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    Salvador Del Solar
    Salvador Del Solar

    Fronteras porosas

    Crónica de la quinta jornada de la 63ª edición del Festival de San Sebastián.

    Entre la parroquia habitual del Zinemaldia existe un sector muy tendente a manifestar en voz alta su opinión en las salas llenas, en lo que adivinamos una necesidad apremiante de autoafirmación del propio criterio. Una de esas opiniones nos sirve hoy para proponer una pequeña reflexión. A raíz de la proyección de El desconocido, un par de espectadores discutían sobre su calidad. Uno de ellos afirmaba que lo único bueno que podía decir es que era entretenida. A lo que su interlocutor voceó una respuesta lapidaria: “¡Pero si es que el cine está para entretener, joder!”. Dejando a un lado las posibles adhesiones o rechazos que pueda generar esta idea, cabe al menos preguntarse sobre cuál es el papel de los festivales en este aspecto. Más aún en un tiempo en el que el concepto de “película de festival” se está extendiendo, creando una división de compartimentos estanco peligrosa. Por un lado está aquel cine que, por su complejidad narrativa, visual o temática parece condenado a morir tras su paso por unos pocos certámenes de donde salen casi más textos de crítica que espectadores. Por otro, ese cine acomodado en una serie de convenciones que han demostrado su eficacia para llegar a un público masivo, evitando cualquier atisbo de singularidad que pueda resultar disuasiva a la hora de pasar por caja.

    La presente edición del Zinemaldia da cuenta de que el propio certamen no sabe responder demasiado bien a la cuestión de qué función del cine debe primar en sus pantallas. En esta jornada, por ejemplo, la proyección más comentada ha sido El niño y la bestia, destacada por incorporar a competición el anime japonés, pero en el fondo una cinta para toda la familia, llena de convenciones del género y con una estructura narrativa de crecimiento personal y sentimental muchas veces vista. Ante esto, se podría argumentar que un festival está para albergar propuestas algo más rupturistas. Pero aquí la cuestión se complica. Porque, con todo, la japonesa resulta una obra indudablemente bien facturada. Mientras que productos movidos por impulsos más vanguardistas como 21 noches con Pattie o El apóstata (comentadas en crónicas anteriores) han resultado fallidos. Por otra parte, la relación entre asunciones previas y resultado final a este respecto resulta algo difusa en casos como el de Sunset Song, obra de un reconocido autor como Terence Davies pero adscrita a un perceptible academicismo. ¿Se la está valorando como un ejercicio de expresión personal por el mero hecho de llevar la firma de Davies? ¿Se le daría otro tratamiento y se cuestionaría su inclusión si hubiese acudido bajo un nombre sin lustre?

    La dicotomía entre expresión o entretenimiento, en fin, es todo un clásico entre la cinefilia. Pero las dos categorías tienen sus matices. Como también evidencia esta Sección Oficial, la carga de expresión de una película puede oscilar entre lo personal (Sparrows), el discurso sociopolítico (El apóstata), la transmisión de una atmósfera emocional (Eva no duerme, Evolution)... O una combinación de todas ellas. Y la vocación de entretenimiento no excluye la presencia de la personalidad del director. En muchas ocasiones, de hecho, la frontera es porosa. Pese a que se le considere un director más bien comercial, ¿hay en el cine de Álex de la Iglesia (que acaba de presentar Mi gran noche) unas constantes temáticas e inquietudes que permitan considerarlo un tipo de autor? Preguntas parecidas pueden surgir ante uno de los filmes reseñados en esta crónica: El rey de La Habana, de Agustí Villaronga. ¿El exceso de elementos morbosos en sus imágenes es un intento de atraer público o un reflejo de las inquietudes del director? San Sebastián, como en general los grandes festivales, se ha ido convirtiendo en un amalgama complejo de intereses de industria y prensa que dificulta hacer una lectura definitiva de estas cuestiones. Pero al menos, esperamos que quede claro que el cine no está para entretener. Quizá lo más sensato sea rechazar, en general, la idea de que el cine “está para” algo en concreto.

    por EAM
    septiembre 23, 2015

    Festival de San Sebastián 2015 | Día 5. Críticas: El niño y la bestia, El rey de La Habana, Thirst & Magallanes

    por EAM | septiembre 23, 2015

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