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    Gabriele Mainetti
    Gabriele Mainetti
    Mon Ange

    El amor (no) es ciego

    Crónica número V de la 49ª edición del Festival de Sitges.

    El Amor no es ciego y menos en un arte como el cine. En una de las mayores cartas románticas que se le han dedicado al cine, The Story of Film: An Odyssey, el crítico irlandés Mark Cousins lograba transmitir, entre muchas otras cosas, la amplitud de miras necesaria para abarcar, apreciar y enamorarse como es debido de un arte que llena todos los continentes. Hoy, por ejemplo, en nuestro particular viaje a ninguna parte, pudimos disfrutar de la fantasía belga, admirar cómo un italiano preparaba su propia receta del género estrella actual del cine americano y seguir conociendo al renovador del cine indio. En una jornada corta, asistimos a Mon Ange, un cuento romántico, falto de vigor narrativo, entre un niño invisible y una niña ciega cuya magia visual no fue suficiente para hechizarnos; Lo Chiamavano Jeeg Robot, una particular y refrescante adaptación del género de superhéroes a la Sancta Sanctorum de la sociedad y cultura italianas; y por último, Psycho Raman, un deslucido cuadro crítico sobre el abuso de poder y la inmunidad policial en la India contemporánea mediante la mutua cacería que se dan un psicópata y un joven policía.

    Mon Ange (Harry Cleven, Bélgica / Francia) [S.O. Fantàstic]

    A inicios del siglo XX, Georges Méliès adaptó el embrión del séptimo arte a sus espectáculos de ilusionismo. Más de un siglo después, seguimos descubriendo nuevos hechizos: en el Hotel Meliá de Sitges pudimos ver a un niño invisible. Las peripecias técnico-visuales de Mon Ange merecen mención aparte: sus suaves planos subjetivos, la voz en off y la mirada a cámara, levemente difuminada, de la actriz Elina Löwensohn, y la precisión del sonido junto al uso del plano secuencia nos llevan a una comprensión empática del personaje y su entorno, mientras que un maravilloso juego de desenfoques emula el pestañeo de quien es transparente y no puede opacar la luz. Además, unos cuidadísimos efectos especiales, nos ayudan a asentar nuestra posición privilegiada como testigos, modulando sutilmente la luz para ofrecer un juego de impresiones con la tela y el agua ante el cuerpo de Mon Ange, que estrujan las hojas bajo sus pies y hacen flotar la tiza con la que dibuja. Todo ello nos hechiza durante el mejor tramo de la película, aquel que aborda de forma paralela el fin de una etapa y el comienzo de otra: el amor por una niña ciega. Pero cuando la percepción de la niña cambie de forma drástica, también lo hará su relación con Ange. A partir de ahí, la historia, ya liviana por entonces, se contagiará de la ceguera de la protagonista, dilatándose incapaz de aportar mayor belleza, drama o incluso inventiva a la hora de resolver el cuento que propone. Mon Ange se presenta como una novedad sorprendente y original dentro del grimorio visual del séptimo arte, que no es poco, pero que resulta insuficiente para hipnotizar al espectador. (45 de 100)

    por Anónimo
    octubre 13, 2016

    Festival de Sitges 2016 (V) | Críticas: Voyage of Time, Mon Ange, Lo chiamavano Jeeg Robot, Crudo (Raw) & Psycho Raman

    por Anónimo | octubre 13, 2016

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