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Halloween III: el día de la bruja, de Tommy Lee Wallace.
Estados Unidos, 1982. Título original: Halloween III: Season of the Witch. Dirección: Tommy Lee Wallace. Guion: Tommy Lee Wallace. Productoras: Dino De Laurentiis, Universal Pictures. Música: John Carpenter, Alan Howarth. Fotografía: Dean Cundey. Montaje: Millie Moore. Diseño de producción: Peter Jamison. Decorados: Linda Spheeris. Producción: John Carpenter, Debra Hill. Reparto: Tom Atkins, Stacey Nelkin, Dan O'Herlihy, Ralph Strait, Michael Currie, Jadeen Barbor, Bradley Schachter, Garn Stephens, Nancy Kyes, Jon Terry, Al Berry. Duración: 98 minutos.
Nota: se desvelan datos fundamentales de la trama.
La serie
Halloween nos serviría para trazar el progreso de los métodos de producción en cadena empleados por Hollywood desde los ochenta hasta hoy. El enorme éxito de la cinta original de
John Carpenter en 1978 dio pie a una primera secuela en el 81 que aún contaba con una gran implicación por parte del maestro (firmó el guion, la música y ejerció de productor). Fue un intento de cerrar la historia de Michael Myers y expandir los caminos de la saga, que en adelante debía convertirse en una serie antológica. Carpenter planeó que cada nueva entrega de
Halloween fuera una historia independiente relacionada con la festividad y estrenada en esas fechas. De ahí surgió
Halloween III: el día de la bruja, la película que nos ocupa. Pero, las vueltas que da la vida, la crítica la destrozó en su momento y un público más deseoso de volver a ver en la gran pantalla la famosa máscara blanca no le prestó demasiada atención. Aunque en ningún momento fue su intención, la saga quedó ligada al protagonista de las dos primeras entregas y el afán renovador empezó y terminó en
Halloween III. En adelante, la serie se entregó a la secuelitis, con tres capítulos más cuyos títulos se encargan de resaltar que lo importante es que el monstruo está ahí de nuevo:
El regreso de Michael Myers (1988),
La venganza de Michael Myers (1989),
La maldición de Michael Myers (1995). «No se preocupen, aquí tienen lo que querían», parece decirnos esta insistencia en el nombre del asesino. Con ello,
Halloween III se ha percibido siempre como la rareza de la saga, como la película que parece querer vampirizar el renombre de
Halloween. Como la película que uno ve preguntándose dónde demonios está Michael Myers. Las vueltas que da la vida, decíamos.
La dinámica es calcada a la de otras sagas de terror esenciales de los ochenta. Pensamos en
Viernes 13,
Muñeco diabólico,
Critters,
Los chicos del maíz o, sobre todo,
Pesadilla en Elm Street. Una idea original que va dando paso a una ristra de secuelas dedicadas a matar y resucitar continuamente al villano, debatiéndose entre los intentos de los creadores por cerrar la saga de una vez por todas y las exhumaciones de los productores ávidos de exprimir hasta los últimos fluidos del cadáver. Los resultados, por supuesto, solían resentirse de la escasez de medios y del desentendimiento de los creadores originales —Carpenter, por ejemplo, se desvinculó de
Halloween después de la tercera entrega—. El género ilustra a la perfección en lo que se fue convirtiendo el Hollywood de los ochenta y su continuidad en los noventa. Pero la cosa no acaba ahí.
Halloween, como muchas de las otras sagas citadas, también alumbra el paso de la secuelitis a la fiebre del nuevo siglo por los
reboots,
remakes y demás terminología que denotan el paso a un acomodamiento todavía más sangrante en la repetición de fórmulas. Tras un desmayado ejercicio nostálgico con la vuelta de la heroína original —Jamie Lee Curtis en
Halloween H20 (1998)— y otra secuela de corte más bien paródico —
Halloween: Resurrection (2002)—, la saga pasó por el
remake de Rob Zombie y su secuela, y por el
reboot firmado por David Gordon Green, que ya tiene anunciados otros dos capítulos y que problematiza muy bien un mal común en el terror contemporáneo: el afán de disfrazarlo de autorismo, de ramalazos de
calidad, de inteligente comentario social. En este punto, les remitimos al atinadísimo
texto que le dedicó a la cinta de Green nuestro compañero Aarón Rodríguez.
Como ven, en este baile de Myers sobre Myers,
Halloween III se nos desubica, se nos pierde en la enumeración exhaustiva. Pero haríamos bien en volver sobre ella, porque no solo se trata de una película víctima de las dinámicas de producción seriada. Se trata de una película que construye su concepto del terror, precisamente, sobre la la producción en serie como una amenaza omnipotente. Una película que intuyó, a principios de su década, que ahí se estaba gestando un monstruo. Basta que observemos cómo empieza todo: