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    Crítica | Blue Caprice

    Blue Caprice

    Asesino por capricho

    crítica de Blue Caprice | de Alexandre Moors, 2013

    La casualidad de una desgracia imprevista. El pánico a lo desconocido. Jugártela en la ruleta rusa de la vida, sin saberlo. Ir al súper y no volver. Allá por 2002, en plena islamofobia yanqui, la política del miedo se prescribía desde Washington, pero no provenía de la Casa Blanca. La población de la capital de Estados Unidos y regiones colindantes –Virginia y Maryland– estaba aterrorizada por el azote –aleatorio– de un asesino invisible. Desde el anonimato que le confería el maletero de un Chevrolet Caprice, con la frialdad del que juzga desde la locura a todas esas personas que “creen que todo esto es permanente y que no se dan cuenta de que viven en un castillo de naipes,” John Allen Muhammad –El francotirador de Beltway– y su “hijo adoptivo” dictaban sentencia. Una matanza a cuenta gotas. Forjada por un tándem que tiene su origen en la sugestión mesiánica y el odio consolidado por la disciplina del maestro. Blue Caprice (2013), ópera prima de Alexandre Moors, es una aproximación distinta a la naturaleza del psicópata. No importa el cómo –limitado a 5 minutos de película–, sí otro interrogante ¿Qué clase de persona haría algo así? Los detalles son lo de menos y no se buscan. Se hace hincapié en el resentimiento y la inquina que el protagonista le tiene al mundo –culpable de todos sus males y fracasos–; y en su faceta creadora, forjando “un monstruo”, en una versión mucho más retórica y menos científica de Víctor Frankenstein.

    La cinta echa a andar en Jamaica donde John, un simple turista, decide acoger y adoctrinar a Lee Boyd Malvo. Sin referentes y abocado a la soledad Lee se entrega a su amor y exigencias. La erudición persuasiva, embaucadora y manipuladora del padre circunstancial evoca al personaje de John Hawkes en Martha Marcy May Marlene (2011). Cual líder de una secta, no cesa hasta conseguir la devoción irracional de su pupilo y la consiguiente anulación de su personalidad. Blue Caprice funciona como una introspección en el abismo de las liturgias de formación terrorista, pero con fulgor místico. El director francés está más interesado en establecer las coordenadas de un thriller psicológico, que en darle otra vuelta de tuerca a la Segunda Enmienda de la Constitución. Moors no teoriza sobre el fácil acceso a las armas en Estados Unidos y su estrecha relación con las matanzas que se producen con relativa frecuencia. Por ello la cinta tiene mucho de atmosférica. En ese interés por desarrollar la psicología del criminal juega un papel muy importante la fotografía de Brian O'Carroll, brillante en esa construcción climática grisácea, expansiva, densa, oscura, que logra transmitir a base de cromatismo la turbia personalidad de John. Una elegancia visual en estrecha consonancia con lo que se quiere contar. Con ritmo pausado –cargante en algunos compases de la película–, sutileza, buen gusto y dando la espalda al sensacionalismo –las escasas escenas de los asesinatos eluden el exhibicionismo pirotécnico– seguimos la enajenación del padre y del hijo en funciones. Un arrobamiento sanguinario cuya cadencia la marcan dos grandes interpretaciones. Isaiah Washington y Tequan Richmond materializan en pantalla su tortuosa dependencia y su terrorífica determinación, en armonioso equilibrio con unos secundarios también brillantes – Tim Blake Nelson y Joey Lauren Adams–. Sin duda, lo mejor de la película amén del citado trabajo de fotografía.

