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    Bing Liu
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    Engañados

    Crítica ★★★★☆ de «Minding the Gap», dirigida por Bing Liu.

    Estados Unidos, 2018. Título original: Minding the Gap. Dirección: Bing Liu. Música: Nathan Halpern, Gordon Quinn. Fotografía: Bing Liu. Reparto: Documentary. Productora: ITVS, Kartemquin Films, P.O.V. / American Documentary. Distribuida por Hulu. Nominada en la 91ª edición de los Oscar. Ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance. Duración: 100 min.

    Una de las mayores mentiras del cine tiene que ver con el tiempo, un engaño existente en todas sus vertientes –ficción, documental y experimental. La propia naturaleza del medio, intrínsecamente ligada al proceso de montaje, implica que el espectador nunca pueda ser del todo consciente del tiempo que realmente consume las fases de creación de una película. Mediante un simple corte, los ojos del espectador son testigos de un señuelo constante: lo que para ellos transcurre en un segundo, en la propia historia puede implicar años. El cineasta, como un trilero, esconde el tiempo entre sus manos y lo manipula a su antojo. Así, la audiencia jamás será capaz de conocer el sacrificio que se esconde detrás de cada plano, el desgaste que genera cada decisión artística. Boyhood se rodó en 11 años. ¿Alguien cree que puede entender todo su mérito después de analizar sus escasas dos horas y media de metraje? En una situación similar se encuentra Minding the gap, de Bing Liu. Grabado durante 12 años, este documental sigue las vidas de tres amigos –Zack, Keire (y, por extensión, la de su novia Nina) y el propio Bing– unidos por una misma pasión: el skateboard. Ante esta premisa, la película puede parecer poco estimulante, con una sinopsis abocada a retratar la típica trama feel-good millennial estadounidense sobre escapar del status quo y “escoger la vida”, como diría Renton. Sin embargo, a medida que se desarrolla la trama, descubrimos un nivel de profundidad muy poco convencional, un caleidoscopio de temáticas que, aunque en algunos momentos peque de ambicioso, supone un bello aliciente.

    Sin duda, el eje argumental sobre el que pivota la cinta es el de la influencia de la figura paterna, ya sea por las secuelas que sus progenitores han dejado en los protagonistas o en las que ellos mismos temen imprimir en sus hijos en el futuro. Tres vidas muy distintas se desnudan ante nuestros ojos; Bing participa en la película a través de dos roles: como víctima de violencia doméstica por parte de su padrastro y como testigo invisible de la vida de sus amigos. Esta última función le permite adentrarse en su intimidad para descubrir sus miserias: por un lado, los traumas de Keire ante la muerte de su padre, la dureza con la que este lo trataba, sus dificultades para sobrevivir y su miedo a quedarse atrapado en el pueblo para siempre; por otro, la vida errante de Zack, sus problemas con el alcohol y con una paternidad para la que no estaba preparado. A medida en que la película avanza, descubrimos que los vínculos que comparten estas tres personas son muchos más que el skate: con Rockford como escenario–uno de los pueblos con mayor índice de violencia doméstica y criminalidad de los Estadous Unidos debido a los efectos devastadores de la crisis económica–, Minding the gap nos muestra un retrato duro y auténtico de lo que significa realmente vivir en la marginalidad. Con situaciones que ni el mejor guionista podría plantear –el skate park de Zack, continuando los pasos de su padre carpintero, algo que el chico siempre rechazó; el ascenso de Keire gracias a su trabajo duro en un restaurante, como su padre siempre le aconsejó; y otras muchas situaciones parecidas–, las tres tramas se entrelazan –y se desligan– para mostrar cómo las decisiones que tomamos pueden convertirse en auténticas paradojas de lo que pretendíamos conseguir. Sin embargo, y a pesar del mérito que comporta la elaboración tan lograda de una trama a tres bandas, esta incurre en ocasiones en mensajes excesivamente moralizantes, sobre todo al final del filme. Además, la idoneidad de estas moralejas también debe ponerse en duda, con especial énfasis en las conclusiones extraídas de la relación entre Keire y su padre: al visitar su tumba, el chico “comprende” que los abusos de su padre nacían del amor, y que lo hacía con la intención de enseñarle a su hijo el camino correcto.

    por Juan Montón
    abril 13, 2020

    Crítica | Minding the Gap

    por Juan Montón | abril 13, 2020

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