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    Crítica | Muerte de una sombra, de Tom Van Avermaet

    Dood van een Schaduw, de Tom Van Avermaet

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    crítica de Muerte de una sombra | Dood van een Schaduw, de Tom Van Avermaet, 2013
    Mejor Cortometraje en los European Film Awards 2013

    La personificación de la muerte siempre ha estado rodeada de un inquietante atractivo que, por el terror al propósito primordial de su aparición, la ha llevado a ser asociada, y en ocasiones incluso confundida, con el oscuro averno. Lo cierto es que esta alegoría antropomórfica, vestida con toga negra, parece disfrutar del halo misterioso que la envuelve mientras pasea su guadaña ante los sumisos moribundos, que aceptan pesarosos sus incuestionables sentencias. Con Muerte de una sombra, el director Tom Van Avermaet presenta una Parca convertida en coleccionista de arte, tan elocuente como siempre, aunque puede que algo más acomodada, dedicada a la proliferación de su insólita colección, una galería de los horrores que bien podría haber salido de la pluma del sin par Edgar Allan Poe. Avermaet, que no deja de recoger premios a su paso por los diferentes festivales en los que ha presentado su cinta, entre ellos los prestigiosos Premios del Cine Europeo, fue nominado también al Oscar al mejor cortometraje en 2012. Gran parte de su éxito se debe al sensacional Matthias Schoenaerts, el protagonista de De óxido y hueso, que trenza otra estupenda actuación interpretando al marchante de este cliente tan particular.

    Nathan Rijckx es un soldado que ha quedado retenido en el purgatorio a la espera de cumplir con un pacto que va en contra de todas las leyes humanas y divinas. La muerte le ofrece una alternativa a su fatal destino, gracias a la cual podría regresar al mundo de los vivos, pero primero tendrá que capturar las sombras de 10.000 personas en el instante en el que exhalan su último aliento. Sin duda, nos encontramos en el momento histórico más apropiado para incrementar exponencialmente la funesta colección que el Ángel de la muerte atesora: la Primera Guerra Mundial, cuando las defunciones son tan numerosas como las diferentes causas que las provocan. Nathan no está dispuesto a pasar la eternidad atormentado por el recuerdo de un amor que surgió de improviso instantes antes de su fallecimiento, por lo que acepta el trabajo. El problema vendrá en el punto que alcanzado su objetivo y libre de su obsesión, el resultado no termine siendo tan satisfactorio como había soñado, llevando al protagonista a un examen de conciencia en el que tendrá que demostrar el sacrificio que está dispuesto a realizar en aras del amor y la redención. Aleksandr Nikoláyevich Afanásiev nos mostró con su cuento El soldado y la muerte, que posteriormente sirvió de inspiración para la genial novela de Saramago Las intermitencias de la muerte, que para que el mundo funcione correctamente, la vida es tan necesaria como la ausencia de la misma. Hipótesis que vuelve a reflejar este realizador y guionista de origen belga, que sorprende con esta historia visualmente deslumbrante al más puro estilo steampunk de engranajes ruidosos y maquinaria pesada, similar a la estética retro-futurística que Fritz Lang utilizó en Metropolis, 1927. Esas ruedas dentadas que funcionan milimétricamente durante los 20 minutos de metraje, originarán una simpática frivolidad final de nuestro oscuro protagonista, que cerrará el filme por medio de una licencia poética que certifica el buen gusto y la soberbia del coleccionista de sombras. | ★★★|

    Alberto Sáez Villarino
    Dublín (Irlanda)

    Bélgica. 2012. Título original: Dood van een Schaduw. Director: Tom Van Avermaet. Guion: Tom Van Avermaet. Productora: Serendipity Films / Perspective Films. Fotografía: Stijn Van der Veken. Música: Raf Keunen. Montaje: Dieter Diependaele. Intérpretes: Matthias Schoenaerts, Laura Verlinden, Peter van den Eede, Benjamin Ramon.

    Muerte de una sombra, Tom Van Avermaet

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