|| Críticas | ★★★★☆
Resident Evil
Zach Cregger
Raccoon City: Punto cero
José Martín León
ficha técnica:
Estados Unidos, 2026. Título original: Resident Evil. Dirección: Zach Cregger. Guion: Zach Cregger, Shay Hatten (Videojuego: Capcom). Producción: Zach Cregger, Victor Hadida, Robert Kulzer, Roy Lee, Asad Qizilbash, Carter Swan, Miri Yoon. Productoras: Coproducción Estados Unidos-Alemania; Vertigo Entertainment, Constantin Film, Playstation Productions. Distribuidora: Sony Pictures Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Hays Holladay, Ryan Holladay. Montaje: Regino Hernández. Reparto: Austin Abrams, Paul Walter Hauser, Kali Reis, Zach Cherry, Johnno Wilson.
Estados Unidos, 2026. Título original: Resident Evil. Dirección: Zach Cregger. Guion: Zach Cregger, Shay Hatten (Videojuego: Capcom). Producción: Zach Cregger, Victor Hadida, Robert Kulzer, Roy Lee, Asad Qizilbash, Carter Swan, Miri Yoon. Productoras: Coproducción Estados Unidos-Alemania; Vertigo Entertainment, Constantin Film, Playstation Productions. Distribuidora: Sony Pictures Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Hays Holladay, Ryan Holladay. Montaje: Regino Hernández. Reparto: Austin Abrams, Paul Walter Hauser, Kali Reis, Zach Cherry, Johnno Wilson.
La sorpresa ha llegado con Resident Evil (2026). Después de una franquicia, un tanto irregular, iniciada por Paul W. S. Anderson en 2002, en la que Mila Jovovich se convertiría en una de las heroínas de acción más reconocibles, con su papel de Alice, que interpretó hasta en seis títulos, y un reinicio, Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City (Johannes Roberts, 2021), que no fue bien recibido (pese a que me parece absolutamente reivindicable), la famosa franquicia de videojuegos japonesa de Capcom vuelve a probar suerte en la gran pantalla y con el prestigioso artífice de Weapons detrás. Las películas de Jovovich tenían su gracia, como desprejuiciados espectáculos de serie B, pero es verdad que, cinematográficamente hablando, ofrecían poco destacable. Tampoco eran muy fieles a los videojuegos –el reboot lo fue más–, mostrando a una Alice sobreviviendo a todo tipo de aventuras, desde que el Virus-T que convertía a los humanos en zombies se descontrolara en unos laboratorios de la comena. Cregger tampoco llega al proyecto con la intención de entregar la "adaptación" definitiva, en términos de fidelidad al material original, pero sí deja claro que posee un amor por los videojuegos innegable y lo ha plasmado en su obra, ofreciendo una aventura de supervivencia profundamente inmersiva, que trasmite la sensación de que su protagonista está continuamente "pasando de nivel" en su noche de pesadilla. Este protagonista, al igual que Alice, es un personaje original sacado de la manga por los guionistas. El Bryan interpretado con tanta gracia y desparpajo por Austin Abrams –nuevamente colaborando con el director tras ser el drogadicto de Weapons–, nos recuerda tremendamente al Paul Hackett de Griffin Dunne de ¡Jo, qué noche! (Martin Scorsese, 1985), esto es, un tipo vulgar y anodino, viéndose enfrentado a todo tipo de contratiempos a lo largo de una noche que jamás olvidará. Y es que, por si había alguna duda, el humor vuelve a estar muy presente (para horror de los fans más puristas de los juegos) y más acentuado aún que en los anteriores títulos de Cregger, algo que, contra todo pronóstico, funciona maravillosamente bien para liberar tensión en una película que no da respiro al espectador desde el primer minuto, cuando se nos presenta a este mensajero médico a quien se le encomienda la tarea de llevar, urgentemente, un misterioso paquete sanitario, a través de una carretera de montaña, hasta el Hospital de Raccoon City.
Resident Evil película funciona perfectamente como un videojuego filmado, mostrando al pobre Abrams cambiando, constantemente, de escenario y amenaza, en su camino hacia el hospital donde piensa que va a entregar cualquier órgano que pueda salvar alguna vida, que es con lo que está acostumbrado a trabajar. Pero Cregger es un grandísimo director y, pese a mantener las formas de ese tipo de juegos donde el objetivo es escapar con vida de los ataques zombies, nunca pierde la brújula para entregar una obra cinematográfica magnífica. El argumento puede ser mínimo (no se le puede pedir más a este tipo de proyecto), pero, tanto la puesta en escena, como la planificación de cada una de las set pieces terroríficas que nos regala, están tratadas con una maestría visual y de ritmo al alcance de muy pocos autores actuales. La cinta no se anda con rodeos, entra rápido en materia y no se alarga más allá de unos 90 minutos de lo más disfrutables. Algo que llama muchísimo la atención de este Resident Evil es la carta de amor que su director hace a algunos de los creadores más inspiradores de los 80, como Sam Raimi o John Carpenter. Del primero toma prestado esa alocada mezcla entre body horror y comedia física que recordamos en su trilogía de Evil Dead, sobre todo en las escenas de Bryan enfrentándose a la primera mujer infectada que atropella en su viaje. Con Carpenter, los homenajes o guiños son aún más evidentes, ya que la sensación de encierro en algunos momentos, el ambiente nevado y la presencia de un perro contagiado, remiten directamente a la clásica La cosa (1982), pero también hay imágenes que parecen sacadas de 1997: Rescate en Nueva York (1981), cuando el protagonista está llegando a una Raccoon City completamente devastada tras el descontrol sufrido por la epidemia. Acierta la cinta en que sea un tipo corriente quien se enfrente a una situación tan extraordinaria, ya que el espectador se identifica fácilmente con su torpeza y sus decisiones, a veces erráticas. Los pocos personajes secundarios que le sirven de apoyo (los científicos ineptos de Umbrella, la voz de su novia al otro lado del teléfono) son un buen apoyo para un Austin Abrams que se adueña de la función a base de carisma y mucha simpatía, pero aquí lo importante era verle matar zombies y, en ese aspecto, la película tampoco defrauda, ya que hay tomas que harán las delicias de los espectadores más gamers, donde se adopta el punto de vista de Bryan como francotirador, y la galería de monstruos también cumple con creces, especialmente esa abominación rodante, formada por restos y extremidades fusionadas de distintas criaturas, que aparece en algunos de los posters asomando por una puerta. En resumidas cuentas, el Resident Evil, de Zach Cregger, independientemente de las discusiones sobre si es buena adaptación o no, se corona como la mejor obra nacida a partir de un videojuego que se haya rodado hasta ahora –lo siento por Silent Hill (Christophe Gans, 2006)– y un nuevo paso adelante dentro de la carrera de un realizador en permanente ascenso, ya que, aunque carece de una estructura narrativa tan compleja como las de Barbarian o Weapons, nos ha regalado una de las mejores películas del año con este survival espeluznante –hay escenas capaces de crispar los nervios– y divertidísimo, a partes iguales, en el que sus ya característicos golpes de humor están mejor dosificados que nunca. Aunque parece improbable que Cregger acepte volver a Raccoon City en una segunda entrega, vista la espectacular taquilla del primer fin de semana, este ha dejado la franquicia en todo lo alto, renacida para que lleguen sus obligadas secuelas. ♦










