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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Toy Story 5

    || Críticas | ★★★☆☆
    Toy Story 5
    Andrew Stanton
    Llega la jubilación


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2026. Título original: Toy Story 5. Dirección: Andrew Stanton. Guion: Andrew Stanton, McKenna Harris. Producción: Jessica Choi, Lindsey Collins. Productoras: Pixar Animation Studios, Walt Disney Pictures. Fotografía: Matt Aspbury, Jean-Claude Kalache. Música: Rany Newman. Montaje: Jennifer Neysa Jew. Reparto: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Greta Lee, Conan O'Brien, Shelby Rabara, Bonnie Hunt, Jay Hernandez, Wallace Shawn , Ernie Hudson, Annie Potts, Keanu Reeves, Penélope Cruz, Alan Cumming, Bad Bunny.

    Más de tres décadas después de su estreno, pocos podrán poner en duda lo mucho que significó Toy Story (John Lasseter, 1995) para el género de animación. La primera película de Pixar, no solo fue toda una revolución a nivel técnico, al tratarse de la gran pionera en ser creada íntegramente por ordenador, sino que, además, supo tener un guion a la altura, cautivando a millones de espectadores con aquella historia de juguetes que cobraban vida cuando sus dueños se daban la espalda. En estos años, la tecnología ha seguido perfeccionándose y la compañía nos ha regalado fenómenos de masa del calibre de Monstruos S.A. (Pete Docter, Lee Unkrich, David Silverman, 2001), Buscando a Nemo (Andrew Stanton, Lee Unkrich, 2003) o Del revés (Pete Docter, Ronaldo Del Carmen, 2015), con algunas preciosas gemas de por medio, de mayor calado emocional, tales como WALL•E (Andrew Stanton, 2008) o Up (Pete Docter, Bob Peterson, 2009), pero todos hemos seguido guardando ese especial cariño a aquella aventura inicial en la que el vaquero Woody competía con el héroe espacial Buzz Lightyear por continuar siendo el juguete favorito de Andy. A su alrededor, muñecos tan divertidos como el perro Slinky, el cerdito/hucha Hamm, Mr. Potato y su señora, el cobarde dinosaurio Rex o la pastorcilla Bo Peep (interés amoroso de Woody), actuaban como maravillosos secundarios cómicos, cada uno de ellos con sus puntuales momentos de lucimiento, gracias a una modélica sucesión de gags y diálogos de lo más ingeniosos. Las siguientes secuelas no harían, sino ampliar la leyenda, dándole, también, una mayor dimensión emocional. La fantástica Toy Story 2 (John Lasseter, Lee Unkrich, Ash Brannon, 1999) indagó en los orígenes de Woody, añadiendo a una nueva heroína a la franquicia, la vaquerita Jessie, acompañada de su fiel caballo, Perdigón, y el malvado Capataz, pero la joya de la corona llegaría con la magna Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010), considerada durante años como el cierre perfecto de una trilogía memorable. Una suerte de La gran evasión (John Sturges, 1963), con nuestros juguetes favoritos emulando a Steve McQueen al intentar escapar de una guardería en la que terminaban por error, que puede presumir de contar con el mejor villano de la saga, aquel oso de peluche rosa llamado Lotso, y con algunos de los momentos más emotivos de la serie, como aquel en que los protagonistas están a punto de ser incinerados y se toman las manos los unos a los otros, aceptando su cruel destino, o ese final en el que Andy, a punto de irse a la universidad, dona sus preciados juguetes a la pequeña Bonnie. Imposible no llorar con aquella despedida. Pero Pixar y Disney no podían dejar morir a la gallina de los huevos de oro y, nueve años más tarde, llegaría a los cines Toy Story 4 (Josh Cooley, 2019), una cinta que lo tuvo muy difícil para ser plenamente aceptada por algunos fans que consideraban que Toy Story 3 tenía que haber sido el final.