    Blue Caprice

    Los supuestos ultrajes sufridos por John, como lo son la pérdida de la custodia de sus hijos, el rechazo de su comunidad o el hecho de que el ejército le diese la espalda en el momento más duro de su vida, se nos antojan atenuantes de la barbarie. Parecen dar (relativo) sentido a sus actos. Como espectadores sucumbimos a su capacidad de atracción. El director nos saca rápido del atolladero con la escena del tanque de gasolina de la moto; en ella se nos pone sobre aviso de un farsante capaz de alterar la realidad más próxima. Se perfila como un niño que niega las arbitrariedades que le son adversas. Es en ese momento en el que se sientan las bases de las apologías absurdas. Lo ilógico de sus actos no viene marcado por una infancia traumática, sino que se construye con una fermentación paulatina del resentimiento. Esa escena de la moto es bajo la que se sustenta y se explica la naturaleza de un hombre cuya irracionalidad conduce a la matanza. En el último tercio de película se recalcará su carácter caprichoso –por ahí viene el título–. En esas latitudes reaparece la condición divina que John tiene de sí mismo, después de la creación del monstruo pasará factura al mundo, a la sociedad americana, por los agravios recibidos. El azar irá cobrándose sus víctimas. Árbitro del destino. Sin razón aparente. El contrapunto negativo de Blue Caprice se encuentra la noción del director, que sabiendo que está cerca de una obra ensalzable cree necesario ponerse coqueta para lograrlo. Peca de cierto exceso de autoindulgencia y se recrea en el arte contemplativo. Con una plétora de momentos propios del cine indie incluidos, que por manidos resultan impostados. La consecuencia es un ligero empobrecimiento del resultado final. | ★★★

    Andrés Tallón Castro
    redacción Madrid

    Estados Unidos, 2013, Blue Caprice. Director: Alexandre Moors. Guion: Alexandre Moors, R.F.I. Porto. Productora: SimonSays Entertainment / Intrinsic Value Films / Prolific / Streetwise Pictures Entertainment / Electric Avenue Radio. Fotografía: Brian O'Carroll. Música: Sarah Neufeld, Colin Stetson. Reparto Isaiah Washington, Tequan Richmond, Tim Blake Nelson y Joey Lauren Adams.

    Blue Caprice póster
    Feelmakers

    21 comentarios:

    1. Vamos, no nos hagamos los suecos. Cuando una película se estrena, el principal reclamo es necesariamente el director, los actores, la calidad de la misma o la recaudación obtenida en otros países. Nada de eso concurre en el caso de esta película, puesto que todos sabemos muy bien cuál ha sido el reclamo: la temática lésbica y las escenas de sexo, y así lo han aireado en todos los periódicos, artículos y críticas. Afirmar que la importancia o el éxito de "La vida de Adèle" se debe a otros motivos es cuando menos de hipócritas.

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    2. ¡Ya está bien de tratar el sexo como un tabú! Esas escenas son pura pasión y puro amor. El sexo es placer, es bello, es natural... Que no estamos en el siglo XIX, por el amor de dios. ¿Mostrar sexo es necesario? Pues depende de cómo lo mires. Es tan necesario como mostrarnos el momento en el que se conocen, la primera cita, el primer beso, la primera discusión... El sexo es tan parte de una relación como todas estas cosas. ¿Se podría ignorar todo esto? Pues sí, pero esta película es grande porque lo muestra todo, sin tabúes propios del siglo pasado. El sexo en esta película tiene el mismo peso que en una relación en la vida real. Y bastante infravalorado está el sexo en el cine con respecto a la vida real como para criticar una película que al fin se atreve a mostrarlo. La vida de Adèle es pasión y sentimiento, con una de las mejores interpretaciones femeninas de los últimos años y con varias escenas absolutamente memorables. Los que están obsesionados con el sexo es precisamente la gente como tú, que solo argumenta en torno a las escenas de sexo e ignora todas sus virtudes, que ven un árbol y son incapaces de ver el bosque. Y por cierto, preguntar por qué se obvia el sexo hetero en una película de lesbianas es absurdo, más aún teniendo en cuenta que pese a ello muestran una. En dicha escena se nos muestra que la protagonista no disfruta, en las lésbicas nos muestran todo lo contrario; eso es lo que el director quería conseguir y lo ha conseguido. Así que las lesbianas que estáis tan indignadas os pediría que valoréis la película en su conjunto y dejéis solo de criticar el sexo, el sexo y el sexo. La película es muchísimo más que eso.

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    3. Pornografía es mostrar sexo real en pantalla. Erotismo es mostrar escenas simuladas. En este caso es evidente que es lo segundo, ya que las actrices ni siquiera son lesbianas, están interpretando. Así que antes de usar una palabra aprended su significado, por favor.

