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    Crítica | Autómata

    Autómata

    Replicantes nacionales

    crítica a Autómata (2014), dirigida por Gabe Ibáñez. | ★★ |

    Gabe Ibáñez entregó en su día un brillante ejercicio formal cargado de atmósfera y visualmente poderoso que se veía lastrado por una historia de conclusión débil y bastante morosa. Hablamos de Hierro (2009), un drama con tintes de terror ambientado en la isla del mismo nombre, que se beneficiaba de los impresionantes parajes naturales del lugar y de una intensa interpretación de Elena Anaya que le valdría el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Sitges de aquel año. Ahora, cinco años más tarde, el cineasta regresa entre un público expectante con el que es, no conviene olvidarlo, su segundo filme. Una apuesta arriesgada, pues hablamos de una cinta de ciencia ficción que, aunque algunos lo tilden de condescendiente, es un género apenas tratado en España, y con resultados siempre discutibles. Sólo determinados cineastas aparecidos esta última década, como Nacho Vigalondo o Kike Maillo, han sabido darle cierto brillo con enfoques elegantes e imaginativos que, a pesar de las concesiones, conseguían defender su particularidad. En este contexto, Autómata (2014) tiene un rol difícil; y es el de mantener el tipo entre espectadores que han bebido mucho del cine americano, del que el filme de Ibañez es deudor claro, con un relato de intrigas e investigaciones plagada de referencias, alrededor de un trabajador de una de las empresas de robótica líder del sector, investigando el extraño caso de un androide ‘asesinado’ por haber estado haciéndose mejoras a sí mismo, desobedeciendo uno de los protocolos inamovibles de toda máquina, la de no retocarse si no es por orden de un humano.

    El recelo por lo que uno podía encontrarse al final ha visto cumplidas las peores sospechas cuando, a medida que avanzaba la trama, se ponían cada vez más de manifiesto algunos de los errores cometidos por sus responsables. En primer lugar, un guión demasiado grandilocuente en sus diálogos, donde las frases solemnes, y saturadas de filosóficas sentencias sobre la vida y la naturaleza de las maquinas, ahoga tanto las escenas que se vuelven insoportables. Algo que se acentúa en la segunda mitad del desarrollo, cuando Antonio Banderas (recordando a la monocromática intensidad del Denzel Washington de El protector), se adentra en territorio desértico a través de un giro argumental que parece no tener una lógica clara. Ahí aparece el segundo fallo, la falta de motivación de unos personajes que se mueven sin un objetivo claro, deambulando entre unas sangrantes referencias a Blade Runner (1982) y un pretendido ejercicio de cine negro brutalmente descafeinado, antes de que el conjunto derive en una cinta de acción en el desierto deudora de algunos pasajes de Inteligencia Artificial (A. I. Artificial Inteligence - 2001). No beneficia, en cuanto a credibilidad, darle a Melanie Griffith un papel tan testimonial como superfluo, que deja a la vista lo perdida que se encuentra. El casting no consigue química y el desesperado empeño por proveer de empatía al robot llamado Cloe se queda en agua de borrajas, en parte por una postproducción demasiado intrusiva en pantalla que echa a perder una fotografía bien pensada, de eminentes colores terrosos y beige. Este digitalismo de photoshop hace que todo se perciba plastificado, poco natural y artificioso, incluso en localizaciones naturales.

    Autómata

    Lo que en Hierro (2009) funcionó gracias al buen uso de cámara, en Autómata da la sensación de querer acercarse a una perfección estética algo indolente y facilona, que se refugia en un discurso bigger tan life en el que se nos habla, no sin cierto conservadurismo, del ideal humano frente a la mentira de la maquina, carente de conciencia y, por ende, de vida; como si los replicantes de Ridley Scott se hubieran transmutado para venir a hablarnos, en tono mucho más desenfocado, del eterno sueño de Pinocho de querer convertirse en seres de verdad. Enfrentados al escepticismo de un protagonista empeñado en gritar en mitad de la nada eso de “I am a human”, con la misma vehemencia con la que Charlton Heston alzaría su voz al final del El planeta de los simios (The Planet of the Apes - 1968). Por eso uno nota el arrebatamiento de Gabe de querer dejar su huella, muy conscientemente, en la sci-fi española, y por eso mismo su intento es tan desacertado. Se quiere demasiado a sí mismo y se olvida de asentar buenos personajes en pro de una dirección que podría haber sido más elegante si hubiera optado por un tratamiento menos barroco. Autómata no es mucho peor que otras propuestas americanas del mismo tipo y muestra buenas ideas, amén de una apertura interesante que consigue captar la atención. Pero sucede algo que debemos comentar. Y es que la perspectiva se pierde cuando se trata de valorar este tipo de cine en nuestro país. Uno debe ser consciente de los límites de su propia industria, diferenciando entre aquellas obras que han sabido asimilar sus referencias para transformarlo en algo genuino (como cineastas como Jaume Balagueró han hecho con el terror) y lo que al final no es más que una imitación desesperada que no ha sabido situar su integridad por encima de sus fuentes, error fatal del guión de Autómata. Está claro que la ciencia ficción sigue siendo una de nuestras tareas pendientes más allá de un par de nombres de peso. Hasta entonces, tendremos que valorar, únicamente, las buenas intenciones de filmes como este. | ★★ |

    Gonzalo Hernández
    Enviado especial a la 62ª edición del Festival de San Sebastián


    España, Bulgaria, 2014. Título original: Autómata. Director: Gabe Ibáñez. Guión: Gabe Ibáñez, Igor Legarreta, Javier Sanchez Donate. Productoras: Green Moon / Un Boyana Viburno. Fotografía: Alejandro Martínez. Música: Zacarías M. De la Riva. Montaje: Sergio Rozas. Presentación oficial: 21 de Septiembre de 2014 (Festival Internacional de Cine de San Sebastian). Reparto: Antonio Banderas, Birgitte Hjort Sørensen, Melanie Griffith, Dylan McDermott, Robert Forster, Tim McInnerny, Andy Nyman, Dadid Ryall, Andrew Tiernan. 


    Póster Autómata
    El fulgor efímero

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