Como en casa, en ningún sitio
Crónica número III de la 49ª edición del Festival de Sitges.
Y al tercer día, la esencia primigenia del Festival de Sitges resucitó de entre los muertos trayéndonos cuatro propuestas de género que darán que hablar entre los apasionados del cine de terror. A primera hora de la mañana, Safe Neighborhood nos arrancaba de la cama para invitarnos a una noche de viernes donde una niñera, a un paso de la universidad, y un niño, a otro de la pubertad, viven lo que comienza siendo un Solo en casa y termina por ser una gamberra y mordaz crítica al peligro que late en el interior de cada casa norteamericana. Tras ella llegarían Nicolas Pesce y sus 26 años con un pequeño cuento que hace del terror un arte pausado y elegante y la promesa de ser un referente en el futuro. Por último, el coreano Yeon Sang-ho se confirmaba como uno de los nombres propios (e históricos) del certamen gracias a su díptico de animación e imagen real conformado por Seoul Station y Train to Busan, demostrando que lejos del drama se puede tener verdadero compromiso con la situación político-social de un país.
Safe Neighborhood (Chris Peckover, Estados Unidos / Australia) [S.O Fantàstic Sitges]
Es Navidad en un clásico barrio residencial. Hay muñecos de nieve, niños haciendo guerras de bolas, luces de colores y coros. El tono es idílico, parsimonioso y casi naíf; una Navidad clásica. Entonces, conocemos a Ashley, la típica chica preuniversitaria popular que ejerce de niñera para ganarse un dinero extra. También aparece el sugerente coche negro que parece seguir a la joven a la distancia necesaria para no levantar sospechas. Esa noche, Ashley se hará cargo del hijo de los Lerner, Luke, un niño mimado, extravagante, pero con una inteligencia singular, al que lleva cuidando desde hace unos años siempre que sus padres salen. La noche empieza con la misma fórmula que caracteriza al cine de terror: peli, pizza, Ashley discutiendo con su novio y Luke trazando sus propios planes románticos para las horas venideras. Pero algo desconocido ahí fuera rompe con la segura calma que siempre había reinado en el barrio, y las cosas empiezan a ponerse feas: ventanas que se rompen, puertas abiertas, cortes en la línea telefónica y la amenaza real que aguarda extramuros. Al pensamiento del espectador acuden rápidamente ecos referenciales de Solo en casa (Chris Columbus, 1990) y Scream (Wes Craven, 1996), ambos iconos generacionales de los noventa. Pero, finalmente se descubre la farsa: todo formaba parte del ingenioso plan que había orquestado Luke para conquistar a Ashley. Sin embargo y sin piedad, en Safe Neighborhood, el cuchillo del slasher de Craven raja el manto de comicidad inofensiva que cubría los hombros de Macaulay Culkin dejando al desnudo el verdadero peligro que siempre había estado dentro de la casa sin alarma alguna: Luke. Alcanzado este punto, el filme adopta un tono más macarra mientras se descontrola con un efecto de bola de nieve en una carrera hacia el abismo de consecuencias fatales. Todo ello resulta una mordaz crítica al falso estado de seguridad estadounidense, aquel que comienza desde el primero de los núcleos: el familiar. Chris Peckover demuestra mano firme evitando que la mentada bola de nieve, cada vez más grande, salga del fino carril entre el terror y la comedia; dos géneros cuyos tiempos y tonos demuestra controlar. Mención también merece su joven protagonista, el actor australiano Levi Miller, que logra alcanzar el equilibrio de pequeño dictador, niño de mamá e impredecible psicópata. Safe Neighborhood se revela como un sorprendente producto que compite en calidad y entretenimiento con los clásicos noventeros a los que hace constante mención. No se le puede pedir más. (60 de 100)