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    4. La película tendrá unos 20 minutos de sexo entre todas las escenas y dura tres horas. Me parece absurdo poner la cruz a una película por el 15% de su metraje. ¿No deberías valorarlo más por el otro 85%? Tenéis que dejar de ver el sexo como algo "prohibido". ¿Por qué en una película se pueden mostrar discusiones, besos, rupturas, enamoramientos, citas... pero no sexo? ¿Acaso no forma también parte de las relaciones humanas? Es algo que hacemos todos. ¿Es imprescindible mostrarlo? Pues no, como tampoco es imprescindible mostrar el primer beso, pero si lo añades le da realismo por una simple razón: EN LA VIDA REAL EXISTE EL SEXO. A ver si empezáis a tratarlo como algo natural y dejáis de darle tanta importancia. Algunos estáis obsesionados, de verdad.

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    5. En ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado, como por ejemplo sucede en el cómic. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica. Podía haber sido una escena de sexo rodada con respeto, buen gusto, erotismo y sensibilidad y no quedarse en el puro morbo de un director tiránico que parece regodearse en las tijeras y el cunnilingus mientras filma para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como otra cosa. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual y obsesivo.

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    6. Las propias lesbianas somos tan críticas con esta película precisamente porque nos vemos reducidas a una fantasía absurda de un hombre heterosexual, posturas ridículas y una actitud como de “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo”. Teniendo una historia tan maravillosa como la que tenía, con un temazo a desarrollar, un punto de partida estupendo en la obra original para trabajarlo y unas actrices entregadas y convincentes para darle vida, Kechiche ha malgastado sus 180 minutos de película en tijeras cunnilingus. A “La Vida de Adèle” le falta verdad y le sobran erecciones. En su cómic, Julie Maroh quiere dar visibilidad a las dificultades con las que se encuentra un adolescente durante el proceso de aceptación de su diversidad sexual, además de presentar una historia de amor excelente, bien cuidada, respetuosa, estética. Pero la prioridad de Abdellatif Kechiche ha sido ejercer de dictador. Él quería sostener la lupa como un voyeur dándose el lujo de exigir todas sus fantasías desde el lugar más privilegiado. No nos extrañe pues que Maroh haya denominado a esta película “pornografía para mentes masculinas”.

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    7. Estoy de acuerdo. Y conste que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado, como por ejemplo sucede en el cómic. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica. Podía haber sido una escena de sexo rodada con respeto, buen gusto, erotismo y sensibilidad y no quedarse en el puro morbo de un director tiránico que parece regodearse en las tijeras y el cunnilingus mientras filma para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como otra cosa. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual y obsesivo.
      Por ejemplo, una película como Nymphomaniac es bastante más honesta que ésta en cuanto a propósitos y objetivos, ya que no miente al presentarse a sí misma: "FORGET LOVE" es su frase de presentación y en ningún momento reniega de sus escenas pornográficas o de sexo explícito. Pero Kechiche hace todo lo contrario, muy hipócritamente: rueda escenas claramente pornográficas y de bastante mal gusto y nos las quiere hacer tragar no sólo como necesarias sino como demostración de la pasión más auténtica. Pues por eso yo no paso, lo siento mucho, no quiero que se me tome por idiota. Lo que ha rodado este hombre es porno, se ha recreado en él y en las actrices y ha querido hacerlo así para llenar más salas, crear más audiencia y alimentar más morbo (sobre todo el masculino).
      Si habéis leído el cómic (que os recomiendo para que veais por vosotras mismas la diferencia), comprobaréis que las escenas de sexo no tienen nada que ver. Son explícitas, sí, pero no se recrean injustificadamente ni ofrecen morbo gratuito no resultan tópicas o insultantes. Son naturales, sugerentes y estéticas. En la película no veo más que tetas bamboleantes y posturas ridículas propias de un vídeo de Youporn.

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    8. Soy lesbiana y ver esta película me ha producido un profundo asco y rechazo de ver cómo un cabrón morboso nos reduce tristemente a lo mismo de siempre: meros objetos de morbo. Aquí no hay ninguna profundidad, ningún guion brillante, ninguna trama ni problemática trascendente…. nada más que 15 minutos de sexo salvaje para dar morbo y ganarse a la crítica masculina, y vender una película que no es más que pornografía fácil y gratuita disfrazada de la historia de amor más increíble jamás contada. De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Esta peli no ofrece nada más que el morbo de la homosexualidad femenina y, sobre todo, las imágenes explícitas que lo corroboran. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo realista hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes. Qué asco y qué pena

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    9. Esta película es tan absurda y ofensiva como ver a Ingrid Bergman follando a cuatro patas en Casablanca. Seguro que ganó Cannes por su profundísimo guión y trascendentales diálogos. Las tijeras y las tetas bamboleantes no tuvieron nada que ver.

