Eclipse en blanco y negro
Crónica de la tercera jornada de la 71ª edición del Festival de Cannes.
Ayer fue el día de Jean-Luc Godard. El último trabajo del cineasta francés,
Le livre d’image, se presentó como lo que es: un gran acontecimiento. El teatro Lumière estaba hasta la bandera y se respiraba en los aledaños ese clima de interés pese a que Godard, también como se esperaba, no hizo acto de presencia. Antes y después de la proyección, el público reverenció su figura, símbolo de la edad dorada del cine francés, aplaudiendo cada vez que se mentaba su apellido. Lo cierto es que, sin este en los créditos, este trabajo no vería la luz en la competición de un certamen de estas características. Su exhibición, además, supuso un reto para los centenares de personas sentadas en sus butacas: sucesión de imágenes, escenas fílmicas de clásicos, obras de arte del pasado siglo, audio que pasaba de estéreo a mono, narración y diálogos yuxtapuestos, subtítulos que desaparecían cuando más se los necesitaban y un mensaje bastante claro en su parte final: el Oeste debe atender a Oriente próximo. Palabrería algo naíf en un ejercicio arrogante y dictatorial.
Pero el inefable maestro galo no fue el único protagonista del día. A primera hora, se proyectó la nueva película del realizador polaco formado en Reino Unido Pawel Pawlikowski, quien nos sorprendiera en 2013 con
Ida, que obtuvo el Óscar a mejor película de habla no inglesa y el European Film Award a mejor cinta europea del año, entre otros galardones. El listón estaba muy alto, sí, y aunque
Cold War no llega a los niveles de excelencia de su anterior largometraje, ha dejado un gran sabor de boca en la platea. Un drama romántico sobre cómo el arte se eleva rebelde ante el poder (y a su vez como este último lo utiliza para sus intereses), sea cual sea la época. Junto a la gran interpretación de Joanna Kulig, ha llamado la atención el poderío visual de un filme apoyado en la excelente dirección de fotografía en blanco y negro de Lukasz Zal. Anteayer otro filme con esta cromática nos sorprendía: la vital cinta rusa de Kirill Serebrennikov
Leto. Sendas obras son las mejores presentadas en la mejor sección del festival. Un buen botín en un festival que todavía no ha alcanzado su ecuador.
Prólogo: Emilio Luna.
Críticas de Cold War, Ash is purest white y Le Livre d'image: Alberto Sáez Villarino.
Críticas de El ángel y Mon Tissu préféré: Víctor Blanes Picó.