Teselas sin hueco
crítica de La segunda mujer | Kuma, de Umut Dağ, 2012
«...Si teméis no ser equitativos con los huérfanos, casaos con la que os guste de las mujeres, dos, tres o cuatro. Pero si teméis no obrar con justicia, entonces con una sola o con vuestras esclavas. Así evitaréis mejor obrar mal…»*. Es la justificación legal del Corán sobre la poligamia. Es la heredera de una serie de costumbres casi ancestrales que provienen del Islam primigenio. Una perspectiva que situaba a la mujer con el eslabón más débil de la civilización, por su capacidad emocional, irracional, impredecible e irresponsable. Si bien, y como el resto de culturas tanto occidentales como orientales, el progreso ha erosionado y limado las costumbres, muchos de esos trazos siguen aún vigentes hoy en día. El papel de la mujer va adquiriendo más relevancia a medida que los países árabes abren sus puertas a la occidentalización. El mestizaje cultural e ideológico va moldeando pensamientos y cada paso es un pequeño triunfo. Triunfos que desde la perspectiva del Primer Mundo resultan nimios e intrascendentes. Mandan las ideas férreas de un contexto extremadamente machista, donde la mujer no deja de ser un triunfo o herramienta que sirve como propósito. Uno de los hilos narrativos del hito reciente La bicicleta verde (Wadja, 2012), nos mostraba a grandes rasgos la idiosincrasia árabe, incluso en una familia acomodada. La mujer como generadora de vástagos. Como capitán sin rueda de timón de un hogar preparado para satisfacer al cabeza de familia. Como un ente invisible que, bajo la seda, deambula por portales y pasillos. Con el añadido, además, de que la persona a la que ama puede elegir a otras homólogas con la que compartir su felicidad. Esta es una interpretación, por otra parte, sesgada y desde la mirada catedrática del libertino europeo, pero no deja de ser curioso, e incluso doloroso, que una cultura de tal riqueza avance de forma tan parsimoniosa. Como siempre, la justificación está en la raíz, en la propia sociedad musulmana. El cambio es sólo para proscritos.