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    10. "Algo que es digno se banaliza y se convierte en mierda". Quizás pienses que la pasión se vuelve mierda cuando la gente se frota más de la cuenta. Antes de nombrar la pornografía, deberíais daros una vuelta por algún vídeocutre X de lesbianas de estos de Internet (es decir, de actrices porno haciendo de lesbianas) para aprender a diferenciar entre buen cine apasionado y emotivo y porno pachanguero. Quizás una pantalla en negro con un narrador de documentales de la 2 quedaría más espiritual y digno en la escena cañera, pero no se puede tener todo.

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    11. Estoy MUY harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película
      que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un
      director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había
      encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o
      quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña
      basura... Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e
      injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de
      llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la
      audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas
      insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de
      sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de
      rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la
      novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su
      sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos... sólo sexo
      explícito, posturas ridículas y morbo insultante.

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    12. Para mí las escenas de sexo explícito son muy evidentemente una llanura durísima por la que atraviesan las protagonistas; a esa llanura desértica se ve reducida Adèle cuando, luego de la ruptura con Emma, vive un verdadero calvario.
      Adèle nunca pudo continuar con su vida, quedó atrapada por ese desierto, sin escalones por los que trepar y LO MÁS IMPORTANTE: ¡no sabe de ninguna manera cómo salir de allí!
      ¿Por qué el azul? El joven Werther vestía de azul.
      ¿Por qué el 'I follow you', 'Deep sea'? Von Aschenbach llegó hasta la orilla del mar en busca de su propio Diónisos, pero tuvo la suerte de morir; la tragedia de Adèle es haber quedado viva, encerrada en el desierto.

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    13. Yo creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el sexo y resulta descarada y ofensiva la intención comercial de esta película. Precisamente creo que el director se vio obligado a incluir esos 10 minutos de sexo lésbico explícito porque si no nadie iría a ver una película de 3 horas, tan lenta, tan densa y tan poco comercial en todos los demás sentidos. De ahí tanta indignación justificada con ella, porque el director se ha aprovechado de algo que sabe que crea morbo como el sexo lésbico y lo ha pervertido hasta niveles pornográficos para luego venderlo como “arte” y hacerse el tonto diciendo que no, que lo importante no es que la relación sea entre dos mujeres cuando precisamente si no estuviera protagonizada por dos chicas la historia habría pasado completamente desapercibida para el público y la crítica…

      Es fácil hacer la prueba: si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Es verdaderamente una lástima.

      En relación con esto, mi principal motivo de queja y frustración con esta película (que por muchos motivos me resulta un compendio de tópicos facilones sobre la homosexualidad con un guión naïf e inocentón en exceso que camufla sus carencias bajo toneladas de sexo explícito absolutamente injustificado y que denota una visión masculina obvia) es la escena suprimida en el montaje final de los padres de Adèle echándola de casa cuando la pillan en la cama con Emma, que en el cómic marca un punto de inflexión importantísimo en la vida de la protagonista y así debería haber sido igualmente en la película para entender mejor su desamparo y su soledad. Esta escena sí que es vital para la trama y no la de las tijeras, por ejemplo, a la que se dedica una atención que roza el ridículo. ¿Por qué se suprimió entonces? ¿Para darle más minutos al sexo? ¿Es que no eran suficientes? Resulta incomprensible.

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    14. Una habitación con vistas. La cámara gira hacia el interior y se ve a un tío en la cama.

      Es Abdellatif Kechiche tocándose la polla y hablando por teléfono con su mejor amigo y consejero espiritual.

      - Tío, no paro de pensar en tías en bolas, en plan rollo bollo.

      - Pues nada, móntatelo a lo Medem: haz una peli que vaya de bollos, y que estén bien buenas. Y de paso que te pajilleas tú se pajillea media humanidad, que el rollo bollo tiene mucho público.

      - Ya, pero si hago lo que estoy pensando va a parecer que hago porno. Y yo tengo un nivel, tío.

