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    William Eubank
    William Eubank

    De profundis

    Crítica ★★☆☆☆ de «Underwater».

    Estados Unidos 2020. Título original: Underwater. Dirección: William Eubank. Guion: Brian Duffield, Adam Cozad. Productoras: 20th Century Studios, Chernin Entertainment, TSG Entertainment. Fotografía: Bojan Bazelli. Música: Marco Beltrami, Brandon Roberts. Montaje: Brian Berdan, William Hoy, Todd E. Miller. Diseño de producción: Naaman Marshall. Producción: Peter Chernin, Tonia Davis, Kevin Halloran, Jenno Topping. Reparto: Kristen Stewart, Vincent Cassel, T.J. Miller, Jessica Henwick, Mamoudou Athie, John Gallagher Jr., Gunner Wright. Duración: 95 minutos.

    Cuando era pequeño dábamos paseos por la orilla del mar en las noches de verano. Recuerdo que solía mirar cómo las olas rompían, pero no durante mucho tiempo. La negrura del agua aún me produce escalofríos al pensar en los misterios del fondo marino. Unas profundidades que Underwater explora pero en las que no ahonda, y que como persona a la que le aterra el mar de noche, una película de estas características como mínimo debería de hacerle sudar en la butaca. Tras un prólogo sobreexplicativo en el que se muestran titulares de periódicos que informan de una base submarina en la fosa de las Marianas y «fenómenos misteriosos», nos introducimos de lleno en la acción. Norah Price (Kristen Stewart) está lavándose los dientes cuando repara en una araña atrapada en el lavabo. «¿Qué haces tú aquí?», se pregunta extrañada por ver un pequeño artrópodo a tantos metros de profundidad. Inmediatamente después, un fallo ocasiona la destrucción de la base. Entonces Norah y los tripulantes deberán cruzar el fondo marino en pos de la supervivencia. Eubank perfila a un personaje con el que empatizamos porque Stewart le da la dimensión que merece y, digámoslo de paso, que sostiene toda la película.

    Como ocurre con la visitante en el lavabo, uno se pregunta qué hace aquí una actriz de este calado. Es admirable cómo la carrera de Stewart ha dado para tanto. Después del bombazo adolescente Crepúsculo, que le ganó fama y detractores por igual, ha sido lo suficientemente inteligente para hacerse un hueco en la industria. Ante todo, destaca la versatilidad de una actriz que nos ha regalado interpretaciones como las de Personal Shopper o Viaje a Sils Maria. Incluso Woody Allen le dio un papel romántico en Café Society. Una dilatada experiencia que después de este recorrido profesional más periférico ha vuelto a la senda de lo comercial, encontrando en Underwater una protagonista que no es su personaje más memorable, pero que encierra una particularidad que el director ha sabido aprovechar muy bien. Y es que si algo está plenamente implementado en el personaje de Norah es su miedo al agua, que comparte con Stewart y que da a la interpretación un peso bastante palpable. Eubank decía en una entrevista: «Cuando nos sentamos, ella dijo: “odio Underwater, no la película, simplemente no me gusta estar bajo el agua. Me encanta el personaje de Norah, pero siendo sincera, odio el agua, así que quiero hacer esto”. Era un reto para ella.» Un reto del que Stewart sale a flote, pero que conlleva dejar tocada y hundida una producción en la que el resto de personajes son más bien una carga.

    por EAM
    febrero 16, 2020

    Crítica | Underwater

    por EAM | febrero 16, 2020
    The Signal

    La verdad está ahí fuera

    crítica de La señal (The Signal), dirigida por William Eubank, 2014 | ★★★★ |

    William Eubank sorprendió muy gratamente en 2011 con su ópera prima Love, un drama de ciencia ficción de corte introspectivo e independiente sobre la soledad de un astronauta que se encuentra atrapado en una Estación Espacial Internacional. Los ecos de Moon (Duncan Jones, 2009) no sonaban tan lejanos, pero la cinta de Eubank logró labrarse su status de culto en un largo peregrinar por festivales de todo el mundo, entre ellos el altar del género: Sitges. Tras este éxito, todas las miradas estaban puestas en el siguiente paso del prometedor cineasta, de nuevo adscrito al género de la ciencia ficción. The Signal (2014) demuestra que, cuando hay talento y buenas ideas detrás, se pueden hacer maravillas con un escueto presupuesto de 4 millones de dólares. Como rezaba la frase promocional de la mítica serie de televisión Expediente X, “la verdad está ahí fuera” y, a lo largo de los años, numerosas películas se han nutrido de atractivas “leyendas urbanas” como el inefable área 51, las abducciones de humanos por inteligencias superiores llegadas del espacio exterior y demás sucedáneos. La fascinación del espectador por la temática extraterrestre en el cine viene de lejos, pero pocas veces se ha tocado el tema desde una perspectiva seria y sin recrearse en los aspectos espectaculares del mismo. The Signal lo hace, disfrazando la discutible falta de originalidad de su planteamiento con un atractivo envoltorio estético que hace que el filme entre por los ojos con facilidad.

    El punto de partida es sencillo: Tres jóvenes estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts emprenden un viaje al desierto de Nevada siguiendo la señal de un hacker llamado Nomad. Lo que comienza con un juego se convierte en una pesadilla para Jonah, Nick y Hailey, que acaban prisioneros en unas enigmáticas instalaciones científicas. Indefensos, confusos y con muchas preguntas sin responder (no conviene desvelar más detalles de la trama si se quiere entrar en la intriga lo más virgen posible), su único anhelo será huir de su encierro para volver a sus vulgares vidas anteriores. Se agradece que el guión se tome en serio, por una vez, a unos personajes que, por jóvenes, no necesitan ser, necesariamente, descerebrados o inmaduros. Olivia Cooke, Beau Knapp y, muy especialmente, Brenton Thwaites, conforman un apañado triángulo protagonista que hace perfectamente creíbles sus roles en una historia que incluye una trama romántica entre Nick y Haley que, lejos de resultar innecesaria o metida con calzador, logra que el espectador se involucre más emocionalmente con ellos. Ya desde sus primeras imágenes, The Signal destaca por su elegante fotografía y una climática música de Nima Fakhrara que, dado el arranque algo previsible del relato, hace temer que sus responsables se hayan decidido a primar el aspecto visual sobre el argumento. Afortunadamente, estas dudas quedan despejadas cuando el filme se va tornando poco a poco en una experiencia mucho más claustrofóbica y sugestiva desde el momento en que Nick despierta en su cautiverio y hace acto de presencia el misterioso personaje de Laurence Fishburne (perfecto en su inexpresividad y falta de empatía). Es entonces cuando la propuesta de Eubank se desliza hacia los terrenos de la conspiración paranoica de Cube (Vincenzo Natali, 1997) y encuentra una gran baza en los asépticos y blancos escenarios que sirven de prisión a unos personajes que son tratados como conejillos de indias por un personal enfundado en herméticos trajes que les aísla de posibles contaminaciones o la aparición de algún personaje excéntrico –el de la estupenda Lin Shaye, la vidente de la saga Insidious– que añade más desconcierto a la situación, si cabe.

    por José Martín León
    octubre 05, 2014

    Crítica | La señal

    por José Martín León | octubre 05, 2014
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