|| Críticas | Cannes 2026 | ★★★★☆
El ser querido
Rodrigo Sorogoyen
Llenar el desierto que separa
Ignacio Navarro Mejía
Cannes (Francia) |
ficha técnica:
España, 2026. Título original: «El ser querido». Dirección: Rodrigo Sorogoyen. Guion: Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña. Compañías: Caballo Films, Elas Ficción, Le Pacte, Movistar Plus+. Distribución en España: A Contracorriente Films (Cines) / Movistar Plus+ (Plataforma). Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs. Duración: 135 minutos.
España, 2026. Título original: «El ser querido». Dirección: Rodrigo Sorogoyen. Guion: Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña. Compañías: Caballo Films, Elas Ficción, Le Pacte, Movistar Plus+. Distribución en España: A Contracorriente Films (Cines) / Movistar Plus+ (Plataforma). Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs. Duración: 135 minutos.
El ser querido va sobre un padre y su hija, con el dato importante de que el primero es un gran y premiado cineasta que quiere fichar a la segunda, hasta ahora actriz esporádica y camarera a tiempo completo, para protagonizar su siguiente película. Esta personal decisión de casting, aprendemos pronto, va más allá del nepotismo o la mera apreciación de talento, pues lo que pretende también el padre es reconectar con su hija, de la que lleva años distanciado, sin que realmente se ocupara de ella nunca y habiendo formado ya una nueva familia al margen suyo. Esta premisa recuerda, ya se ha dicho mucho, a Valor sentimental, que compitió antes, el año pasado, en Cannes, pero es absurdo señalar esta comparación más allá de la pura casualidad, pues cuando se estrenó esta el guion de aquella ya estaba escrito. Por lo demás, la comparación acaba aquí, ya que la película de Sorogoyen, coescrita con su fiel colaboradora Isabel Peña, se aleja de la de Trier en lo material y, sobre todo, en lo formal. Sorprende aquí la apuesta del director español por un estilo más caótico, incluyendo cambios de fotografía (pasando a veces al blanco y negro), de relación de aspecto o de mera planificación y edición, alternando planos muy diversos. Con todo, tal apuesta tiene sentido, por gozar de correspondencia ya no solo con lo que narra, en general, sino con la revuelta intención dramática que en tal meollo narrativo subyace, y no acalla la voz propia del director, que se deja siempre entrever, por ejemplo, de nuevo, en su manejo experto de la tensión, desde situaciones a priori anodinas o al menos cotidianas.
La primera secuencia, a modo de prólogo anterior a los títulos de crédito, lo confirma pronto, con una larga conversación en un restaurante entre los dos actores principales, que va desde los saludos de rigor hasta la oferta profesional y acaba llegando a una dolorosa interacción personal en que se habla inevitablemente de la relación rota entre ambos. Como es habitual con Peña y Sorogoyen, este progresivo cambio de tono se ejecuta desde el más orgánico acercamiento a la dirección de actores, que actúan (sobre todo hablan) siempre como lo harían dos personas cualesquiera de carne y hueso. En este caso, ayuda contar con Javier Bardem y Victoria Luego, el primero descomunal y la segunda igual de magnífica, apoyados en secundarios fiables, si bien claramente la historia es cosa de dos. Y no desatender este núcleo, enredándolo y desenvolviéndolo en todas sus facetas posibles, es pertinente, porque añadir subtramas o dar mayor presencia a otros personajes habría difuminado demasiado la película, que como decíamos ya disfruta de una estética harto ecléctica. Lo de menos, de hecho, es también esa película dentro de la película, sobre el Sáhara ambientado en los años 30, tema que apenas enunciado sirve para dar otro dato sobre las inquietudes grandilocuentes del protagonista. Lo mejor de esta película es que es un estudio completo de personaje y a la vez una fuente de entretenimiento constante, con virajes y desenfrenos que nunca perjudican la verosimilitud del conjunto. Por el contrario, gracias a ese estilo que, evoluciones aparte, preserva su autenticidad y cercanía, lo pegan a la piel de cualquier espectador por fuerza identificado con lo narrado, por muy reprensible o extremo que pueda llegar a ser. ♦










