El día de Lav
Crónica de la octava jornada de la 66ª edición de la Berlinale.
El 18 de febrero de 2016 pasará a la historia de la Berlinale como el día que Lav Díaz metió al jurado, la prensa, el público y su equipo artístico dentro del Palast para admirar por primera vez las más de ocho horas de su nueva y faraónica película, A Lullaby to the Sorrowful Mistery. En concreto, el recinto se ha empezado a llenar de espectadores a las 9:00 de la mañana y entre que el respetable ocupaba las butacas que consideraba estratégicas para tal hazaña y la presentación de actores y actrices, la proyección no ha empezado hasta casi las 10:00. Y una vez las luces se han apagado, la magia ha empezado… y también se ha puesto a prueba el nivel de aguante. El descanso no era hasta las 14:00 horas. Para ese momento, ya habían tirado la toalla unos cuantos. Como si se tratase de un festival de música o de una fiesta con barra libre, cuando uno de los presentes salía de la sala con la intención de volver a sumergirse de nuevo (porque uno tiene sus necesidades fisiológicas), las amables azafatas del Palast colocaban una pulsera roja a modo de control, de esas que es imposible quitar sin romperla.
Tras el éxtasis de la primera mitad (y comentando en corrillos las nada halagüeñas primeras impresiones), un aluvión de gente abandonaba el edificio en busca de comida para llenar el estómago y prepararse para lo que quedaba, si Morfeo y sus tentaciones lo permitían. Por la tarde la sala se veía más vacía que por la mañana y el goteo incesante de abandonos se seguía produciendo. Aun así, hemos sido muchos los que hemos aguantado el maratón que nos proponía el director filipino y hemos sobrevivido a ello. ¿Cuál ha sido el resultado? Pues bien, independiente de aquellos que la alaban (que los hay) y otros que no acaban de encontrarle sentido (que también existen), lo cierto es que todos hemos vivido una de las experiencias más extrañas, catárticas, intensas y estimulantes que nos puede ofrecer el arte cinematográfico. Difícilmente podrá experimentarse de nuevo así, de un tirón y con la emoción que envuelve a un certamen. Solo por eso ya ha valido la pena aguantar. Sin embargo, aunque parezca que Lav Díaz haya monopolizado hoy todo el festival (lo ha hecho, sin duda, con la Sección Oficial, pues era el único largometraje a concurso que se presentaba; no ha habido tiempo para más), también hemos podido disfrutar de otras películas del resto de secciones. En Panorama, Goat, de Andrew Neel y The ones below, de David Farr; en Generation, El diario de Ana Frank, de Hans Steinbichler; y, en Forum, Baden Baden, de Rachel Lang.