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    Crítica | Misericordia (Los casos del Departamento Q)

    La mujer que arañaba las paredes

    Pasado insoluble

    crítica de Misericordia (Los casos del Departamento Q) | Kviden i buret, dirigida por Mikkel Nørgaard, 2013.

    El cine de género escandinavo está en plena forma. La traslación a la gran pantalla de alabados best-sellers como la trilogía Millennium (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire) de Stieg Larsson o El hipnotista de Lars Kepler han conseguido que el cine negro nórdico pueda codearse de tú a tú con las grandes producciones de Hollywood, logrando generosos dividendos en la taquilla. Por lo general, estas adaptaciones han sido recibidas con tibieza por la crítica, que ha considerado que no terminan de hacer justicia a las novelas. La última aportación a este interesante subgénero sería la danesa The Keeper of Lost Causes (2013), adaptación de la primera de las cuatro entregas (hasta el momento) de la saga literaria de Jussi Adler-Olsen, la cual ha vendido casi 7 millones de ejemplares en todo el mundo. El libro homónimo –traducido en España como La mujer que arañaba las paredes– obtuvo el premio Deadly Pleasures a la mejor novela negra de 2012 en Estados Unidos y, desde entonces, se convirtió en carne de cañón para que se realizara su correspondiente versión de celuloide.

    La historia sigue al subcomisario de la Policía criminal de Copenhague Carl Mørck que, tras sobrevivir a un tiroteo en el que su mejor amigo quedó inválido y otro compañero perdió la vida, queda relegado a trabajar en el departamento Q, destinado a recuperar casos de los últimos 20 años que no han sido cerrados. Con secuelas físicas y psicológicas, preocupante afición a la bebida y una familia rota, Mørck acepta a regañadientes su nuevo cargo, en el que cuenta con la ayuda del afable y testarudo Assad. El primer caso elegido por la pareja será el del aparente suicidio de la joven política Merete Lynggaard, desparecida cuando viajaba en ferry junto a su hermano disminuido psíquico. Lo primero que sorprende de la película es que su director, Mikkel Nørgaard, únicamente tenía como experiencia anterior un par de series de su país, algo que confirma que la televisión, a veces, puede ser la mejor escuela. A pesar de encontrarse ante un reto de gran ambición comercial, el realizador novel demuestra una asombrosa buena mano para dotar a la cinta de un ritmo trepidante que no decae en ningún momento, con una hábil dosificación de la información. El estupendo libreto de Nikolaj Arcel, director de la celebrada Un asunto real (2012) –con la que logró el Oso de Plata al Mejor guión del Festival de Berlín–, condensa en unos ajustadísimos 96 minutos la novela de Adler-Olsen, sin descuidar la descripción de las circunstancias principales de sus personajes –sobre todo las del conflictivo y atormentado Mørck– y haciendo un sabio uso de los flashbacks para ir poniendo en antecedente al espectador de los hechos que rodearon al caso de Merete. Al contrario que las películas de Millennium, a veces demasiado espesas, este notable thriller de venganzas tiene una trama accesible y amena, que bebe más de las oscuras incursiones de David Fincher en el género –Seven (1995), Zodiac (2007)– que de las otras intrigas nórdicas que nos han visitado últimamente.

    La mujer que arañaba las paredes

    Nikolaj Lie Kaas y Fares Fares ofrecen unas excelentes interpretaciones en sus encarnaciones de la pareja de detectives que, aunque en un principio no comienzan su relación laboral con buen pie, finalmente se apoyan el uno en el otro para sacar adelante el caso. El carácter introvertido y arisco de Mørck contrasta con la positividad de un Assad mucho más receptivo a acoger a su nuevo compañero de investigaciones, por lo que ambos terminan complementándose a la perfección en su trabajo para el polvoriento departamento Q. No puedo evitar que esta pareja protagonista, su choque frontal inicial y la paulatina relación de respeto y cierta camaradería que se establece entre los dos hombres, me recuerde a la de la serie revelación de la HBO en 2014 True Detective. El tono sombrío de la narración y sus ambientes, la necesidad de desenterrar un crimen del pasado que aún tiene repercusión en el presente y la importancia de los tensos interrogatorios por encima de la acción más convencional, son otros elementos que ambas producciones comparten. Jussi Adler-Olsen puede respirar aliviado. La adaptación al cine del primero de los volúmenes de su serial ha sido un éxito, no solo de taquilla, sino también artístico. El filme, técnicamente impecable –fotografía y música brillan a gran altura–, contiene algún que otro momento, como la magnífica secuencia del accidente automovilístico, que se queda grabado fácilmente en la retina del espectador. Da gusto encontrar una muestra de cine negro europeo que ofrezca entretenimiento ágil y de calidad, sin que sobre ni falte nada. Personalmente, no pienso perderme la más que posible secuela. | |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Dinamarca. 2013. Título original: Kvinden i buret. Director: Mikkel Nørgaard. Guión: Nikolaj Arcel (Novela: Jussi Adler-Olsen). Productora: Film i Väst / Zentropa Productions. Fotografía: Eric Kress. Música: Patrik Andrén, Uno Helmersson, Johan Söderqvist. Montaje: Morten Egholm, Martin Schade. Intérpretes: Nikolaj Lie Kaas, Fares Fares, Mikkel Boe Følsgaard, Sonja Richter, Marijana Jankovic, Søren Pilmark.


    Póster danés de La mujer que arañaba las paredes
    Feelmakers

    1 comentarios:

    1. No despiertan interés ni la historia ni los personales. Soporífera. Es (mal) teatro filmado. No entiendo porque tantas loas a este bodrio. Mala: 2 puntos.

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