    Después de aquella entrega, que hablaba de la madurez y de cómo hay que saber decir adiós, este nuevo episodio mostraba cómo Woody y compañía tenían que reinventarse en su nueva vida junto a una Bonnie cuya creatividad la lleva a fabricar un juguete de un cuchador sacado de la basura, naciendo así Forky, todo un robaescenas. Lo cierto es que, pese a su no del todo justa etiqueta de "innecesaria", estamos ante una película ciertamente notable, que contaba con una villana a la altura, esa muñeca Gabby Gabby que llevaba años en una tienda de antigüedades, anhelando ser adoptada por la nieta del dueño, al tiempo que empoderaba al hasta ahora desaprovechado personaje de Bo Peep y terminaba convirtiendo a Woody en un "juguete perdido", lanzándose a la aventura de descubrir mundo sin ningún niño al que adorar. Quienes no supieron valorarla en su momento, tal vez lo harán tras ver Toy Story 5 (Andrew Stanton, 2026), la nueva entrega que acaba de aterrizar en las pantallas de todo el mundo y lo ha hecho, cómo no, arrasando con cualquier competencia en cartel. Lo hace después de que la peripecia en solitario de Lightyear (Angus MacLane, 2022) se estrellara estrepitosamente en taquilla, siendo condenada por crítica y público como una de las peores obras de Pixar. ¿Quedaba algo que contar para justificar una nueva película con estos personajes? Lo cierto es que no mucho, pero sabiendo del carisma de Woody, Buzz y compañía, si los guionistas se lo trabajaban un poco, siempre puede salir una buena historia. La idea central, por lo pronto, no carece de interés. Incluso podría decirse que muestra una realidad sobre la que muchos padres deberían tomar nota y pensar en cómo quieren educar a sus hijos, algo siempre oportuno y necesario. Esta no es otra que el modo en que el auge de la era digital ha hecho que muchos niños dejen aparcados sus tradicionales juguetes para pasarse las horas conectados a otro tipo de entretenimientos más tecnológicos, como pantallas de tablets o consolas de videojuegos. Toy Story 5 explora el miedo que sienten los protagonistas a ser finalmente olvidados en una esquina de la habitación, como si la era de los juguetes estuviese llegando a su fin. El filme de Andrew Stanton acierta a la hora de enfrentar a los juguetes de toda la vida con una nueva adquisición que los padres de Bonnie le han regalado para ayudarla a "relacionarse" con otras niñas, dado el carácter introvertido (y aún demasiado infantil) de la chiquilla. Se trata de Lulypad, una tablet que, rápidamente, consigue relegar a los muñecos a un segundo plano, utilizando técnicas traicioneras. No se puede decir que sea una villana en toda la extensión de la palabra, ya que busca el bien de Bonnie, aunque sea apartándola de Jessie y el resto de amigos que tanto quiere.

    Hablando de Jessie, hay que aclarar que Toy Story 5 es una secuela diseñada específicamente para que ella sea la absoluta estrella protagonista, como si de un spin-off encubierto se tratara. Después de la marcha de Woody, ella ejerce de líder natural, acompañada de un Buzz que, en esta ocasión, tiene menos lucimiento del esperado (por mucho que aparezca un ejército entero de héroes espaciales clónicos del personaje al que pone voz Tim Allen). Conscientes de que los mayores logros de la serie se consiguen cuando se recurre a la nostalgia y a la baza de la emoción, hay espacio para que la vaquera encuentre, en el camino, algunas respuestas al traumático abandono sufrido por su primera dueña, Emily. Son instantes genuinamente emotivos, que consiguen recordarnos por qué hemos seguido apoyando cada nueva entrega de la franquicia, desde su inicio en 1995. Por desgracia, el filme se conforma con ser bueno, cumplidor, pero carece de verdadera ambición para aspirar a ser un capítulo digno de los tres primeros. Incluso palidece en comparación a Toy Story 4, ya que carece de factor sorpresa y de una antagonista más potente que esta Lupypad. El exceso de protagonismo de Jessie no debería ser un handicap (es un personaje con mucho encanto y con suficientes atractivos como para cargar con el peso de la historia sobre sus hombros), pero sí lo es el modo en que Buzz y, sobre todo, Woody, quedan relegados a meros secundarios sin escenas de auténtico lucimiento. Peor suerte han corrido aún Mr. Potato, Hamm y el resto de la pandilla, cuyas apariciones resultan casi anecdóticas. Es triste que los guionistas no se hayan preocupado más en perfilar el guion para regalarles los buenos momentos o esas frases ingeniosas que merecían. Técnicamente, después de 30 años y cinco películas, la cinta no podría, sino lucir como luce, fantásticamente a nivel visual. Narrativamente, eso es otra cosa, ya que Toy Story 5 tiene el dudoso honor de ser la entrega menos divertida y más previsible de la franquicia. Se queda a un paso de caer en lo genérico, pero aún hay destellos de la genialidad que caracteriza a la saga en algunos momentos puntuales, sobre todo, cuando entra en los terrenos más sentimentales, aquellos que tienen que ver con Bonnie y lo difícil que es encajar cuando aún te gusta jugar con muñecos mientras el resto de compañeras de clase viven engullidas por las pantallas de sus tablets, manteniendo conversaciones virtuales, a golpe de like. Vistos los resultados económicos, es casi seguro de que no será la última aventura de estos personajes, pero cruzo los dedos para que, en la próxima, tanto Woody como sus modélicos secundarios vuelvan a brillar con la intensidad de antaño. ♦


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