El cadáver que llegó del mar
crítica ★★★★ de Swiss Army Man (Dan Kwan, Daniel Scheinert, Estados Unidos, 2016).
En un panorama cinematográfico dominado por interminables secuelas de grandes éxitos e intercambiables franquicias de superhéroes de cómic, siempre es de agradecer la llegada a las carteleras de una propuesta fresca y original, que no se parezca a nada visto con anterioridad y que siga sus propias reglas sin plegarse a ningún tipo de exigencia de los estudios en búsqueda de la comercialidad. Por fortuna, el cine más independiente sigue demostrando que la escasez de ideas es tan solo una excusa en la que se han escudado las grandes productoras para seguir explotando sus gallinas de los huevos de oro. Dan Kwan y Daniel Scheinert, pareja de cineastas con una larga trayectoria en el campo del cortometraje y los videos musicales, han conseguido llamar la atención con su ópera prima
Swiss Army Man (2016), una inclasificable mezcolanza de géneros que van desde la aventura de supervivencia a la comedia "de colegas", pasando por la fantasía e, incluso, dejando una de las historias de amor más bizarras vistas en los últimos años. Una apuesta a contracorriente, muy libre y cargada de originalidad, nacida para dividir opiniones entre quienes acabaron prendados de su marciano encanto y quienes, por el contrario, se quedaron en la epidermis de la historia y acabaron horrorizados ante su generoso festival de escatología – con abandonos de la sala durante su proyección en Sundance– y aparente humor infantil. Por sorpresa, tras aquel lamentable suceso, la cinta logró alzarse con el premio al mejor director de drama en dicho festival, una inmejorable plataforma de lanzamiento para un producto modesto, cuyo mayor reclamo publicitario residía en el protagonismo de un Daniel Radcliffe totalmente alejado del personaje de
Harry Potter que le hizo popular en todo el mundo. Su encarnación de putrefacto cadáver le hizo merecedor del galardón como mejor actor en el Festival de Sitges, donde
Swiss Army Man también se hizo con los premios a mejor película y una Mención especial del Jurado Carnet Jove, imponiéndose a excelentes títulos coreanos como
El extraño (Na Hong-jin),
La doncella (Park Chan-wook) o
Train to Busan (Yeon Sang-ho).
La película se abre con las imágenes de diferentes objetos flotando en el mar, portadores de desesperados mensajes de socorro de alguien que dice haberse quedado atrapado en una isla desierta tras una tormenta. En sus escritos no se queja de hambre o sed, sino de aburrimiento por la soledad. A continuación veremos al protagonista de estos lamentos, Hank, tratando de quitarse la vida ahorcándose en un árbol. Una intención que se ve frenada cuando atisba un cadáver que ha llegado flotando hasta la orilla. Desde el instante en que el náufrago descubre que el recién llegado, sorprendentemente, aún tiene capacidad para pensar y comunicarse, ambos entablan una curiosa amistad que acaba con los días de hastío de Hank. Los guionistas juegan a la irreverencia y a la provocación en su profusión de ingredientes escatológicos, casi todos provenientes del estado de descomposición del muerto. Así, Hank se las ingenia para sacar provecho de las constantes flatulencias de su amigo –llega a utilizarlo como una suerte de moto acuática propulsada por pedos– y de sus incontrolables erecciones, tomando su pene como una brújula que le ayude a volver a la civilización. Puede que, sobre el papel, estas ideas puedan parecer tan demenciales que sea casi imposible sacar un buen filme de todo ello, pero sus responsables aciertan a darle, dentro de sus surrealistas planteamientos, una extraña lógica interna que hace que
Swiss Army Man trascienda de la comedia descerebrada y repleta de gags físicos para convertirse en un tierno y muy sui géneris relato de amistad que, por momentos, roza la historia de amor homosexual (y necrófila, ahí es nada). Y es que, en medio de su humor negro y casi siempre desconcertante, la fábula de Kwan y Scheinert atesora interesantes reflexiones sobre el sentido de la vida, el amor, la familia, la soledad y, sobre todo, esas cosas que no decimos a los demás por miedo al rechazo, filtradas con sensibilidad en las existencialistas conversaciones que entablan Hank y Manny (como se llama este muerto muy vivo).