      - No hay problema. Haz que hablen de vez en cuando y que digan cosas poéticas. Tú eres Kechiche, no haces porno, ¡haces poesía!

      - Ya, pero sólo con eso no va a colar. Pienso tenerlas un montón de rato en bolas, necesito algo más.

      - Bueno, puedes alargar la película indefinidamente con muchos primeros planos, así por mucho tiempo que las tengas en pelotas siempre podrás decir que también les sacas la cara de vez en cuando. Un primer plano de los mocos mientras la protagonista llora puede ser la hostia.

      - Y eso para qué?

      - Para nada; eres Kechiche, un poeta, un artista de la imagen, un creador. No tienes que dar explicaciones. La gente se preguntará el porqué de cada plano y harán sesudos análisis y se olvidarán de lo de las tías en bolas.

      - Jo, tío, eres un crack. Me has salvado la vida. Mira que estaba como el pico una plancha con el tema éste.

      - Pos nada, haz la peli. Oye, y de paso me haces un favor. Conozco a una nena que está buenísima, la jodida se llama Exarchopoulos, toma ya, Adèle de nombre. He intentado tirármela de todas las maneras posibles, pero nada, no consiente la hijaputa. Como tiene ínfulas de actriz, si la contratas por lo menos la podré ver en pelotas y pegarme un meneíllo. Qué me dices, chaval?

      - Hostia, tío, eres el puto amo. Y ahora que lo pienso, me gusta el nombre de tu nena. Voy a titular la peli en su honor "La vida de "Adèle".

      - Ah, pues de puta madre. Un gran detallazo por tu parte. Oye, no estarás intentando tirártela, no? No te lo perdonaría en la vida. Pero bueno, si te la tiras luego me la pasas... y pelillos a la mar. Qué dices, hace el apaño?

      Y así fue como el bueno de Abdellatif, con el fin único y exclusivo de echarse unas pajillas, nos la metió doblada y ganó la Palma de Oro en Cannes, además de un montón de aclamaciones de críticos que han sabido muy bien justificarle.

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    15. "La vida de Adele" es la película más machista que he visto en mi vida, además de perversa, tanto ella como sus intenciones, porque me parece repugnante cómo se abusó de estas dos actrices jóvenes por parte de un director ávido de morbo. Creo que no hacía ninguna falta mostrar tantísimo sexo y que si se hizo así fue únicamente para buscar polémica y audiencia, que se cargaron una novela original extraordinaria en función solo de la búsqueda de esta fantasía masculina heterosexual, que si hubieran sido dos hombres los protagonistas no habrían ido tan lejos las escenas de cama y tampoco la película habría sido tan alabada ni tan premiada y que de hecho si fue así fue porque los críticos (hombres heterosexuales, recordemos, en su mayoría) la valoraron más con los genitales que con el cerebro, ya que objetivamente es una historia bastante mediocre que no aporta nada.

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    16. Estoy en general de acuerdo en todo lo que plantean las lesbianas indignadas con esta película y también me rebelo contra la hipocresía y la imbecilidad de los críticos y festivales correspondientes. El sexo en el cine me parece un tema de lo más interesante porque, como bien planteas, muchas veces actúa como un reclamo morboso en si mismo que se desconecta del relato en el que está inserto. Desde luego la película que nos ocupa es un ejemplo claro de este efecto, y entiendo por ello la ira que ha provocado.

      La cuestión es: ¿es lícito mostrar sexo actuado en un relato? Yo pienso que sí, claro. Pero también es cierto que el carácter claramente perturbador de la visión de personas, aunque sea fingido, practicando sexo muchas veces no complementa la narración sino que ejerce como elemento distorsionante. Y, por supuesto, en “La vida de Adele” esto está llevado al extremo porque realmente las actrices están representando su sexo de una forma tan expícita que cuesta trabajo decantarse por si es sexo fingido o real. Para un espectador masculino heterosexual este momento claramente se desconecta del relato porque la excitación de ver esta fantasía es lo único que importa en ese momento. Y es normal que sea así. Lo lamentable es que el director y los críticos alabadores sean tan cínicos e hipócritas para hacer pasar este elemento determinante de la película como un hermoso complemento y no como un reclamo morboso, y por ende, comercial.

