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    May el-Toukhy
    May el-Toukhy

    Juego de poder

    Crítica ★★★★☆ de «Reina de corazones», de May el-Toukhy.

    Dinamarca. 2019. Título original: Dronningen. Director: May el-Toukhy. Guion: Maren Louise Käehne, May el-Toukhy. Productores: Caroline Blanco, Rene Ezra. Productoras: Coproducción Dinamarca-Suecia; Nordisk Film / Det Danske Filminstitut / Radio (DR) / SVT / Svenska Filminstitutet. Fotografía: Jasper Spanning. Música: Jon Ekstrand. Montaje: Rasmus Stensgaard Madsen. Reparto: Trine Dyrholm, Gustav Lindh, Magnus Krepper, Frederikke Dahl Hansen, Diem Camille Gbogou.

    Dronningen (La reina) es el título original de la segunda incursión tras las cámaras de la realizadora danesa, de ascendencia egipcia, May el-Toukhy, que llega cinco años después del estreno de su ópera prima, Long Story Short (2015), respecto a la que significa un importante salto adelante, cambiando radicalmente de género y elevando la apuesta de la ambición. Un título que define a la perfección el carácter del personaje central sobre el que girará toda la trama, Annie, una mujer, en apariencia, triunfadora en todos los aspectos de su vida, que, sin embargo, parece no estar nunca satisfecha con lo que tiene. La traducción que se le ha dado en España, Reina de corazones, es mucho más directa con la alegoría que la película quiere hacer en torno a la inmortal novela de Lewis Carroll Alicia en el País de las Maravillas, más concretamente, al caprichoso personaje de la monarca de aquel lugar de fantasía al que llegaba a parar la inocente Alicia, una mujer dictadora, con mal genio y fuertes dotes de mando, que no soportaba que nadie le llevara la contraria y que no dudaba en condenar a la pena de muerte, al grito de «¡que le porten la cabeza!», a quien osara a llevarle la contraria y, por consiguiente, supusiera una amenaza al orden establecido en un reino regido por sus propias normas. No resulta aleatorio que sea esta la historia que Annie lee cada noche a sus pequeñas hijas gemelas antes de que estas se vayan a dormir, ya que Maren Louise Käehne y May el-Toukhy, en su guion, buscan crear paralelismos entre la exitosa mujer y la villana del cuento. El escenario que envuelve a la familia protagonista es de ensueño, una fabulosa mansión, moderna y con todas las comodidades posibles, rodeada de un paisaje natural que emana paz y quietud. El marido, Peter, es un prestigioso físico y ella se ha labrado una sólida reputación como abogada especializada en casos de abusos contra menores de edad, por lo que está totalmente familiarizada con la psicología para llevar a la gente a su terreno y convencerla de que lo que ella defiende es una realidad inapelable. Viven en esa burbuja de perfección que, vista desde fuera, podría suponer la envidia del resto de los mortales pero, según van sucediéndose los acontecimientos, delata la debilidad de los cimientos sobre los que está asentada, así como la cara menos amable de cada uno de los integrantes de la pareja.

    Al igual que en Alicia en el País de las Maravillas, era necesario un elemento externo que llegara al reino para desestabilizarlo y aquí toma la forma de Gustav, el hijo adolescente de Peter, fruto de una relación pasada. Al igual que Alicia, el perdido chico no ha llegado a la casa por decisión propia y se tropieza con una serie de reglas que le resultará difícil seguir, dada su personalidad rebelde y problemática, que le ha llevado a ser expulsado de varios colegios, antes de ser enviado junto a un padre al que apenas conoce como último recurso para tratar de encauzar su comportamiento. Gustav llega como un elefante en una cacharrería, arrasando a todos con su energía y un fulgor juvenil que, contra todo pronóstico, despierta unos instintos eróticos en la madura, pero aún muy atractiva, madrastra. Desde El graduado (Mike Nichols, 1967), muchos son los filmes que han profundizado en los universos femeninos de mujeres maduras que no se resisten a renunciar a su sexualidad y dan rienda suelta a sus fantasías más ocultas junto a amantes mucho más jóvenes, pero pocos se han atrevido a traspasar la barrera de ese tabú que es el incesto. El soplo al corazón (Louis Malle, 1971) o La luna (Bernardo Bertolucci, 1979) fueron, en este sentido, valientes exponentes que levantaron ampollas al dar un atrevido giro a las relaciones materno- filiales en la gran pantalla. Reina de corazones no llega tan lejos en sus planteamientos, ya que no existen lazos sanguíneos entre Annie y Gustav pero el hecho de que una mujer que está acostumbrada a bregar con adolescentes desvalidos, con la intención de ayudarles a salir del pozo en que se encuentran, se encapriche con un joven que se haya en similares circunstancias y le involucre en una relación incestuosa que amenaza con destrozar a toda la familia, no deja de ser algo perturbador. May el-Toukhy parece haberse propuesto en esta cinta romper con ese tópico de la supuesta frialdad del cine nórdico a la hora de mostrar emociones, mostrando en toda su complejidad el rico mundo interior de Annie, volcánico y lleno de deseo, bajo esa coraza gélida y perfecta. Varias escenas ponen en evidencia unas pulsiones eróticas de la abogada antes de que se desencadene el conflicto posterior a la infidelidad, como aquella en que se observa desnuda, delante del espejo; el modo sensual en que se contonea, al son de la música, durante un almuerzo entre amigos, abstraída de todo cuanto le rodea; o aquella otra, más reveladora de la personalidad de Annie, en la que, en medio de una relación sexual con su marido, comienza a abofetearle en un intento de aumentar el morbo del momento, topándose, por supuesto, con la incredulidad (y consiguiente rechazo de la situación) de él.

