tambor de hojalata. Las imágenes del bombardeo y la posterior devastación de Varsovia se acompañan de la séptima sinfonía de Beethoven. Esa musicalización de la desgracia, o instrumentación del horror, subyace tras el planteamiento de Diplomacia. La cinta se basa en los acontecimientos que se produjeron en la noche del 24 de agosto de 1944 en París, cuando el general nazi Dietrich von Choltitz está a punto de destruir la ciudad del amor y el diplomático sueco Raoul Nording trata de impedirlo. El uso del arte de la diplomacia y la persuasión para evitar la destrucción total se traslada en este inicio a el uso de la música para atenuar y maquillar unas imágenes devastadoras. Sin embargo, no encontrará el espectador una película bélica, ni tampoco de intrigas y traiciones de despachos al uso. Diplomacia se centra en el arma más poderosa de todas, aunque, por desgracia, la más infravalorada: la palabra.

    Teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que el material en el que se basa Schlöndorff sea una pieza teatral. He aquí el problema principal de la nueva película del director alemán: su puesta en escena se muestra acartonada y no consigue desprenderse del aire de teatralidad que la hace languidecer plano a plano. Este es uno de los grandes retos a los que se enfrenta un director a la hora de trasladar una historia de las tablas al celuloide. Bien es cierto que Diplomacia no se presta a explotar puntos de fuga, ventanas al exterior que salgan del acotado terreno que ofrece el escenario y consigan hacer respirar a la historia y que la adaptación sea plena (algo así como lo que hizo François Ozon con la obra de Juan Mayorga En la casa). Por ello, los pocos casos en los que Schlöndorff sale del despacho de von Choltitz parecen más bien de adorno y aportan muy poco al conjunto. La obra original de Cyril Gely requiere, más bien, un análisis concienzudo del espacio disponible y una planificación del plano y del montaje que ayude y refuerce las geniales interpelaciones de los actores (algo así como lo que hizo Roman Polanski con la obra de Yasmina Reza Un dios salvaje). El magnífico despacho del general von Choltitz, epicentro de toda la acción, se le queda pequeño a Schlöndorff. La película deja una gran sensación de desaprovechamiento del espacio que parece haberse acentuado en la sala de montaje. Con apenas dos personajes dándose la réplica durante más de 90 minutos, el plano contra plano no puede la espina dorsal del film, entre otros motivos, porque es una trampa que dificulta la introducción de la tercera y verdadera protagonista: París. Las vistas de la ciudad desde los balcones y las ventanas del despacho deberían funcionar como el tercer vértice del triángulo, el más importante de todos; pero, desgraciadamente, no tiene la atención que se merece.

    Diplomacia (Diplomatie, 2013), dirigida por Volker Schlöndorff

    Aún con todo, la película funciona, y es gracias al texto y a los actores. Se trata esta de una historia con un final más que obvio: cualquiera que haya viajado a París, y aun sin haberlo hecho, sabrá que la ciudad no fue destruida a mediados del siglo pasado. El aspecto que mueve la película no es pues el qué ni el ansia por conocer el final, sino el cómo se ha llegado hasta él. La palabra, en forma de diálogos geniales, mantiene el metraje vivo y genera el interés del que en ocasiones carece la imagen. Sin duda, habrá quien utilice este argumento para defender la pobre cinematograficidad que desprende, aunque a un servidor le parece que, si lo que Schlöndorff pretendía era conseguir una obra redonda en el sentido más amplio de la idea, hay que reprocharle que concentre todo el meollo de la trama en el guion y que deje de lado los aspectos visuales.

    Esta última reflexión no está reñida con el elogio sin paliativos por la materia prima con la que se trabajaba. En otras palabras, el texto de Gely es excelente. El cara a cara de los dos actores protagonistas es lo más estimulante de la cinta. Al fin y al cabo, el texto es la herramienta de trabajo de los actores. Tanto André Dussollier como Neils Arestrup bordan sus papeles, que ambos ya habían representado en el teatro de la Madeleine de París. Los matices contradictorios más internos de los personajes consiguen traspasar la pantalla, sobre todo en la magistral interpretación del general nazi que nos ofrece Arestrup, un hombre a las puertas de su final pero que se obstina en aferrarse a sus ideales, o puede que más bien a sus miedos. Y en frente Dussollier, en el papel de Nording, se muestra como quien realmente intenta llevar la batuta de la plática y quien emplea y exprime el poder de la diplomacia, o puede que más bien el de la manipulación y el engaño. Al final, lo que Diplomacia trata de demostrar es que, al contrario de lo que en ocasiones se piensa, el arte de usar las palabras correctas mueve montañas… y salva ciudades. | ★★ |

    Víctor Blanes Picó
    Redacción Barcelona

    Lectura complementaria: reseña a Diplomacia por Álvaro Martín tras su paso por la 59ª edición de la Seminci.


    Ficha técnica
    Francia, Alemania, 2014. Diplomatie. Dirección: Volker Schlöndorff. Guión: Volker Schlöndorff, Cyril Gely. Productora: Film Oblige / Blueprint Film / Gaumont. Música: Jörg Lemberg. Fotografía: Michel Amathieu. Reparto: André Dussollier, Niels Arestrup. Presentación oficial: Premio al mejor director y mejor actor (Neils Arestrup) en la 59 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).


    Póster: Diplomacia
    El fulgor efímero

    1 comentarios:

    1. Cero entretenimiento, cero diversión, cero coherencia, cero imaginación. No da más que para dos estrellas. Mala: 2 puntos.

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