      Si quiero ver sexo, veo porno. Pero no me vendas cine con algo demasiado parecido al porno porque somos todos mayores y me estás tomando por tonto.

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    17. Puedo darle cierta relatividad a esta película porque yo, que me identifico como heterosexual, no tengo una necesidad personal (más allá de la humana), de que se visibilize una historia lésbica y se muestre la discriminación a través del cine. PERO COMPRENDO perfectamente que algunas mujeres lesbianas sientan rabia al ver que la primera persona que expone y que dirige esta temática es un hombre heterosexual. Con el historial y el presente que siguen viviendo las personas con sexualidad no normativa, es muy absurdo que no se aproveche una película así para mostrar con profundidad la historia vista desde personas QUE LO HAN VIVIDO y sienten la necesidad de contarlo y reivindicar. En nuestra cultura, el lesbianismo se usa para la excitación masculina y no está visibilizado como una opción vital positiva y completa, y eso a mí también me da asco y rabia. En este sentido me sentí molesta en solidaridad, porque “La vida de Ad’ele” se queda en eso, en un ejercicio de excitación masturbatoria para hombres, un insulto a las lesbianas en particular y a la inteligencia del público en general.
      ES LÍCITO mostrar sexo en una película, por supuesto que sí, pero que me muestren honradamente las reglas desde el principio y no de una manera tan manipuladora y comercial. Dudo que si la película prescindiera de las escenas explícitamente sexuales entre las dos protagonistas (guapísimas, por cierto, y siempre depiladas y listas para el momento, por cierto también…) hubiese tenido la más mínima repercusión (o sí, vete a saber, de pelis malas está el cine lleno). ¿Y por qué? Porque esta es una película totalmente plana, y además larga y tediosa que evita en todo momento el conflicto.
      Lo que se presenta como un drama respecto al propio conflicto de la sexualidad en la adolescencia acaba siendo una historia mediocre con los mismo registros del manido amor romántico, de hecho, bastante afectada por una visión patriarcal y pequeñoburguesa.
      Adéle es un personaje altamente ostiable,que no lucha por lo que quiere sino que directamente se deja llevar, la caga en innumerables ocasiones y después llora y espera que las cosas se solucionen solas. Una adolescente de clase media a la que nos quieren presentar más culta que el mundo que la rodea cuando no es en absoluto espabilada ni mucho más lista que sus padres, que comen spaguettis mirando la tele y sin hablar entre ellos.
      Emma, una egocéntrica de campeonato representando el rol masculino de la pareja (cada vez más exagerado). El peor rol que puede representar un hombre: paternalista, dominante y que se considera muy superior intelectualmente a su joven novia. Hasta el punto de llamarla puta por acostarse con otro (¡y eso que antes de empezar con Adele, es ella la que tiene pareja!). Todo ello enmarcado en su mundo de pequeña burguesa con unos padres que comen ostras y le permiten ser la nini de la casa para centrarse en su arte.
      Se evitan TODOS los conflictos que se presentan en la película: el conflicto de Emma con su pareja hasta que se enrolla con Adele, el conflicto de Adele con los compañeros homófobos de su clase, el conflicto de Adele con sus padres al salir del armario, el conflicto de Adele con el entorno laboral y su homosexualidad… para ir a lo fácil: pongámoslas a follar durante 15 minutos para que a nadie el quepa duda de la pasión que las une.
      Esta no es una película sobre la homosexualidad, es un culebrón absurdo que ha utilizado el sexo lésbico como principal reclamo. Que nadie tenga valor para admitir una evidencia de tal calibre es lo tremendo, y por eso no debe resultar tan raro que a muchos y muchas (heterosexuales u homosexuales, aunque comprendo perfectamente que a las lesbianas les indigne más) nos parezca hipócrita.

