Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Lawrence Michael Levine. Mostrar todas las entradas
    Lawrence Michael Levine
    Lawrence Michael Levine

    Demonios de una mente creativa

    Crítica ★★★★☆ de «Black Bear», de Lawrence Michael Levine.

    Estados Unidos, 2020. Título original: Black Bear. Director: Lawrence Michael Levine. Guion: Lawrence Michael Levine. Productores: Lawrence Michael Levine, Richard J. Bosner, Aubrey Plaza, Jai Khanna, Sophia Takal, Jonathan Blitstein, Julie Christeas. Productora: Blue Creek Pictures, Oakhurst Entertainment, Productivity Media, Tandem Pictures. Fotografía: Rob Leitzell. Música: Giulio Carmassi, Bryan Scary. Montaje: Matthew L. Weiss. Reparto: Aubrey Plaza, Christopher Abbott, Sarah Gadon, Paola Lázaro, Grantham Coleman, Lindsay Burdge, Lou Gonzalez, Shannon O'Neill, Alexander Koch, Jennifer Kim.

    La obsesión por alcanzar la perfección. Todo director de cine, como buen creador, sueña con que cada nueva película sea esa por la cual será recordado en las antologías del no siempre agradecido mundo del Séptimo Arte. Para conseguirlo, tienen que mantener la mente muy fría, luchando contra la presión a la que son sometidos por las productoras que tienen detrás financiando sus rodajes. Terminar de grabar todas las escenas dentro del período de tiempo estipulado para ello, sin rebasar los presupuestos puestos a su disposición, mientras bregan con unos equipo de guionistas, técnicos, maquilladores y directores de vestuario –cada uno de ellos con sus propias particularidades–, y venciendo cualquier posible imprevisto de última hora, ya sea consecuencia de un fallo técnico o de los tan frecuentes conflictos con los actores, esos seres hipersensibles y complicados, tocados por ese halo de egocentrismo que les empuja a sentir la necesidad de ser mimados cada segundo. El cine dentro del cine es un género que nos ha permitido descubrir los entresijos que rodean a ese proceso creativo que es la gestión de una película, siendo La noche americana (François Truffaut, 1973) uno de los mejores y más famosos exponentes de esta metaficción cinematográfica. Una de las cintas más marginadas (aun siendo totalmente reivindicable) de Abel Ferrara, Juego peligroso (1993), presentaba a un director (interpretado por el gran Harvey Keitel) que, en la línea de sonados ejemplos reales como Lars von Trier o Stanley Kubrick, no dudaba de presionar hasta extremos enfermizos a sus actores (entre ellos estaba una Madonna sorprendente) con el fin de extraer de ellos las recciones más auténticas para la película que está rodando. Pues bien, esta manera de tan discutible de rodar para alcanzar la excelencia, es la que el realizador independiente Lawrence Michael Levine viene a reflejar también en Black Bear (2020), su tercer largometraje tras Gabi on the Roof in July (2010) y Wild Canaries (2014). Pero hay mucho más que eso en este, el filme más complejo y ambicioso hasta la fecha del cineasta (y el primero que no protagoniza como actor), y la manera de contar su historia es cualquier cosa menos convencional.

    Black Bear está dividida en dos partes bien diferenciadas que podrían ser perfectamente dos historias independientes distintas dentro de un mismo todo. Ambas se desarrollan en el mismo escenario de una casa rural y cuentan con la extravagante particularidad común de tener al amenazante oso negro del título rondando los alrededores del lugar. También están protagonizadas por los mismos actores, que asumen, eso sí, distintos roles, sin desmarcarse nunca de lo que es su ácida visión sobre el proceso creativo que rodea a una película. La primera mitad, más convencional, presenta a Allison (Aubrey Plaza, maravillosa actriz muy vinculada al cine indie que aquí, una vez más, vuelve a sorprender con un trabajo complejísimo), una actriz con fama de complicada que, a falta de ofertas interesantes, se dedica a ejercer de directora de, en sus propias palabras, cintas independientes extrañas que a nadie gustan. La mujer llega a una cómoda cabaña en medio del bosque, buscando la tranquilidad e inspiración para su próximo proyecto, siendo recibida por la pareja que allí habita, Gabe –excelente Christopher Abbott, redondeando un gran año junto a su papel protagonista de Possessor (Brandon Cronenberg, 2020)– y Blair (Sarah Gadon). Desde el primer momento, es más que evidente la notable tensión sexual que existe entre Allison y Gabe, del mismo modo que queda patente la manera en que el carácter sarcástico y directo de la invitada choca de bruces con su anfitriona, una embarazadísima Blair que parece estar continuamente a la defensiva ante cada comentario, ya provenga de su esposo o de la directora que llega para romper la (aparente) paz reinante en su hogar. Un escenario idílico en medio de la naturaleza que es capaz de convertirse en un hervidero de pasiones desatadas, celos y reproches, cuando la música, algo de marihuana y un par de copas de más entran en escena. Que durante la velada se aborden temas como el fracaso profesional, el feminismo o los roles tradicionales dentro de las parejas heterosexuales, no ayuda a que el ambiente sea todo lo distendido que debería ser y Blair, feminista acérrima, explota ante las opiniones machistas de un marido que, hasta la aparición de Allison, parecía sometido a su manera de ver la vida y su relación. A través de unos diálogos mordaces, a menudo hirientes, pero siempre con mucho humor negro detrás, Lawrence Michael Levine va construyendo una tensión creciente entre los miembros del trío conviviente, sacando a la superficie, de manera catártica, todas las miserias e insatisfacciones típicas de las relaciones de pareja.

    por José Martín León
    marzo 27, 2021

    Crítica | Black Bear

    por José Martín León | marzo 27, 2021

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción