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    Crítica | At Berkeley

    At Berkeley

    La importancia de educarse

    crítica de At Berkeley, de Frederick Wiseman, 2013

    Hay profesiones y artes que existen desde los albores de la Humanidad, y la educación es una de ellas. Aunque la misma, huelga decirlo, se puede desarrollar en multitud de lugares y circunstancias, y de hecho está presente de forma casi constante en la vida de una persona, a lo largo de la historia se han consolidado métodos e instituciones específicas para llevarla a cabo. En el marco europeo, es bien conocida la tradición pedagógica griega y latina, así como el surgimiento de las universidades en el Renacimiento, y la posterior evolución, sobre todo durante el siglo XIX, hacia una educación más abierta y plural. Dentro de este progreso, en la actualidad se han mantenido naturalmente las formas más establecidas para enseñar y aprender, pero también se han consolidado nuevos caminos para difundir un activo no sólo intelectual y laboral, sino cultural y social. La educación a distancia y la información en red son hoy instrumentos imprescindibles en este campo, cuyo objetivo autoproclamado suele ser el de llevar la formación superior a los hogares de quienes no están en condición de recibirla in situ. Aunque si esto último se deriva de problemas económicos, debe ser combatido mediante ayudas y apoyos. El discurso no nos es extraño, y menos aún en una época de crisis como la que vivimos. Pero lo curioso del documental At Berkeley es que realiza una ardiente defensa de la educación pública, accesible para todos y de la que nadie debería quedar excluido, y a la vez sirve para instruirnos y literalmente adentrarnos en la vida universitaria sin salirnos de nuestro asiento y sin ir más allá de la pantalla.

    Lo consigue porque no se trata de un documental al uso. La narración en off, las imágenes de archivo y las entrevistas a cámara están totalmente ausentes: en vez de ello, se nos hace partícipes, sin filtros ni rodeos, de la cotidianeidad de la Universidad de California en Berkeley durante un curso académico, desde la imparcialidad y la paciencia que caracterizan el estilo del veterano documentalista americano Frederick Wiseman. Imparcialidad porque la cámara se coloca en el meollo de las clases y reuniones, las conferencias y eventos, las obras y los espectáculos, enfocando las acciones in media res y dejando que las mismas fluyan durante mayor o menor tiempo. Y paciencia porque la película se alarga hasta cerca de las cuatro horas de duración, lo cual permite ofrecer un panorama multidisciplinar y exhaustivo del campus californiano, mostrándonos varias sesiones de trabajo, de humanidades o ciencias; así como numerosos encuentros del cuerpo administrativo, docente o estudiantil, de manera que el conjunto no se eterniza ya que puede incluso vislumbrarse como una serie de pequeños capítulos separados. La visión global es en cualquier caso muy enriquecedora, pues realmente estamos presenciando, desde un punto de vista privilegiado, el día a día de una de las universidades más prestigiosas del mundo, y ante tamaña trascendencia la técnica algo irregular con la que se ruedan sus actividades se queda en un defecto menor.

    At Berkeley

    Más precisamente, me refiero a la alternancia algo torpe entre la cámara fija y la cámara al hombro, y a algunos planos mal encuadrados y movimientos de cámara bruscos que denotan la lógica ausencia (o escasez) de planificación ante lo que se rueda, pues se captura simplemente lo que va ocurriendo. Wiseman intenta imprimirle cierto ritmo, a base de cambios de decorado o de ángulos, lo cual también ayuda a que el metraje no se haga pesado, pero éste es uno de los pocos casos en que los cuadros y cortes son lo de menos. Si la cámara en ningún momento llama la atención de las personas que son grabadas, menos aún debería el espectador centrarse en ella. Y aunque habría sido mejor extender la serenidad que imbuye el enfoque narrativo al lado técnico, su ligera falta de coherencia sí es en cualquier caso acorde con la debilidad del hilo conductor de dicha narrativa, más allá de la localización y la temática. Con todo, hacia la hora de metraje parece que los segmentos anteriores confluyen. Lo hacen en concreto hacia un conjunto de escenas orquestadas en torno a una manifestación de estudiantes que reclaman una larga serie de mejoras y soluciones, hasta llegar a ocupar la biblioteca del campus. Sus encargados, junto a los responsables de la seguridad y la administración, deben entonces afrontar este escenario, con las debidas preparación y discusión (y es que todo se discute en esta película).

    Y en tal momento parecen cobrar un sentido especial todos los fragmentos precedentes, en los que se nos ilustraría con varias caras de una misma moneda: la de los problemas de gestión y de presupuesto de la educación pública, y cómo su valor debe mantenerse a toda costa. Así pues, este mensaje pasa a la acción más directa con esa protesta del alumnado más comprometido, y la película adquiere incluso un decidido tono de suspense y thriller, aún sin salirse del marco más absolutamente verídico. En otras palabras, se acerca a la ficción sin abandonar el género documental, y cuando un filme de este tipo consigue hacer algo así, el efecto es realmente asombroso y encomiable. Pero Wiseman peca de ansia discursiva (y probablemente de exceso de material) y alarga el metraje, esta vez sí, más allá de lo necesario, de manera que el resto del mismo resulta anticlimático y ligeramente improductivo. No empaña el impresionante conjunto, pero sí decepciona un tanto, porque si hubiese llevado a buen término esa interpretación y derivación hacia lo emocional, el resultado habría sido más ceñido, efectivo y memorable… Más si cabe, porque de todas formas el carácter memorable de esta película no puede negarse, aunque sólo sea por la labor memorística que impone toda lección que se precie. Y aquí la lección es monumental. | ★★★ |

    Ignacio Navarro
    redacción Madrid

    Estados Unidos, 2013. Director: Frederick Wiseman. Productora: Zipporah Films. Fotografía: John Davey. Montaje: Frederick Wiseman. Presentación: Festival de Venecia 2013.

    At Berkeley póster
    El fulgor efímero

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