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    18. Contra La vida de Adèle15 de febrero de 2015, 17:23

      ¿Por qué estamos en contra de esta película? Aquí enumeramos las razones:
      - Fomenta tópicos machistas y morbo gratuito.
      - Vulgariza impunemente la maravillosa obra original, ‪#‎Elazuleselcolormascalido‬, de ‪#‎JulieMaroh‬, y la sexualiza convirtiéndola en basura.
      - Reduce la imagen de las lesbianas a mera pornografía para hombres y la relación entre ellas a una frívola fantasía machista.
      - Cosifica y explota a las actrices, ‪#‎LeaSeydoux‬ y ‪#‎AdeleExarchopoulos‬, para hacer de ellas simples objetos masturbatorios.
      - Ningunea todos los temas profundos del cómic original, así como su
      buen gusto y sensibilidad, sacrificando su importancia para centrarse
      únicamente en la explicitud de unas larguísimas escenas sexuales
      totalmente innecesarias para la trama.
      - Intenta convencer al
      espectador de que estas escenas son imprescindibles para entender la
      vida de la protagonista, y en cambio no se regodea ni la décima parte
      con las escenas de cama heterosexuales (también supuestamente
      importantes para entender la vida de la protagonista y su evolución).
      - Convierte la visibilización y normalización lésbica en puro morbo para voyeurs y pajilleros.
      - ‪#‎AbdelatifKechiche‬ demuestra una total falta de respeto hacia la idea original concebida por la autora.
      - Es una película mediocre premiada y alabada injustamente sólo por su
      reclamo sexual, sin el cual la historia no destaca por nada y habría
      pasado completamente desapercibida.
      - Es ofensiva para las lesbianas, utilizadas una vez más para lo mismo de siempre: la consecución del placer masculino.
      - Toma por idiota al espectador queriendo venderle una supuesta gran historia de amor que no es más que vulgar pornografía.
      - Desaprovecha un fantástico material original y lo que podía haber
      sido una valiosa y memorable obra de referencia queda reducida al
      reclamo fácil y comercial.
      - Todo ello se corrobora con las eróticas fotos promocionales y la sexualizada campaña de publicidad.

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    19. Pornografía es sexo real explícito en el que se muestran genitales. Aquí ni se ven los genitales en ningún momento ni hay sexo real, ya que las actrices no son lesbianas, están interpretando. Te recomiendo que te metas en una web de vídeos porno (hay miles) y aprendas lo que es pornografía de verdad.

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    20. No tienes ni idea. Pornografía es sexo real explícito en el que se muestran genitales. Aquí ni se ven los genitales en ningún momento ni hay sexo real.

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    21. Me encanta ver cómo una sola persona es capaz de indignarse tanto con una película como para crearse decenas de cuentas y hablar mal de una película que ha conseguido alabanzas casi unánimes entre los críticos y que también está muy bien valorada entre el público (como demuestran webs de votaciones populares como FilmAffinity). No vas a tener más razón por crearte cuarenta cuentas y decir lo mismo una y otra vez. Y sí, se nota que eres la misma persona porque escribes exactamente igual y usas los mismos argumentos, llegando al punto de que incluso repites frases entre mensajes.

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    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Classics

    • Retrospectiva de Jacques Becker

      Por José Luis Forte / «A golpe de escoplo y martillo un hombre perfora el suelo de hormigón de una celda. Cada impacto hace saltar esquirlas y polvo de cemento en una tarea que se nos antoja imposible. Hay poco tiempo, el ruido es infernal, los guardias de la prisión pueden pasar en cualquier momento y solo la casualidad de que haya obras en el edificio permite que los golpes no llamen la atención. Como un péndulo que marca los segundos con una perfección milimétrica, como gotas de agua que fueran cayendo de un grifo inagotable, la secuencia del trabajo se desarrolla maquinalmente, pero es un hombre quien incansable mantiene el hipnótico ritmo».
    • El cine de Hou Hsiao-Hsien, un espacio para habitar. Apuntes sobre The Assassin

      Por Miguel Muñoz Garnica. «Estamos en el sur de Taiwán, a principios de los años cincuenta. Un pueblecito rural de calles sin pavimentar y casas humildes donde las duchas con agua caliente se dan calentando un barreño de agua sobre una hoguera. Un grupo de niños, descalzos y vestidos de blanco, juega con peonzas en la plaza del pueblo».
    • Las 10 mejores películas de Akira Kurosawa

      Por José Luis Forte. «De nuevo el juego está en marcha, como diría nuestro adorado Sherlock Holmes: destacar las diez mejores obras de un director de cine. En esta ocasión es el gran Akira Kurosawa el elegido, quizá el autor japonés más popular y con más merecido prestigio de la lejana isla. Y otra vez nos encontramos con la habitual problemática: dejar fuera películas que deberían incluirse en la lista».

    Premios

    Festivales

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