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    Crítica | Magia a la luz de la luna

    Magia a la luz de la luna

    Los mil trucos de Woody

    crítica a Magia a la luz de la luna | Magic in the Moonlight, dirigida por Woody Allen, 2014

    En la secuencia de apertura de Magia a la luz de la luna, un ilusionista hace desaparecer un elefante sobre el escenario decorado al estilo oriental de un teatro de Berlín. Corren los años 20 y el ambiente es evocador y elegante. El artífice en cuestión es Wei Ling Soo, el mago más respetado de su época, cuyos bigotes esconden la identidad de Stanley Crawford (Colin Firth), un inglés misántropo cuya incredulidad le lleva a viajar a la Costa Azul para desenmascarar a Sophie Baker (Emma Stone), la médium que tiene seducida a la Riviera francesa. Durante 90 minutos, el espectador de Magia a la luz de la luna se sentará en la butaca, al igual que los espectadores de ese teatro berlinés, para asistir al sortilegio de Woody Allen y debatirse entre creer y no creer, la gran temática del filme.

    La última del director neoyorquino no figurará con seguridad entre sus películas más memorables y, sin embargo, tampoco puede argumentarse que sea un filme fallido. En Magia a la luz de la luna, el realizador apuesta por una fórmula que conoce muy bien: la ilusión como vía de escape a una realidad prosaica. Bajo esta premisa, Allen atrajo a millones de espectadores con Medianoche en París, su película más taquillera hasta la fecha, y obtuvo un éxito unánime de crítica en la maravillosa La rosa púrpura del Cairo. Quizá anticipándose a las críticas o quizá contestando a alguna, el propio Allen dijo una vez que su filmografía era “como la comida china: te sirven muchas cosas pero todas saben a comida china”, y el último filme del director sabe a los deliciosos platos que nos sirve con anual regularidad. Magia a la luz de la luna no es ninguna de las muescas citadas con anterioridad. No posee la brillantez y originalidad de la última, ni la vitalidad que desprende la primera, pero consigue “salvar los muebles” como una metáfora de la magia que nos aguarda a la vuelta de cada esquina, y un recordatorio sobre lo inútil de intelectualizar todos los aconteceres. En palabras de uno de los personajes “quizá la vida no tenga un propósito claro, pero siempre ofrece algo de magia.”

    Magia a la luz de la luna
    Marcia Gay Harden y Emma Stone en un fotograma promocional de Magia a la luz de la luna
    Allen se sirve de una cuidada cinematografía para invocar el hechizo. Rodada en 35 milímetros, auténtica rareza en los tiempos que corren, el director de fotografía iraní Darius Khondji (habitual colaborador de Allen) sabe aprovechar la luz natural de la Costa Azul para convertir los planos en cuadros impresionistas. La dirección de arte es también sobresaliente: coches de época, coquetas damas y refinados caballeros vintage bailando charlestón en elegantes mansiones… Con un presupuesto razonable y una diseñadora de vestuario como Sonia Grande, los años 20 en el cine parecen una apuesta segura. Los vestidos vaporosos y las boquillas de cigarro nos evocan referencias a obras literarias como El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, y a las novelas de Agatha Christie; y es que ya se sabe que Allen gusta de homenajear a los clásicos, como hizo con Tennessee Williams en Blue Jasmine, con su tributo a la literatura rusa en La última noche de Boris Grushenko, y de forma indiscriminada en Medianoche en París (Hemingway, Gertrude Stein, T.S. Eliot, etc.). La banda sonora contribuye al encantamiento: Stravinsky, Ravel y Beethoven alternan con otros compositores recurrentes de su filmografía Cole Porter y Rodgers & Hart.

    Pero seamos claros, el peso de las imágenes y la profundidad de su planteamiento (la dicotomía racionalidad-fe), no quitan que Magia a la luz de la luna pertenezca al género de la pura comedia romántica, y como tal, resulta un poco decepcionante que Allen sólo nos provoque un par de sonrisas a lo largo del filme, sin vocación de carcajada. Colin Firth es un actor brillante y en ésta borda el papel de inglés amargado, y la joven Emma Stone, por su parte, suple con gran vis cómica las carencias que pueda tener frente a su partenaire. Pero la diferencia de edad de casi 30 años y los agujeros que encontramos en la construcción de ambos personajes, convierten el tándem romántico en bastante inverosímil, por mucho que el director neoyorquino venga insistiendo desde hace tiempo en presentarnos el amor como una flor compleja y exótica. El resultado es una pareja algo descoordinada que en ocasiones parece estar bailando el uno vals, y la otra, merengue. El filme número 49 de Woody Allen es ciertamente errático y el guion carece de ambición (sobre todo la primera hora); pero está bellamente realizado y ofrece buenas dosis de magia y de reflexión para llevarse a casa. | |

    Inés Esteban González
    redacción Nueva York (Estados Unidos)


    Estados Unidos, 2014, Magic in the Moonlight. Dirección: Woody Allen. Guion: Woody Allen. Productoras: Sony Pictures Classics / Dippermouth / Gravier Productions / Perdido Productions / Ske-Dat-De-Dat Productions. Fotografía: Darius Khondji. Montaje: Alisa Lepselter. Vestuario: Sonia Grande. Reparto: Emma Stone, Colin Firth, Marcia Gay Harden, Jacki Weaver, Eileen Atkins, Simon McBurney, Hamish Linklater, Erica Leerhsen, Jeremy Shamos, Antonia Clarke, Natasha Andrews, Valérie Beaulieu, Peter Wollasch, Jürgen Zwingel, Wolfgang Pissors, Sébastien Siroux, Catherine McCormack. Presentación internacional: 20ª edición del Festival de Sarajevo.


    Póster: Magic in the Moonlight
    El fulgor efímero

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