    por José Martín León
    marzo 06, 2020

    Crítica | Reina de corazones

    por José Martín León | marzo 06, 2020

    Controvertida pero elegante, «Reina de corazones» se alzó con el Premio del Público de la competición internacional de ficción del Festival de Sundance hace ya un año y, tras conseguir una nominación a los Premios de Cine Europeo para su protagonista, Trine Dyrholm, por fin va a estrenarse en España, lo que nos ha brindado la oportunidad de hablar con su directora, la egipcio-danesa May el-Toukhy.


    Entrevista a May el-Toukhy, directora de «Reina de corazones».
    Texto de Juan Roures | | Madrid-Copenhague.

    ¿Cómo se involucró Trine Dyrholm en la película y qué le aportó?

    Trine Dyrholm se unió al proyecto muy pronto, antes de que hubiera guión siquiera. Hemos realizado varios proyectos juntas y nos conocemos bien, así que fue natural para mí compartir mis pensamientos sobre esta historia con ella. Es una actriz magnífica y además una increíble lectora de guiones, con lo que aportó una enorme complejidad a este personaje femenino por partida doble. Es una de las personas más valientes que conozco en lo que respecta a desafiarse a uno mismo.

    Gustav Lindh, sin embargo, es prácticamente un debutante, ¿cómo fue trabajar con él junto a Dyrholm, especialmente teniendo en cuenta la importancia de las escenas de sexo?

    Gustav Lindh tiene un don natural de pura presencia. Y eso es muy similar a lo conseguido por Trine Dyrholm en el espacio de trabajo. Él entendió desde el principio que mi ambición con las escenas de sexo simulado era que fueran brutales y audaces. Fui muy franca y específica sobre cómo iba a filmar esas escenas en todo momento. Por supuesto, hay una diferencia entre trabajar con una actriz muy experimentada y un actor menos experimentado. Pero nunca tuve la sensación de que Gustav Lindh estuviera intimidado por Trine Dyrholm o por mí. De hecho, esa es una de las razones por las que lo elegí.

    Anne es una abogada que defiende a las víctimas de abuso sexual, pero ella misma tiene una actitud controvertida hacia la sexualidad, así como hacia la verdad... ¿Qué le interesó de esta ironía?

    Me fascinan los puntos ciegos que tenemos como seres humanos. Y me parece eternamente interesante que a veces no veamos nuestros propios patrones. Por lo tanto, mi coguionista, Maren Louise Käehne, y yo decidimos darle a Anne esa profesión específica. Además, su superpoder, su valentía, es su defecto fatal. Ella puede mejorar la belleza del mundo con su superpoder, pero también dañar a otros con ella. Y eso me parece muy cierto para muchos de nosotros.

    ¿Cuándo y cómo comenzó la relación entre esta película y Alicia en el país de las maravillas?

    Alicia en el país de las maravillas es el libro que Maren Louise estaba leyendo a sus hijos cuando escribimos la película juntas y lo incluyó en el guión. Pero el plan inicial era encontrar algo más adecuado más adelante. ¡Sólo que nunca lo hicimos! Y, con el tiempo, Alicia en el país de las maravillas se convirtió en la referencia perfecta para la película. Porque la propia Alicia cae en la madriguera del conejo y se pierde en un mundo donde las reglas cambian todo el tiempo y todo se pone del revés. La ambición era contar una historia que hiciera exactamente eso a los personajes, así como, claro, al público.

    La Reina de Corazones es una villana muy famosa, pero ¿hay realmente villanos en esta película?

    Dedicir eso depende de la audiencia. En mi opinión, todos tenemos la capacidad de convertirnos en héroes y villanos. Anne es ambas cosas. Es producto de su propia historia y una víctima de eso, pero también la perpetradora, una persona que en teoría debería saber hacer las cosas mejor. Y cada espectador tiene una opinión distinta sobre ella. Mi idea con la película era nunca juzgar a los personajes, sino iniciar un diálogo con el público.

    Los entornos naturales pacíficos donde comienza la conflictiva historia de amor parecen contrastar con el rígido mundo de los tribunales, ¿cuál era su plan para el diseño de producción?

    Con los contrastes visuales, mi idea era crear un contraste entre el comportamiento civilizado de los personajes y su comportamiento animal. La naturaleza representa eso para mí. En la naturaleza, los animales inteligentes, grandes, fuertes y envenenadores se imponen a los demás. Y esa dinámica es también un símbolo de lo que sucede entre los miembros de la familia de Reina de corazones, en esa jerarquía tan presente de la que sin embargo nunca se habla realmente.

    por Juan Roures
    febrero 27, 2020

    Entrevista: May el-Toukhy, directora de «Reina de corazones»

    por Juan Roures | febrero 27, 2020

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