Menú fílmico para una cuarentena
Volumen III prescrito por Miguel Muñoz Garnica
¿En qué tipo de cine puede uno fijarse en esta cuarentena? Las reglas que nos hemos marcado para componer estos menús son escasas —diez películas cualesquiera, con la única condición de que se puedan ver en plataformas españolas de
streaming—, y por eso mismo quedan abiertas a dudas. Quizá los primeros días, en un estado más impresionable por lo insólito de la situación, tendiéramos a reflejos inmediatos de nuestros miedos.
Contagio (2011, Steven Soderbergh) tuvo su pequeño
boom y probablemente generó más interés que en el momento de estrenarse. Al fin y al cabo, la familiaridad de todas las medidas que toman sus personajes ante la pandemia y su forma de expandirse solo se ve alterada por la mayor mortalidad y las más espectaculares cifras en pos del dramatismo que añade Soderbergh. El mecanismo no difiere mucho del cine de terror, del que recojo un par de títulos en este menú. Se trata de identificar nuestros miedos y plasmar en pantalla su representación más exacerbada. En la misma línea, también podemos buscar obras de una cercanía algo menos inmediata. Por ejemplo, en dos películas vinculadas a nombres que aparecerán en esta lista: el humanismo radiante de Henry King en
Escalaré la montaña más alta (1951), en torno a un predicador que brega por mantener la moral de una pequeña comunidad rural asolada por una epidemia; o bien la negrura del tándem Val Lewton/Mark Robson en
La isla de la muerte (1945), sobre un grupo de personajes confinados a causa de un brote de septicemia en plena guerra.
Tras los primeros días de confinamiento, la atención podía irse a películas con personajes en situaciones similares. La imagen de James Stewart en
La ventana indiscreta (1954, Alfred Hitchcock), siempre en pijama y espiando a los vecinos desde su ventanal, se convirtió en una referencia muy socorrida. O bien, si uno retuerce un poco las cosas, podía irse al encierro de naturaleza misteriosa que marca todo el metraje de
El ángel exterminador (1962, Luis Buñuel). En mi caso llegué a ensayar una lista
que pueden consultar aquí, en torno a películas donde el confinamiento de los personajes da lugar a cualidades expresivas muy interesantes. Pero estas líneas se escriben tras más de dos semanas de cuarentena cumplida, cuando ya la mente empieza a asimilar la situación como una rutina, las inquietudes se han convertido en otras, y las cinéfilas se mezclan con las personales. La lista propuesta está concebida en parejas, proponiendo sesiones dobles de obras que, al menos en mi cabeza, se prestan al diálogo. Este mix de cinco bailes, asimismo, es un reflejo que tiene algo (no todo) que ver con esas inquietudes despertadas por la cuarentena. Los criterios de selección, por ejemplo, recogen una fijación con el cine clásico americano o el japonés que ya venía dada, pero a la vez se enfrentan a cuestiones que la situación de emergencia y encierro ha espoleado: en qué consiste eso de tener algo a lo que llamamos hogar, o qué nos queda tras la perplejidad de una parálisis de todos los usos sociales. También la de una parálisis del cine: el cierre de las salas y la cancelación de los festivales da la ocasión propicia para comprobar que, si esto del cine terminara, nos quedarían incontables reliquias del pasado por desenterrar. Por esto último, este menú tiende a mirar al pasado e ir más allá de las mitomanías recurrentes.